El alcalde (PP) de San Miguel de Bernuy (Segovia) y candidato a las Cortes dirige el vía crucis, pero «nunca» mezcla las cuestiones religiosas y las políticas

Por la escasez de sacerdotes, el alcalde del municipio segoviano de San Miguel de Bernuy y candidato a las Cortes de Castilla y León por el PP, José María Bravo, ha estado a punto de tener que celebrar los Santos Oficios del Jueves y el Viernes Santo, pero finalmente ha dirigido únicamente el Vía Crucis. Aunque en una conversación con Efe ha recalcado aquello de que «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» y no siente tentación alguna por dar un mitin desde el púlpito, esta edición de la Semana Santa es especial por la coincidencia de la campaña electoral previa al próximo 28. «Lo hago porque soy católico practicante en la comunidad de San Miguel y por mantener la tradición», especialmente por las personas mayores, resume Bravo, convencido de que en sus intervenciones religiosas separa «perfectamente» las cuestiones de la fe y las de la política: «No sería de recibo porque no todo el mundo es religioso», apostilla.

Bravo tenido que dirigir los Santos Oficios en años precedentes porque ni siquiera las cinco personas que ayudan a los sacerdotes como ‘celebrantes de la palabra’ dan abasto estos días. Esta figura, ejercida por laicos, es utilizada por las Diócesis para favorecer la pervivencia de celebraciones religiosas en lugares donde no pueden llegar los sacerdotes, especialmente en fechas como estas en las que se multiplican las misas. Con aolo dos párrocos encargados de atender 14 pueblos del entorno del municipio segoviano de Cantalejo, el alcalde y otros ‘celebrantes de la palabra’ tienen que dar un paso al frente y asumir esas labores, con la única limitación de que no pueden consagrar las hostias, pero sí repartirlas gracias a un permiso especial de la Diócesis. Electoralmente, el alcalde se tiene ganados a los ‘fieles’ habitantes de San Miguel de Bernuy, ya que le han elegido con mayorías cercanas al 90% de los votos desde hace 24 años, cuando fue elegido por primera vez a los 21 años y se convirtió en uno de los alcaldes más jóvenes del país. Este porcentaje de voto tiene más mérito si se tiene en cuenta que él no se vota a sí mismo, sino a sus compañeros de candidatura, dado que se trata de un sistema de listas abiertas en las que se pueden marcar las personas elegidas. Bravo ha reconocido que tiene «perfectamente ubicados» a los vecinos que no le votan, pero atribuye esta falta de apoyo a «un litigio» que mantienen con el Ayuntamiento. «Pero yo me llevo bien con la familia… Gobierno para todos», recalca.

Una de las feligresas, Julia del Pozo, reconoce que les sienta «fatal» que no haya sacerdotes suficientes para celebrar los Santos Oficios, aunque califica de «superio» el papel que desempeñan tanto el alcalde como otros laicos autorizados para celebrar la palabra. En lo que da la razón a su «encantador» alcalde es en que «nunca» mezcla las cuestiones religiosas y las políticas porque «respeta muchísimo» la distinción entre ambos terrenos, ha explicado la vecina. Sobre la decisión de su partido de limitar los actos políticos durante la Semana Santa, Bravo ha considerado que «en una Comunidad eminentemente de exaltación religiosa, plagada de procesiones», y con muchos vecinos volcados en las celebraciones «mucha campaña electoral no se puede hacer». En su opinión, no tendría mucho sentido y hasta los vecinos se sentirían «ofendidos» si en mitad de una procesión silenciosa se colara el sonido de algún coche electoral pidiendo el voto para alguna de las candidaturas que se presente a los comicios. San Miguel de Bernuy tiene poco más de 150 habitantes, con una población envejecida, pero con pulso económico a través del turismo vinculado a las Hoces del Duratón y actividades multiaventura, pero también de las labores del campo. Dos hechos diferencian a este pequeño pueblo del resto de su tamaño: tiene gasolinera y han nacido dos niños en lo que va de año, lo que puede ser considerado casi como un milagro en los tiempos que corren para el medio rural de la denominada España vaciada.

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