El alcalde de Sant Antoni y el presidente del Consell de Ibiza, ambos del PP, en la misa y procesión en honor a la Mare de Déu del Carme

La fiesta en honor a la patrona del mar en Sant Antoni es la más rezagada de todas las que se celebran en las Pitiüses, ya que la tradición manda que no se lleve a cabo el día de la efeméride, el 16 de julio, sino el primer domingo posterior a esa fecha. La fiesta de la Mare de Déu del Carme en esta localidad también se caracteriza por el contraste de la procesión al llegar al passeig de ses Fonts, lleno de turistas sorprendidos.

El alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, llega a paso acelerado a la plaza de la iglesia de Sant Antoni y saluda de inmediato al presidente del Consell, Vicent Marí, que ya lleva un rato esperando junto a otras autoridades. Son las siete en punto, la hora prevista para la misa. En ese mismo momento sale a otear Francesc Xavier Torres-Peters, que avisa de que ya van a empezar y regresa al templo. (Ver galería de imágenes)

La Colla de Can Bonet se adentran a la iglesia junto a la comitiva de políticos. El coro parroquial entona la Salve Marinera y el obispo, Vicente Juan Segura, oficia la misa recordando esta tradición en la localidad. Mientras, empieza a llegar gente a la plaza a la espera de la salida de la procesión. Allí se encuentra Santi Marí, del grupo Aires Formenterencs, los encargados de la actuación que servirá de broche a la fiesta. Marí explica que el grupo celebra este año el 30 aniversario de su fundación, por lo que en su repertorio ofrecen una selección cronológica de sus temas más emblemáticos.

A las ocho menos cuarto, empieza el repiqueteo de campanas y sale la talla de la Mare de Déu del Carme en procesión por el carrer Ample, acompañada de la Colla de Can Bonet, dos centenares de feligreses y las autoridades políticas, policiales y religiosas, entre las que destaca el obispo con la mitra.

Los turistas que llenan las terrazas del passeig de ses Fonts empiezan a asomarse. Muchos de ellos van descamisados y, entre ellas, hay varias con tacones y biquini. Alguno graba la escena, pero la mayoría observa con estupefacción. Uno se acerca sosteniendo una pizza y pregunta, preocupado, qué está pasando. Se llama Sam Wood, es de Leeds, no ha visto una procesión católica en su vida ni sabía que existe una virgen para los marineros. «Creía que era un funeral», se relaja, antes de contagiarse de la risa.

La comitiva se dirige al muelle para embarcar a la virgen en el ‘Illa Vedrà’, que encabezará la procesión marinera por la bahía de Portmany, mientras que otros barcos de excursiones embarcan a la gente que quiere seguir la ceremonia. Uno de los policías locales confiesa que los turistas siempre se sorprenden y que le han llegado a preguntar si se tira la talla al mar.

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