El alcalde de Ferrara (Italia) distribuye 385 crucifijos en las escuelas de la ciudad como un modo de “mantener la identidad cultural” de Italia

Alan Fabbir, alcalde de Ferrara por el partido de Matteo Salvini, la Liga, ha ordenado colocar crucifijos en las aulas de los colegios de la ciudad como un modo de “mantener la identidad cultural” de Italia.

El crucifijo, que se supone signo de contradicción en un sentido trascendente, se está convirtiendo en eso mismo también en la escena política italiana. Matteo Salvini se ganó en su día una riada de reproches indignados cuando sacó un rosario en un mitin y, más tarde, cuando invocó la intercesión de la Virgen para el país. Lo curioso fue y es que las críticas vinieron sobre todo de quienes no deberían tener demasiada aversión a estos símbolos cristianos: la Curia, la CEI y sus satélites. El último en criticar acerbamente lo que llama “instrumentalización” de los símbolos religiosos ha sido el director del órgano de los jesuitas, La Civiltà Cattolica, el padre Antonio Spadaro.

Pero incluso con Matteo Salvini temporalmente fuera de juego y del gobierno y un nuevo ejecutivo más del gusto de la jerarquía, la batalla parece continuar a nivel local. Ahora se trata del alcalde de Ferrara, feudo de la Liga, cuyo alcalde, Alan Fabbir, ha dado recientemente orden de que se instalen crucifijos en las aulas de las escuelas que aún no lo tengan.

“Sin hacer ruido colocamos un crucifijo en cada escuela”, ha declarado Fabbir. “Creemos que es un símbolo, además de religioso, de una identidad histórico-cultural, de paz y amor”. Fue una operación barata: 1.703 euros, porque se eligió un modelo básico, con una cruz de madera y un cuerpo de metal plateado. Alan Fabbri, que reconoce ser católico pero no practicante, considera que el crucifijo está «ligado a nuestras raíces cristianas».

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