El alcalde (PP) de Trujillo (Cáceres) entrega el bastón de mando de la ciudad a la Virgen de la Victoria

La bajada de la Virgen de la Victoria desde su capilla en el castillo hasta la iglesia de San Martín, para celebrar su festividad, es uno de los actos religiosos más esperados del año, y en el que los vecinos muestran su fervor y devoción a la que tendrá el mando de la ciudad hasta el próximo 4 de septiembre.

Fue con la caída de la tarde cuando la Virgen salió a hombros por la puerta principal del castillo, para recorrer de bajada las calles Alhamar, Ballesteros y Cuesta de la Sangre hasta la plaza Mayor, donde ya estaba entrada la noche. Acompañada por los sones solemnes de la Asociación Cultural Banda de Música de Trujillo Antonio Flores y por cientos de fieles, hizo su entrada triunfal, bajo una lluvia de pétalos y con los acordes del himno nacional de fondo, en la que será su nueva morada por unos días en la iglesia de San Martín. Nadie quiso perderse el momento en el que la patrona fue subida hasta el pedestal en el centro del altar y recibió el bastón de mando de manos del alcalde, Alberto Casero, en un templo en el que no cabía un alfiler.

El silencio se hizo cuando el alcalde, junto al presidente de la Hermandad de la Virgen de la Victoria, Javier Diz, dirigieron unas palabras a los presentes. El primer mandatario trujillano pidió a la Virgen por las familias «sin estructura y sin trabajo», pero también por los cientos de familias italianas afectadas por el reciente terremoto y por el entendimiento entre los países y para que se superen las dificultades económicas. Por su parte, Diz agradeció a la Virgen su protección y recordó que «la devoción, el arraigo y el sentimiento hacia ella deben perdurar durante todo el año, no solo durante estas fiestas».

La ceremonia concluyó con el Salve a la Virgen, dando paso al concierto en la plaza Mayor de la banda de música de Trujillo.

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