Educación para la Ciudadanía, fácil y devaluada, pero ya sin polémica

La mayoría de los alumnos se han olvidado de la objeción y acuden a clase con normalidad

En todos los institutos españoles se imparte ya, desde hace dos años, la materia de Educación para la Ciudadanía (EpC). Las polémicas generadas cuando se aprobó su inclusuión en la LOE en 2006 parecen haberse olvidado, y las voces que pedían la objeción de conciencia de la materia o bien se han callado o bien se han dejado de escuchar. Según explican los profesores de diversos institutos, por norma general y con las polémicas iniciales superadas, todos los alumnos acuden a las clases sin problemas. El nuevo obstáculo está en que, después de la fuerte campaña de desprestigio contra la asignatura, sus contenidos han quedado devaluados, convirtiéndola en una maría: una asignatura fácil, con pocas horas de clase y apenas valorada por los alumnos.

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La polémica en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía parece haberse desinflado por completo: según explica un reportaje de El País, la mayoría de los alumnos cuyas familias querían que objetaran de la asignatura la cursan a día de hoy sin ningún tipo de problema. Ni siquiera en algunas de las regiones más combativas, como la Comunidad Valenciana, donde se amenazó con impartir la materia en inglés el asunto ha llegado a mayores. Eso sí, afirman los expertos, los contenidos han quedado reducidos a la mínima expresión.

Pocas horas
Según Alejandro Tiana, secretario general de Educación cuando en 2006 se incluyó la asignatura en la LOE, EpC ha quedado muy perjudicada por “la sombra de la sospecha” que se arrojó sobre ella. En la mayoría de las regiones, explica, la asignatura quedó reducida al mínimo legal, con sólo 35 sesiones por curso (una clase a la semana), cuando “lo normal es aumentar” las horas de clase, al menos hasta dos semanales. Esto sólo se ha conseguido en Castilla-La Mancha y Galicia, ambas gobernadas por el PSOE cuando se implantó la materia.

Recomendación europea
Además, según explican los profesores, la carga lectiva de la asignatura es muy escasa, porque con tan poco tiempo no puede desarrollarse, lo que la convierte en una maría, una asignatura casi de broma a los ojos de los alumnos. Y eso que, como recuerda Tiana, EpC “es una recomendación de las instituciones europeas” que se ha concretado como asignatura independiente en casi la mitad de los países de la UE.

Minoría de contenidos polémicos
Para la mayoría de los docentes, además, los contenidos polémicos de la asignatura (los referidos a la sexualidad y a las diferentes opciones sexuales) apenas suponen una ínfima parte del total. El resto (derechos humanos, convivencia, valores cívicos, respeto al otro, igualdad…) son temas indispensables en la educación. Para el filósofo Fernando Savater, que ha prologado uno de los libros de texto de la asignatura, “es disparatada la idea de que sólo los padres pueden transmitir valores”. En su opinión, “si la religión estuviera donde debe estar, fuera de la escuela pública, habría más horas para una asignatura que es muy importante”.

Con la Iglesia hemos topado
Tal y como recordó Tiana, fueron precisamente los católicos, azuzados por la Conferencia Episcopal, los más reacios a que se impartiera la materia. Según explicó, las negociaciones con este sector no fueron complicadas: “Hablamos con los religiosos docentes (FERE) y se marcó una posición intermedia, que no es fácil y nunca se sabe donde está”. Sin embargo, y pese a esta negociación, la Conferencia Episcopal reaccionó “solicitando la retirada y la objeción, un absurdo jurídico”, puesto que esta figura sólo se contempla en la Constitución en referencia al desaparecido servicio militar obligatorio.

Interés de los alumnos
Pese a todo, los expertos consideran que a los alumnos, de 13 y 14 años, sí les interesan los temas que se tratan en la materia, que tiene un carácter eminentemente práctico y participativo a través de materiales audiovisuales, debates, chalas, etc. Al parecer, temas como la solidaridad, la orientación sexual, los derechos humanos o la igualdad entre hombres y mujeres son asuntos que suscitan en interés de los alumnos, según aseguran los docentes.

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La polémica en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía parece haberse desinflado por completo: según explica un reportaje de El País, la mayoría de los alumnos cuyas familias querían que objetaran de la asignatura la cursan a día de hoy sin ningún tipo de problema. Ni siquiera en algunas de las regiones más combativas, como la Comunidad Valenciana, donde se amenazó con impartir la materia en inglés el asunto ha llegado a mayores. Eso sí, afirman los expertos, los contenidos han quedado reducidos a la mínima expresión.

Pocas horas
Según Alejandro Tiana, secretario general de Educación cuando en 2006 se incluyó la asignatura en la LOE, EpC ha quedado muy perjudicada por “la sombra de la sospecha” que se arrojó sobre ella. En la mayoría de las regiones, explica, la asignatura quedó reducida al mínimo legal, con sólo 35 sesiones por curso (una clase a la semana), cuando “lo normal es aumentar” las horas de clase, al menos hasta dos semanales. Esto sólo se ha conseguido en Castilla-La Mancha y Galicia, ambas gobernadas por el PSOE cuando se implantó la materia.

Recomendación europea
Además, según explican los profesores, la carga lectiva de la asignatura es muy escasa, porque con tan poco tiempo no puede desarrollarse, lo que la convierte en una maría, una asignatura casi de broma a los ojos de los alumnos. Y eso que, como recuerda Tiana, EpC “es una recomendación de las instituciones europeas” que se ha concretado como asignatura independiente en casi la mitad de los países de la UE.

Minoría de contenidos polémicos
Para la mayoría de los docentes, además, los contenidos polémicos de la asignatura (los referidos a la sexualidad y a las diferentes opciones sexuales) apenas suponen una ínfima parte del total. El resto (derechos humanos, convivencia, valores cívicos, respeto al otro, igualdad…) son temas indispensables en la educación. Para el filósofo Fernando Savater, que ha prologado uno de los libros de texto de la asignatura, “es disparatada la idea de que sólo los padres pueden transmitir valores”. En su opinión, “si la religión estuviera donde debe estar, fuera de la escuela pública, habría más horas para una asignatura que es muy importante”.

Con la Iglesia hemos topado
Tal y como recordó Tiana, fueron precisamente los católicos, azuzados por la Conferencia Episcopal, los más reacios a que se impartiera la materia. Según explicó, las negociaciones con este sector no fueron complicadas: “Hablamos con los religiosos docentes (FERE) y se marcó una posición intermedia, que no es fácil y nunca se sabe donde está”. Sin embargo, y pese a esta negociación, la Conferencia Episcopal reaccionó “solicitando la retirada y la objeción, un absurdo jurídico”, puesto que esta figura sólo se contempla en la Constitución en referencia al desaparecido servicio militar obligatorio.

Interés de los alumnos
Pese a todo, los expertos consideran que a los alumnos, de 13 y 14 años, sí les interesan los temas que se tratan en la materia, que tiene un carácter eminentemente práctico y participativo a través de materiales audiovisuales, debates, chalas, etc. Al parecer, temas como la solidaridad, la orientación sexual, los derechos humanos o la igualdad entre hombres y mujeres son asuntos que suscitan en interés de los alumnos, según aseguran los docentes.

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