Educación militar no, gracias

El ejército acude  a eventos para jóvenes y niños, como el salón de la infancia o de la educación para dar una imagen más cercana y familiar de lo militar a las nuevas generaciones. La manera de atraerlos a su estand es mediante una serie de actividades divertidas de deporte de aventura. De esta manera el ejército logra romper las barreras o prejuicios que sobre los ejércitos, las armas, las guerras y la violencia armada puedan tener estos niños y niñas como consecuencia de su educación, del entorno social o de la influencia de familiares y amistades. Hacer de la actividad militar algo divertido es de un cinismo extremo, cuando sabemos que los ejércitos tienen como principal función la de conseguir objetivos políticos a través de la violencia armada. La asociación que un niño o una niña pueda hacer de que los ejércitos son divertidos legitima a estos últimos y acerca a futuros candidatos en futuros procesos de reclutamiento.

El ejército no lograría justificar el enorme gasto para las arcas públicas que supone cada año y las muertes y sufrimiento que genera su acción y el negocio que se genera en torno a las armas sin actividades de propaganda, de publicidad y promoción que hacen de manera constante a través de los desfiles militares, de las películas belicistas, los videojuegos de guerra, de los juguetes bélicos, de los materiales pedagógicos para inculcar los valores de la cultura de defensa en los niños, de la presencia en el salón de la infancia y de la enseñanza, de la difusión con trípticos y charlas en institutos, de subvenciones para realizar estudios para promocionar la labor del ejército, de institutos de estudios militares para opinar justificando la utilización de la fuerza militar para resolver los conflictos entre pueblos …

La solidaridad y la paz son valores que últimamente han sido utilizados por el ejército para justificar y legitimar su tarea. Pero la paz es un concepto que se basa en la no utilización de la violencia y en la reducción de ésta en todos los ámbitos. El ejército genera violencia hacia dentro, oprimiendo sus miembros (son numerosos los casos de, violencia de género, malos tratos …), y hacia fuera a través de sus operaciones militares armadas. Los ejércitos son incompatibles con la paz o la solidaridad, más bien al contrario generan violencia y destrucción por allá por donde pasan. El ejército debería estar fuera de los espacios educativos, tal y como promueve la campaña Desmilitaricemos la educación.

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