Ecuador: Laicismo vivo

Siete fueron “los que penetraron en la celda de Eloy Alfaro, le dieron de palos hasta arrojarlo al suelo, y ya caído, le mataron”… “fue muerto por un tiro de rifle en el ojo derecho”… Fueron también asesinados Ulpiano Páez, Manuel Serrano, Medardo Alfaro, Luciano Coral y Flavio Alfaro… Los cadáveres fueron atados con sogas y se inició el macabro y desquiciado desfile de miles de manipulados y curiosos que recorrió la ciudad

Eloy Alfaro iba arrastrado de cinco sogas, una al cuello, dos a las muñecas de las manos y dos a los pies”… “alguien aprovecha del descanso de la marcha y corta los testículos de Alfaro, los rocía de petróleo, les prende fuego y los arroja al aire”… “Viene luego la incineración lenta (de todos los cuerpos en El Ejido)… en medio de aullidos en que se viva la Constitución”… Así describen testigos el asesinato y arrastre del más grande luchador por el cambio del Ecuador, hecho suscitado en Quito el 28 de Enero del 1912. Horas antes similar atrocidad sucedió en Guayaquil con el asesinato del general Montero.

Eran días de impulso a transformaciones sustantivas y radicales, pero de gran intolerancia política y de confrontación llevada al extremo. Cambio y violencia fueron  son una constante no solo de nuestra historia sino de la de todos los pueblos del planeta. Violencia de los que querían imponer a la fuerza el cambio y violencia de los que se resistían a la transformación. ¿Pero hay caminos no violentos que ayuden a la construcción de una vida mejor? Sí: el diálogo, el reconocimiento del ‘otro’ no como enemigo sino como contradictor legítimo, como poseedor de una verdad que hay que escuchar y entender. El respeto a la ley y el ejercicio de una de las fuentes básicas de la democracia como el laicismo, doctrina que postula los derechos humanos y ciudadanos como base del Estado, que difunde la tolerancia, la libertad de pensamiento y religión, el respeto a la opinión ajena y el desacuerdo contra toda forma de discriminación y exclusión.

¡Qué irónica contradicción de la historia! Justamente al líder que entregó lo mejor de su vida para darle al Ecuador justicia, libertad y laicismo, a don Eloy, le tocó sufrir en carne propia la mayor orgía de violencia política colectiva de toda la historia nacional. Pero su sangre no se regó en vano. Su ejemplo y su revolución penetraron firmemente en lo más profundo del país. Fue y es la más importante transformación que ha vivido el Ecuador desde su fundación. Gracias a sus reformas, el país experimentó durante 100 años crisis y conflictos canalizados muchas veces de una manera pacífica o menos brutal, en clara diferencia con la experiencia de la mayoría de países de América Latina, especialmente de sus vecinos que hasta hoy son presa de una incontrolable violencia.

En estos días que el Ecuador vive una preocupante escalada de violencia política, de confrontación y falta de diálogo, cuánta falta nos hace retornar los ojos a Alfaro, completar y superar su revolución. Cuán indispensable se vuelve impulsar el cambio, pero a través de la práctica de la democracia y del laicismo, como lo proponen José Rodas Cabrera y la Glede en su libro que lleva el acertado título de ‘Laicismo vivo’.

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