Educación para la ciudadanía

HABLAR sobre enseñanza es siempre delicado, porque detrás tenemos a personas, las cuales merecen nuestro mayor respeto. Siguiendo a Platón en la imagen que del sofista Protágoras nos hace en el Teeteto, podemos decir que es un proceso por el que pretendemos llevar al educando a algo mejor. Los sofistas, según nos cuenta W. Jaeger en Paideia, entendieron la educación como la formación del espíritu en el sentido de ser consciente de sí.

Nosotros, que en cierta medida somos herederos de los sofistas y de la idea griega de educación, no hacemos otra cosa que formar el espíritu, para ser persona y participar de los ideales de nuestra cultura, porque la educación también es un ideal al que aspiramos.

Eso es tan importante que yo diría que sin educación no tenemos aspiraciones ni ideales.

Ahora que tanto se habla de capital económico no se valora la cultura. Nuestra sociedad ha ganado mucho en progreso social, económico y cultural, menos de lo que debería en relación a otros países. Lean el excelente libro de Vicenç Navarro 'El subdesarrollo social en España', como alegato a favor de un estado social pleno en nuestro país. Pero, decía, no se valora la cultura, como capital humano y social, y si favorecemos el consumismo, la vida moderna inconsciente, en detrimento de los valores de la cultura, también perderemos nivel económico. Lo más grave es que nos quedamos sin personas. El proceso de pérdida de conciencia en la sociedad actual es tan brutal que tenemos que hacer una resistencia activa, en la que la lectura, el pensamiento crítico, la reflexión (moral), la educación, en general, son vitales.

Me indigna que se hable de la importancia que se debe dar a la asignatura de religión católica en la escuela, en los centros de enseñanza media. Parece que con ello nos jugamos el sistema educativo. Y, sin embargo, qué poco les importa la educación, el nivel educativo, el trabajo que hacemos los enseñantes, cómo la instrumentalizan para fines políticos. Si yo les dijera lo que algunos profesores/as de religión están impartiendo. No se exige titulación, trabajan en precario, con la amenaza de despido sobre sus cabezas constantemente. Les digo que en muchos casos los centros no perderían nada por no darse esa asignatura. ¿Creen que durará mucho, que la escuela no está ya secularizada? ¿Por qué no pelean porque se imparta también en la universidad, no es otra etapa educativa? Saben que la batalla ahí está perdida, pero también la tienen en la infancia y secundaria, sencillamente porque la sociedad va por otro lado. No defiendo una enseñanza laica, yo soy cristiano, incluso católico, pero veo que es cosa de días, los aspectos religiosos, como todos los espirituales son sutiles y en esta sociedad tan materialista es complicado mantener una conciencia plena de ello.

¿Usted cree que se puede tener un profesor por cada religión en todos los centros? ¿Basta con mandar a un estudiante de teología para dar clases a alumnos cada vez más complicados? Bueno, ustedes esto lo saben, están jugando a mantener su espacio (político), otra cosa es que eso resuelva el vacío espiritual de nuestra sociedad. Total, se trata de negociar y si no consigue lo que se quiere se llama a la indisciplina.

A mí no me hace gracia esa asignatura de Educación para la ciudadanía, prefiero seguir dando Ética, y no precisamente como alternativa a la religión. Pero si me obligan ¿qué hago, no la doy? ¿Llegaría hasta las cuestiones que ustedes consideran privativas de la religión católica, que no se invada el terreno de la Iglesia, y que, entonces, no pueda hablar del bien y del mal, de principios, de valores, de creencias, e incluso de Dios. ¿Quiénes son ustedes para imponer sobre lo humano y lo divino? ¿Es que estamos en los tiempos de Galileo para obligarme a decir que la tierra está quieta y que el Papa está sentado en el centro del mundo? Qué vanidosos somos los humanos.

A ustedes debería bastarles con defender la libertad de los padres a elegir centro, aunque sea el Estado el que sufrague este descaro de división social entre ricos y pobres, con centros vacíos y otros con la ratio por encima de 40. Claro que la culpa la tiene ese Estado que mantiene los privilegios y que ustedes, o lo que es lo mismo, la derecha, tan crítica con esos progres que han acabado con la enseñanza de calidad en España con la LOGSE, y luego mandan a sus hijos a las escuelas privadas. Ciertamente ocurre, todo el mundo pretende escapar de la quema, bueno, todos no, los pobres, en su mayora parte, sencillamente no tienen donde elegir. Otros defendemos la enseñanza pública, buscando la manera de que nuestros hijos estén en el mundo, con todos, aunque preocupados cuidando del desastre de nivel que en muchos centros se vive. Los profesores no tenemos muchas opciones donde agarrarnos, aunque hay clases y clases, pues a interinos y contratados (entre ellos sus profesores de religión), siguen los que dan clase en centros de barrios marginales, de zonas conflictivas; después la pelea por dar en la LOGSE o en bachillerato, etc. ¿Está la cosa mal!

Y como decía al principio, detrás de estos problemas sociales, educativos, políticos, están las personas, tanto de centros públicos como privados, tanto de una religión como de otra, o sin religión alguna; tanto de un nivel como de otro, con familia o sin ella, con padres divorciados o no, con violencia en su casa o en la calle, etc.

Mire usted, en los centros públicos lo que menos nos preocupa es la enseñanza religiosa que ustedes están tan empeñados en mantener, con un par de horas a la semana, en una asignatura que no cuenta, con profesorado mal preparado y con una incidencia social mínima. Una pena, lo reconozco, pero una realidad también. Pongan clase por las tardes, como en la catequesis, pero dada por curas y que vaya el que quiera. Eso lo vería bien, mis hijos ha ido durante años, aunque con catequistas. Pero no llamen a la indisciplina, eso no es de personas educadas. Miren por todos, por todas las religiones, y si quieren clase de religión póngala por las tardes, o bien en los centros privados, o en los que quieran impartirla, pero no nos den la lata a los que tiramos del carro de la enseñanza segregada.

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