El alcalde de Murcia (PP) en la romería de la virgen: «Se vive diferente cuando eres alcalde»

Gran Vía alumbró los primeros rayos del día y La Morenica cruzaba el Puente Viejo, donde se encontró con la Virgen de los Peligros. Arropada por sus fieles, la Fuensanta nunca caminó sola, rodeada de una ingente marea humana de murcianos, y también de visitantes, como Michela, una estudiante de Veterinaria italiana que transitaba sorprendida ante «tanta gente». Algunos caminaban descalzos, como Pedro, un informático de Santomera que peregrina sin calzado desde hace veinte años por una promesa de su abuela. O como Juan Pedro, de Algezares, «porque La Morenica es nuestra segunda madre».

La Fuensanta hizo su primer alto en el camino en la iglesia de El Carmen, donde recibió la tradicional lluvia de pétalos, claveles y gerveras de la Archicofradía de la Sangre. «Es un orgullo», comentaba un «impresionado» Manuel Lara tras bañar de flores a la Virgen desde el balcón. La Morenica despedía así a Murcia antes de torcer por Torre de Romo y dejar el barrio de El Carmen. La Policía Local, que había escoltado a la Virgen y también a la Corporación municipal, cedía el relevo a la Guardia Civil, que guió a la Patrona hasta Algezares.

Precisamente la Corporación se estrenaba en la Romería. El alcalde, José Ballesta, destacaba que todo marchaba «sin ningún problema» y añadía que había asistido más gente que en otros años. «Se vive diferente cuando eres alcalde. Como ciudadano paseas tranquilamente, pero como regidor vas preocupado, recibiendo información continuamente de la Policía», señalaba. También se dejaron ver otros ediles, como Jesús Pacheco (Cultura) o los socialistas José Ignacio Gras y Enrique Ayuso. Y representó a la Comunidad la consejera de Cultura y Portavocía, Noelia Arroyo, ataviada con una chaqueta roja, emulando al manto de la Patrona.

Ya sin las autoridades, la Fuensanta se lanzó por la extensa Torre de Romo. «Es una tradición muy murciana y la llevamos en la sangre», espetaba Juan Antonio, médico de emergencias, quien no quiso revelar sus plegarias, «pero salud se pide siempre». En cambio, Elena, enfermera de profesión y enfundada en una camiseta grana, tenía muy claros sus rezos: «El Real Murcia necesita una ayuda». Y la familia de Kleber, ecuatoriano afincado en Puente Tocinos desde hace 16 años, imploraba «fuerza para seguir trabajando». «Nos recuerda a nuestra romería de Manabí».

romeria Fuensanta Murcia 2015 b

romeria Fuensanta Murcia 2015 c

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