El alcalde de Valencia renuncia a presidir los actos de la Virgen y los ediles irán a título particular

Va acabando el año y el ciclo festivo se va amoldando a los nuevos modos del tripartito. Y en el caso de las fiestas religiosas, los cambios de protocolo se acentúan en comparación a lo que sucedía en los años anteriores. Sólo de protocolo porque el programa de festejos es un calco de de otros años. En concreto, la última novedad en el mismo data de 2012, cuando se incorporó la «dansà» infantil.

La principal novedad es que, tal como era fácil imaginar, desaparecerá el concepto de primera autoridad municipal presidiendo los festejos emblemáticos, como son la Misa de Infantes y la Procesión General. Ni habrá una representación formal del equipo de gobierno como tal. Sí que irán, en todo caso, los concejales que lo deseen. Se presume que estarán tanto los de la oposición como alguno del PSPV como mínimo. Los representantes de Compromís han anunciado que estarán, pero como espectadores. Si sirve como ejemplo de lo que puede pasar, en la pasada Semana Santa el alcalde Joan Ribó no estuvo en el palco de autoridades del Desfile de Resurrección, que sí que lo vio desde un balcón justo enfrente.

El concejal Pere Fuset verá estos actos desde algún balcón y, por consiguiente, no acompañará a las falleras mayores de Valencia en la misa (en este caso, sólo la infantil) y la procesión (las dos), que serán custodiadas por un vicepresidente de la Junta Central Fallera.

Más de mil euros en ágapes
Otro de los aspectos en los que interviene el ayuntamiento es el de la hospitalidad. Y aunque la Casa Vestuario seguirá abierta, lo que no habrá son ni desayunos ni tentempiés para las horas de máxima afluencia. En el ayuntamiento habla de facturas de más de mil euros y se quieren evitar a toda costa, hasta el punto de prescindir de ello.

Entre los actos oficiales, el único que tiene una pequeña modificación es el de la «dansà» que sólo lo es a medias: la eliminación de las escuelas es un acuerdo al que se llegó el año pasado y, de hecho, un grupo como es El Portalet ya retiró su escuela el año pasado. La consecuencia es que la de Lo Rat Penat tiene que abandonar este año —en teoría, debía haberlo hecho hace doce meses— su escuela (que no su Grup de Danses) y esto se ha tomado como un ataque a esta entidad, con la que, salta a la vista, no hay una relación fluida mutua.

La otra medida para este acto (tendente a la hora de la verdad a reducir el número de participantes) es el de ir menguando el número de parejas de un mismo sexo, de tal forma que cada grupo sólo podrá llevar a partir de 2017 parejas mixtas. Esta decisión, un acuerdo de las reuniones mantenidas con la Federación de Folclore, ha generado cierto debate por lo que se considera un contrasentido en un equipo de gobierno que muestra claramente sus simpatías por la igualdad entre parejas heterosexuales y las del mismo sexo.

Bolardos fuera
A partir de ahí, el programa es exactamente el mismo. La procesión se encontrará con la nueva ordenación urbana del centro de la ciudad. Obviamente, los bolardos y maceteros que ahora interrumpen el tráfico rodado (incluyendo los instalados en el día de ayer) serán retirados en las zonas del recorrido que así lo precisen.

Los militares estarán presentes en la procesión. Hay que tener en cuenta que todo lo que son actos religiosos están organizados por las autoridades eclesiásticas, por lo que no interviene en ella ningún estamento político que pudiera desaconsejar la presencia.

Los fuegos artificiales volverán a ser los mismos que en los últimos años, incluyendo un castillo a medianoche (que permite ir preparando la plaza desde el concierto a la «dansà») y la «mascletà» del domingo. Las pirotecnias seleccionadas son Reyes Martí y Caballer FX.

El concierto de la banda municipal tampoco registra ningún cambio en su repertorio habitual, teniendo como última pieza (antes del himno de la Comunitat Valenciana) una pieza con tanto lirismo y espiritualidad como es el «Valencia ¡canta!».

El paso a un ayuntamiento laico ha apartado de la presidencia de los actos religiosos tanto al alcalde como a los concejales y ha suprimido determinados hábitos. Tal y como se publicó ayer, este año el ayuntamiento ha renunciado a plantar una Cruz de Mayo debajo del balcón municipal. Una decisión que ayer provocó las protestas de los grupos de la oposición. Lo hicieron tanto Amparo Picó, de Ciudadanos, como Félix Crespo del PP. A este último se unió Lourdes Bernal refiriéndose a la fiesta del próximo fin de semana: «¿Qué va a hacer el alcalde Ribó con los adornos florales de la procesión de la Virgen de los Desamparados, eliminarlos como ha hecho con la Cruz de Mayo del Ayuntamiento?».

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