El 5% de los musulmanes que viven en España apoyan el radicalismo islamista

Tolerante, «occidentalizada» y liberal. Ese es el retrato a grandes rasgos de la comunidad musulmana de origen inmigrante que vive en España.

La mayoría se sienten perfectamente integrados -el 74 por ciento aseguran que se encuentran muy o bastante a gusto en nuestro país- y adaptados a la vida y costumbres españolas, y seis de cada diez consideran que se han cumplido las expectativas que tenían cuando llegaron. Este colectivo de inmigrantes, el más numeroso en nuestro país -sólo de Marruecos tienen permiso de trabajo o residencia 625.000 personas-, valora la libertad que hay en España, la sanidad pública, el nivel de vida y el respeto a las creencias religiosas, en porcentajes que en todos los casos rozan el 80 por ciento.

La radiografía procede del estudio de opinión 2007 de «La comunidad musulmana de origen inmigrante en España», la segunda que se elabora con el objetivo de encuadrar el grado de integración en nuestro país, auspiciada por los Ministerios del Interior, Justicia y Trabajo. No hay grandes cambios respecto a los datos recogidos el año pasado, tal y como destacó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. «La encuesta es rotunda sociológicamente», señaló Rubalcaba. Estamos ante una comunidad «tolerante y perfectamente integrada en nuestros valores constitucionales». Y ese es el objetivo, dado que se trata del colectivo más numeroso, con mucho peso específico y uno de los más antiguos asentados en nuestro país.
El Rey, muy bien valorado
La percepción democrática de los entrevistados (2.000 inmigrantes musulmanes) es muy alta -un siete de puntuación- y su confianza en las instituciones supera en algunos casos a la de los propios españoles. A la cabeza están las ONG, el Rey y el Parlamento español -destacadas con mayor puntuación las dos últimas por los inmigrantes que por los nacionales-. La Unión Europea también recibe los parabienes de los encuestados, mientras que la Iglesia católica y Estados Unidos suspenden.
El 57 por ciento de los entrevistados proceden de Marruecos, el 12 por ciento de Senegal, el 11 por ciento de Pakistán y el 5 por ciento de Argelia, pese a que esta nacionalidad es la segunda musulmana más numerosa en España, con casi 45.000 personas en situación legal.
La muestra incluye un apartado específico sobre religiosidad personal. El 41 por ciento se autodefinen como «musulmanes muy practicantes». En comparación con los españoles son mucho más religiosos. Las cifras igualan a las de los españoles hace treinta años, según destacó el director de la encuesta, José Juan Toharia, cuando el 48 por ciento se decían católicos practicantes.
Casi la mitad «ejercen» su religiosidad y el 84 por ciento lo hacen de forma libre, sin obstáculos -el porcentaje supera al de Francia-. La cortapisa más frecuente, aseguran ellos, es la falta de mezquitas. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no dejó pasar la ocasión de recordar que es necesario habilitar lugares para el culto -en la presentación se encontraban los principales representantes del colectivo musulmán-, y difundir los avances del Gobierno: seguridad social para los imanes y asistencia religiosa en las cárceles, entre otros.
El 90 por ciento de los inmigrantes musulmanes estiman que es perfectamente compatible la fe islámica con la democracia, la identidad española y la laicidad del Estado. También de forma masiva (90 por ciento) los musulmanes españoles consideran que nunca se debe utilizar la violencia para defender o difundir las creencias. Pero, tal y como manifestó Toharia, un 5 por ciento apoyan el radicalismo islamista -la misma proporción que en el resto de Europa y «normal estadísticamente hablando»-.
La fotografía de los musulmanes que viven entre nosotros es más que satisfactoria, pero -aseguran también los ministros- hay que mirar a la segunda generación, a los hijos de la inmigración, porque ahí está el auténtico reto.

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