Egipto y Turquía: laicidad vs. Islam

De entre los 193 países que actualmente forman parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el sistema político más utilizado por ellos es el presidencial, seguido por el parlamentario y semipresidencial. Sin embargo, existe el caso de los sistemas llamados mixtos o intermedios, los cuales tienen como característica esencial que son una mezcla del presidencial y del parlamentario para crear uno distinto. Asimismo, en el menor de los casos existen los Estados que cuentan con sistemas teocráticos, es decir, en los que la religión y la política

forman parte de un solo ente que concentra todo el poder estatal.

Tal es el caso, por ejemplo, de la República de Irán en donde el ayatola Alí Jameneí es la máxima guía no sólo espiritual, sino también política y social, lo cual lo dota de la fuerza suficiente para tener el control absoluto del mecanismo para hacer candidatos y presidentes de la República.

También existe el caso de Arabia Saudita, monarquía basada en el Corán y en la que el Rey es la máxima autoridad de la Península, concentrando en él las facultades legislativas, ejecutivas y judiciales. Para ello, el Rey despliega a toda la familia real en los puestos clave de decisión.

En tales Estados si bien hay elecciones, la diferencia fundamental frente a Estados seculares es la existencia de una verdadera competencia. Mientras en México es posible que resulte electo presidente un candidato del PRI, PAN o PRD, en Irán es imposible que alguien ajeno al ayatola sea el triunfador en las urnas.

Se trata de Estados claramente definidos en su modo de organización y sobre todo, convencidos de la pertinencia de conservarla así.

Sin embargo, también hay Estados que aún se encuentran en el debate interno sobre la pertinencia de diferenciar lo religioso de la cosa pública, lo cual no es sencillo frente a verdaderos fanáticos que consideran que no debe existir diferencia entre uno y otro.

En esa categoría se encuentras dos países con gran peso político en sus respectivas regiones y que juegan un papel fundamental para la paz y estabilidad internacionales. Se trata de Egipto y Turquía en donde los bandos enfrentados son, por un lado, partidos políticos afines al islamismo y que buscan profundizar la influencia de éste en el gobierno y por el otro, la milicia nacional, académicos y grupos que defienden la laicidad de las instituciones públicas.

Se trata de un enfrentamiento que refleja la diversidad de la composición de estos Estados plurinacionales y que representa una fuente de inestabilidad no sólo para ellos mismos, sino también para sus regiones y la comunidad internacional.

Mientras en Turquía se ha impuesto el primer ministro y el grupo afín al islamismo, en Egipto los militares han derrocado al primer presidente democráticamente electo y simpatizante del profeta Mahoma.

Es un debate legítimo que debe ser resuelto mediante el diálogo y el acuerdo, no por la metralla ni la represión.

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