El alcalde (PNV) de Vitoria y otros miembros de la Corporación en la procesión de la Virgen Blanca

Cuando la noche ya caía sobre Vitoria, la plaza de la Virgen Blanca se engalanaba para acoger uno de los momentos más solemnes de las fiestas. Superada la locura inicial del Chupinazo y los ríos de agua y demás bebidas que corrían por el mismo escenario apenas cuatro horas antes, tocaba cambiar el ‘chip’ para vivir la procesión de los Faroles en homenaje a la patrona de la ciudad. Cerca de 420 cofrades procesionaron portando 270 faroles y las carrozas para iluminar la primera de las noches festivas. Una treintena de niños llevó el incienso y las velas en recuerdo de los cereros que fundaron la Cofradía.

Con el silencio como protagonista, solo roto por el rezo del Santo Rosario, desfiló una colección reconocida a nivel mundial y desde el año pasado modernizada con luces led. Esta vez, la principal novedad fue la recuperación del recorrido original por la calle Eduardo Dato, un reiterado anhelo de la Cofradía de la Virgen Blanca. «Queríamos volver desde hace mucho tiempo porque es el pleno centro, el punto neurálgico de la ciudad», confesaba Marta Basabea, clavera de la Cofradía.

Ante los ojos de miles de vitorianos y también algún que otro turista desfilaron junto a los cofrades un buen número de autoridades. Acudieron al segundo acto religioso de las fiestas, tras las Vísperas presididas por el obispo, Juan Carlos Elizalde; el alcalde de la ciudad, Gorka Urtaran, portando la makila; el teniente de alcalde, Peio López de Munain; la segunda teniente de alcalde, Itziar Gonzalo o la concejala de Cultura, Estíbaliz Canto, entre otros miembros de la Corporación. Cerraba la comitiva el abad de la Cofradía, Ricardo Sáez de Heredia.

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