¿El Alcázar no se rinde? Veto municipal al Concilio Ateo de Toledo

En Toledo parece haberse originado un amplio debate social. Juncal Roldán, de la Cadena Ser, nos informaba hace unas horas de que el lunes se convocará una nueva rueda de prensa, esta vez con los representantes de Izquierda Unida. El Digital de Castilla-La Mancha llevaba ayer el siguiente titular "San Emeterio cierra filas junto al alcalde". Pero el histórico de IU en Toledo, "la mano que mueve los hilos", según se expresó la periodista, se ha opuesto a dicho apoyo. Lo que parece estar alimentando un cisma en la izquierda municipal.

Por otra parte, Perezagua, el portavoz del PSOE, insiste en exhibir argumentos ideológicos a la negativa de "cesión" del local público, lo cual nos está proporcionando motivos para una hipotética acción legal. Claramente existe una falta por parte de García-Page, como último responsable, puesto que el veto impuesto al Concilio equivale a una abierta discriminación porrazones de conciencia. Pero es Perezagua quien se ha mostrado más locuaz.

Según él, los ateos somos agresores de la fe y de la libertad de expresión.
¿Agresores? Agredidos, más bien.

En cualquier caso, ciñéndonos a las referencias explícitas a Bassi y Montoya, ignoramos hasta qué punto es legal la censura artística por parte de un organismo público. ¿Se puede, en estos momentos y en España, colgar a un autor esa especie de "sambenito" que implica su catalogación como "paria" o como "individuo no grato", por parte de las propias instituciones? Al parecer sí, y se trata de una práctica muy difundida en los ayuntamientos populares. Pero debería estar claro, para todos, que este tipo de actuaciones afectan al terreno de la libertad de conciencia, un valor, se
quiera o no, elevado al rango de norma constitucional.

Perezagua se cargó ayer esa norma, al afirmar que "no hay veto, sino respuesta ante la indignidad". Se nos tacha de provocadores, de groseros, de agresores y de indignos, y ello por intentar la celebración de un congreso internacional que cuenta con filósofos, antropólogos, sociólogos, activistas, historiadores, artistas, científicos y biólogos cuyo objetivo común es debatir sobre el peligro de los fundamentalismos religiosos. Basan su agresividad en el punto más anecdótico de todos, en su enfermiza repulsión al sexo, en la defensa de su esquizofrenia religiosa, en el
respeto exigido a sus propias quimeras. Les ofende enormemente que la ciudad
de Toledo no sea considerada un baluarte de la religión católica, sino un espacio abierto a todas las ideas y a todas las expresiones. Hablan de respeto, pero no lo ejercen.

Cuando se menciona la palabra "democracia" se piensa, ante todo, en un sistema de representación política. Nosotros, sin embargo, preferimos entenderla como un espacio de cultura y como un terreno de libertades. 
Casi siempre, nuestros políticos desestiman el papel de la racionalidad como
herramienta básica del bienestar social. Y avanzan generalmente detrás de las iniciativas ciudadanas. Su proceso de adaptación a las transformaciones
éticas y culturales funciona por reflejo. Por eso son proclives a la altivez y a la vanidad que les proporciona el poder. Mienten, para defenderse, cuando dicen desconocer la existencia de una petición. Mienten, para mantenerse en sus despachos, cuando insisten en posicionarse como portavoces de la fe de sus votantes. Mienten porque temen la reacción negativa de aquellos a quienes administran, si éstos se dieran cuenta alguna vez de cómo funciona en realidad la maquinaria pública.

¿Tiene algo que ver con todo esto que el 70 % de la propiedad urbana de Toledo esté en manos de la Iglesia católica? ¿Qué el obispo más reaccionario y ambicioso de los que componen la CEE posea allí su sede? La genuflexión institucional ante la jerarquía religiosa más retrógrada del país parece estar aquí en el fondo de la cuestión. Cañizares extiende su tela y maneja no sólo conciencias, sino agendas y decisiones políticas a las que debería permanecer ajeno.

Buscaremos apoyos, desde luego. Realizar finalmente el I Concilio Ateo en Toledo servirá para demostrar, y demostrarnos, que la libertad de conciencia está muy por encima de las quisquillosas vanidades ideológicas de quienes creen firmemente en vírgenes parturientas, en muertos que resucitan o en ángeles custodios. Que también se debe respeto a la inteligencia, la razón, la creación artística y la ciencia. Y que aquello a lo que llaman "provocación" no es más que el ejercicio del derecho de un colectivo a reunirse, a exponer públicamente sus ideas y a examinar el fondo ilusorio
que subyace tras la amenaza del radicalismo religioso.

El lema escogido para el Concilio, "El desafío de los fundamentalismos", se ha concretado de forma ejemplar en los acontecimientos que están precediendo
a su celebración. El fundamentalismo no reside únicamente en el limbo
metafísico de la locura y el terrorismo religioso. Se manifiesta también en las decisiones políticas, en la censura, en el veto programado y en la  defensa a ultranza de la fe. ¿El Alcázar no se rinde? En cualquier caso, para un lector despierto, lo más ofensivo de todo este asunto es que se intente disfrazar de "conciliación" lo que no es más que simple integrismo católico por parte de una institución supuestamente democrática.

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