Educación para la Ciudadanía

El patio del profesorado de Filosofía en Secundaria anda revuelto. Una nueva asignatura va a ser impartida al alumnado. Como tengo sufrientes colegas que cotidianamente intentan vencer la impermeabilidad casi absoluta de los adolescentes a ideas y conceptos, ahora, además, sufro en silencio hemorroidal sus disquisiciones ante la nueva materia.

Ante la pregunta: «Pero, ¿esto no es como Formación del Espíritu Nacional (FEN) que nos daban los de gimnasia?» (con perdón, fascismo y deporte es históricamente consustancial), mi amigo Luis, hombre templado y de maneras educadas, con los ojos inyectados en sangre y mordiéndose ligeramente el labio inferior, me dice en voz queda: «Mira, Federico, en estos momentos no tenemos el coño para ruidos. Después de haber denunciado que `ciudadanía' ya se impartía en la asignatura de Ética y, por lo tanto, le iba a reducir horas de docencia, ahora, gracias a la asombrosa habilidad del PSOE para crear problemas ficticios, nos vemos en la tesitura de apoyar la asignatura frente a los de la caverna nacionalcatólica. Los obispos, en pie de guerra, arguyen que el Estado quiere adoctrinar a los jóvenes. Ellos que no paran de repartir doctrina a diestro y siniestro y nunca han creado la familia que dicen defender, convocan manifestaciones contra fantasmas de su inconsciente: la homosexualidad, la coeducación y la igualdad».

-Sí que es un poco raro, sí -interrumpo a Luis-. Todos conocemos la afición de la clerigalla por los impúberes, máxime si hemos ido a colegio de curas. Si exceptuamos a peluqueros de señoras y bailarines de ballet, la profesión sacerdotal será la que mayor número de homosexuales acumule entre sus miembros.

-No seas imbécil, ni homosexualidad es pederastia ni sexualidad es violación. El problema es su amargura. Su incapacidad de concebir relaciones igualitarias en el trabajo, en el amor y en el saber, fuentes de la felicidad de los humanos. Si hemos de enseñar ciudadanía, lo haremos. Explicaremos el porqué todavía somos súbditos de un rey, de qué manera se acrecienta el capital y que amar al que te de la gana es muy satisfactorio. Ahora dicen los católicos que tienen derecho de objeción a la asignatura. ¡Pero si objetaron hace siglos! Imbéciles inmisericordes, apostaron por el mito frente a la razón.

-Joder, Luisito, cómo te pones. Te vas a condenar.

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