¿Dónde está la persecución que denuncia parte de la jerarquía y afines?

Una de las mentiras que con más reiteración propagan los tertulianos de la COPE, los ultraconservadores del Grupo Intereconomía, los blogueros de la patraña y no pocos miembros de la jerarquía eclesiástica, es la teoría de la Iglesia perseguida. Se pretende instalar en el ánimo de gentes incautas y propicias a la intoxicación, la tesis de que los católicos españoles, y en concreto la Iglesia como institución y referente confesional de una parte de la sociedad, está siendo sometida al acoso y la persecución por un Gobierno izquierdista empeñado en llevar a puerto la descristianización de España.

Tan descabellado argumento no se sostiene en pie, lógicamente. Bien al contrario, podemos afirmar que asistimos justamente a lo contrario. Los sectores más reaccionarios y tenebrosos de la Iglesia católica española, con el acompañamiento de sus agitadores mediáticos y la nada despreciable, e interesada, colaboración de la dominante facción ultraderechista del Partido Popular, son quienes tratan de mantener e imponer al conjunto de la sociedad ideas, convicciones y planteamientos que corresponden a la esfera de las creencias personales y al ámbito de las respetables prácticas religiosas de los creyentes católicos.

Cañizares, director de un curso
Como las mentiras tienen las patas bien cortas, algunos ejemplos vienen a demostrar que esto de la Iglesia perseguida es una burda y descarada estrategia de manipulación. ¿Puede alguien sensato hablar de Iglesia perseguida cuando, por ejemplo, el Primado de las Españas, cardenal arzobispo de Toledo, D. Antonio Cañizares, ha dirigido un curso de verano en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid? Una universidad pública, financiada con recursos de todos los ciudadanos, se supone que respetuosa con el rigor, la independencia, la pluralidad y el espíritu crítico que es exigible a todo centro universitario que por tal se tenga.

El pluralismo de Cañizares
Pues bien, monseñor Cañizares, teniendo como secretario a D. José Luis Sánchez, vicerrector de la Universidad Católica de Valencia – institución de enseñanza superior que goza de acreditadísima solvencia académica y reconocido compromiso con la tolerancia y la libertad de cátedra- dirigieron uno de los cursos que la universidad pública Rey Juan Carlos celebra en Aranjuez . http://www.urjc.es/fundacion/archivos/c_verano.htm Allí han tenido tribuna, para analizar “La enseñanza de la religión en España” , altos dirigentes de la Conferencia Episcopal caracterizados por su adscripción al sector más conservador, desde Rouco Varela hasta Modesto Romero, secretario de la Comisión de Enseñanza de la CEE., pasando por laicos como Villapalos, gran benefactor de los Legionarios de Cristo y Mariano Rajoy, presidente del PP, que intervino en la sesión inaugural para certificar, como recordaba Savater el pasado día 12 en El País, “que la laicidad y la Educación para la Ciudadanía llevan al totalitarismo”. Ni más ni menos. Ah, también anduvo por el Real Sitio el inefable D. José Bono, guinda de todos los pasteles.

Marginados los críticos
Si con un seminario de estas características, al amparo de una universidad pública, la Iglesia católica está perseguida, que venga Dios y lo vea. Más bien, visto el programa del curso, podríamos decir que están perseguidos, excluidos, marginados o ignorados, teólogos disonantes y críticos, académicos, políticos o intelectuales que hubiesen puesto el justo contrapeso y la opinión divergente que la Universidad, por cierto, debería haber exigido en aras de su misión y su naturaleza. En lugar de proporcionar un púlpito de agitación a Rouco Varela y Cañizares.

Por último, invito a cualquier lector interesado a que navegue un rato por páginas web de universidades de la Iglesia perseguida –Navarra, Pontificia de Comillas, Francisco de Vitoria, San Pablo-CEU, Cardenal Herrera Oria, etc- a ver si encuentra algún curso, seminario o encuentro donde tan gentilmente como en Aranjuez se de amparo y financiación, no digo ya a los contrarios, siquiera a quienes mantienen algunas posiciones que no se atienen literalmente a la ortodoxia trentina de la Iglesia perseguida.

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