Duras medidas de ajuste para todos, ¿también para la Iglesia?

La respuesta al título de este artículo ya la conocemos: no. Sin embargo en estos duros tiempos que vivimos debemos ser más conscientes que nunca de que los privilegios eclesiales en España siguen tan vigentes casi como en la edad media. La Iglesia católica se librará de los recortes de las duras medidas de ajustes anunciadas por el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, cuando todos los sectores de nuestra sociedad arrimarán el hombro. Los españoles estamos sufriendo considerables recortes en partidas tan importantes como sanidad, educación, I+D e infraestructuras, los funcionarios han sido recortados, el IRPF ha subido, la deuda española está por las nubes, los presupuestos de las Comunidades Autónomas han sido considerablemente reducidos, hay más de 5 millones de parados y pesa sobre nuestra economía la sombra de que pueda ser intervenida por la Comunidad Europea, sin embargo hay una partida presupuestaria que no será tocada: la asignación a la Iglesia de 10.000 millones de Euros (según Europa Laica).
 
El 100% de los privilegios católicos se salvarán de la crisis, es decir no tendrán que hacer el mínimo sacrificio, mientras que por cada rincón de España los españoles tendremos que sufrir hasta donde aún no hemos imaginado una perdida de poder adquisitivo y una perdida de beneficios y logros con los que estábamos acostumbrados a vivir. Además a pesar de que a todos nos suben el IBI, la Iglesia se librará una vez más, puesto que su incontable patrimonio no está sujeto a este gravamen.
 
Muchos dirán que la labor social de la Iglesia a través de Caritas está dando mucha ayuda al creciente número de personas necesitadas por culpa de la crisis. Sin embargo permítanme decirles que la labor social de la iglesia es una excusa con la que lavan su maltrecha imagen. Sí que es cierto que Caritas ayuda, pero el dinero con que lo hace no ha sido donado por la rica institución, si no que ha salido de las limosnas y donativos de las personas solidarias que hay entre sus fieles, quienes además trabajan allí, muchos de ellos gratis ¿Pero quién presume al final de todo ese esfuerzo solidario? la inmensamente rica institución que no ha aportado nada de sus propias arcas.
 
Por otra parte deberíamos ser concientes de que los orfanatos, los colegios concertados y los hospitales gestionados nos están costando una verdadera fortuna a los españoles. Se podría decir que no son un mal negocio, pues además de que los estamos financiando cuando más pobres estamos, encima hay que darles las gracias. ¿Es acaso ésta la solidaridad de la que habla continuamente el Papa?
 
Es tiempo de arrimar el hombro con seriedad y sentido de la responsabilidad para levantar al país, pero los más ricos y poderosos entretanto no se mojan, dan un paso atrás y se escudan en la labor social, en la atadura religiosa astutamente fraguada y en los privilegios forjados por la tradición y la costumbre, de tal forma que apenas nadie se plantea que los recortes también deberían llegarles a ellos. Al fin y al cabo todos los españoles somos iguales ante la ley, o eso dice la constitución, la misma que proclama que España es un país laico. Pero si eso fuera así, cada asociación religiosa debería sufragar sus propios gastos. 
 
¿No tendrían que haber sido ya ellos como el resto de funcionarios asalariados, también recortados?, ¿incluso no tendría que haber salido de ellos mismos la solidaridad para con los pobres, los hambrientos, los enfermos, los niños y los parados renunciando a su millonaria asignación en beneficio de los más necesitados? 
 
Pero no, España no es al parecer un país laico, España es un país de beneficiados y perjudicados y a los hechos me remito: los niños, los estudiantes, los universitarios, los parados, los pensionistas, los funcionarios, los enfermos, los hospitalizados, los que esperan ser operados, los becarios, los jóvenes, los mayores, todos nos hemos apretado ya el cinturón y seguiremos apretándonoslo; en general todos los sectores menos los que dicen encargarse de la fe, justo quienes proclaman el amor al prójimo. Todos menos los más ricos y poderosos. Todos menos los que sin cotizar al estado reciben todo lo que necesitan de éste y más aún. Sin embargo ellos conocen lo que dijo Jesús de Nazaret: “Antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos”.
 
¿Realmente nos enseñó y nos encomendó el humilde carpintero de Nazaret, quien con su sudor ganaba su pan, a aspirar a una forma de vida llena de privilegios? Si Jesús hubiera querido que sus enseñanzas fueran de otra forma, no hubiera dicho “Reza y trabaja”.
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