Dudas

 

Andalucía viene votando masivamente a quienes piensan que los crucifijos alteran la objetividad de la vida en laico. Pero si en estos días, cuando muchos se ponen morados de capirote, alguien tuviera la curiosidad de contar una a una las cruces que los andaluces sacan a la calle, resultaría un número aproximado a los votos que reciben los socialistas, precisamente los que piensan que el crucifijo altera la objetividad de los niños en las escuelas, mas no las suyas cuando procesionan encapirotados. Qué cruz. La de la contradicción. Del que vota y del que es votado.
La contradicción y las dudas de estos días no son sólo «político-costumbristas». La preocupación en hermandad por los niños no nacidos se ha topado con la cruda realidad de la preocupación global por los niños nacidos. Hay pederastas en todos los estamentos de la sociedad del mundo mundial. También en las iglesias. La conciencia moral del bien, institucionalizada en la jerarquía eclesial, no es inmune al pecado. El escándalo surge cuando esa conciencia moral del bien actúa de tapadera del mal. Por eso, ante ningún pecado se puede tirar, alegremente, la primera piedra sin que, como un boomerang, el artefacto dé la vuelta y persiga al tirador.
La piedra sobre los «adúlteros» del dogma de la vida se ha convertido en piedra de molino sobre los «herodes» del dogma de la inocencia y de la libertad del niño que ha nacido. Lo dijo Jesús: «Quien escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valiera que le ataran al cuello una rueda de molino y le sumergieran en lo profundo del mar». ¿Mucha «piedra» y poca «rueda de molino»? La duda ofende. No hay moral, ni fe ni esperanza ni caridad, que resistan dos varas de medir para el derecho a vivir.
Frente a tanto interrogante, llegó Barbeito y pregonó que necesitamos «llegar con Dios a acuerdos muy humanos». Dicho y hecho. En ello está Andalucía. En Semana Santa. Sin ninguna duda, su gran fiesta «nacional».

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