Durban II o la retórica

Un patrimonio que el conocimiento racional y las estructuras sociales de nuestro tiempo proponen desde la laicidad y que, por ello, sigue expuesto permanentemente a las embestidas de las diversas tradiciones culturales de inspiración religiosa, usufructuarias aún de una importante protección política, a menudo solapada y casi siempre oportunista.

En septiembre de 2001, se reunió en Durban (Suráfrica) la tercera Conferencia Mundial Contra el Racismo, por iniciativa de la UNESCO. Este viernes se clausura, en Ginebra, la Cuarta Conferencia sobre el mismo tema (o Durban II), cuyo programa abarca la defensa de toda la gama de derechos humanos consagrados como patrimonio de la cultura humana del siglo XXI. Un patrimonio que el conocimiento racional y las estructuras sociales de nuestro tiempo proponen desde la laicidad y que, por ello, sigue expuesto permanentemente a las embestidas de las diversas tradiciones culturales de inspiración religiosa, usufructuarias aún de una importante protección política, a menudo solapada y casi siempre oportunista.

Tanto Durban I como Durban II han sido tribunas aprovechadas para el ejercicio de la retórica, sin otro resultado patente que el de poner de manifiesto, consolidándolos, los intereses y afinidades políticas de los intervinientes. En resumidas cuentas, una y otra de esas dos Conferencias se han visto llevadas a centrar su atención preferente en el endémico problema israelo-palestino, coordinando para ello los más variados recursos. En la primera, se subrayó que “el Holocausto no debe ser olvidado nunca” (punto 58º) y se reconoció “el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación y a la creación de un Estado independiente, así como el derecho a la seguridad de todos los Estados de la región, incluido Israel, comprometiéndonos todos a apoyar el proceso de paz y a llevarlo a cabo rápidamente” (punto 63º). No parece que de 2001 a 2009 se haya avanzado nada en ese sentido.

Israel boicoteó Durban I y ha hecho lo mismo respecto a la llamada Durban II, asegurando que no iba a admitir ninguna crítica a sus actuaciones en Palestina. Antes de iniciarse esta segunda Conferencia en Ginebra, Netanyahu calificó ya el evento de “anti-israelita” y retiró a su embajador en Suiza como protesta por la entrevista previa celebrada entre el presidente de la Confederación Helvética y el iraní Ahmadinejad.

La presencia de Ahmadinejad en Ginebra ha respondido a la invitación formulada por los organizadores-gestores de la ONU, dirigida a todos los jefes de Estado de los países-miembro. El de Irán ha sido el único que ha acudido y lo ha hecho con la pistola bien cargada, a la vez que con una dosis de cinismo difícilmente superable, incluso para Netanyahu.

Los organizadores habían trazado el esquema de la Conferencia, eliminando de la prevista declaración final la posibilidad de incluir alusiones al sionismo, a Israel o a Palestina. Simultáneamente, las más importantes ONGs anti-racistas habían dirigido un llamamiento al presidente Barack Obama para que confirmara la participación norteamericana, pero éste había respondido (el día 19 de abril) diciendo que el borrador de la declaración oficial propuesta contenía “datos objetables que podrían ser utilizados para expresar antagonismo hacia Israel” y que, por ello, EE.UU. no acudiría a la cita. La actitud de Obama fue inmediatamente secundada por Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Polonia, Alemania, Italia y Países Bajos.

Pese a tantas precauciones, Ahmadinejad ocupó la tribuna y soltó casi toda su metralla, aunque evitando esta vez reiterar sus dudas respecto a la realidad histórica de la Shoah u Holocausto judío. Aludió al “origen sionista del Estado de Israel, tras la Segunda Guerra Mundial, explotando el Holocausto y dejando sin hogar a otra nación mediante una invasión, so pretexto de proteger a judíos transferidos a Palestina desde América, Europa y otros países”, sin olvidar calificar al Gobierno israelí de “completamente racista, con el beneplácito del Consejo de Seguridad de la ONU”. Esto provocó el abandono de la sala, durante el resto de la sesión, por parte de 23 de los 27 miembros presentes de la Unión Europea.

El líder iraní no olvidó criticar la invasión de Irak por EE.UU. ni la ocupación de Afganistán por norteamericanos y europeos, sin lograr llevar allí la paz, ni siquiera contener la producción y el comercio de narcóticos. Sí omitió, cínicamente, referirse al régimen antidemocrático de su país y a los crímenes de lesa humanidad que en él se producen bajo cobertura islamista. Más que los intereses del pueblo palestino, Ahmadinejad tiene a la vista las elecciones que se producirán en junio próximo en Irán y su retórica ha ido dirigida al electorado de su país, al mismo tiempo que a una extensa audiencia proíslámica, ante la cual desea poder aparecer como genuino representante internacional.

En todo caso, los organizadores de este “Durban II” – que muy probablemente resultará tan estéril como el primero, aunque sigan existiendo muchos motivos para alentar este tipo de iniciativas – esperan lograr que algunos de los diez países que han boicoteado la Conferencia firmen la declaración final en cuya redacción participaron, junto a otros que, como España, la han avalado perseverando en el tema.

Amando Hurtado es escritor y licenciado en Derecho

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