Díaz Ferrán y Rouco Varela…extraña pareja de baile

La visita del Papa con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud aglutina a la flor y nata de los empresarios españoles, dispuestos a mostrar su generosidad con el Papa haciendo aportaciones para tan fundamental y vital acto por un importe de 25 millones de euros.

Hay que respirar muy hondo cuando se trata de opinar sobre las cuestiones que a veces nos ofrece la Iglesia Católica. Incluso a veces una tila no parece tan mala idea.

En este caso el nuevo episodio nos ofrece un acto que parece sacado de una película surrealista de la más pura ficción. Rouco Varela, el siniestro cardenal reunido con su jefe y acompañado por un grupo de empresarios españoles dispuestos a pagar los delirios de grandeza de un Papa que necesita darse baños de multitudes, sobre todo cuando pagan otros.

“Puede contar de manera incondicional, permanente, siempre, con ellos” ha dicho Rouco.

Es indudable la capacidad de la Iglesia Católica en la organización de fastos multitudinarios, pero sobre todo, es indiscutible a estas alturas que tiene una visión de negocio que sobrepasa con mucho lo habitual y normal.

La visita del Papa con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud aglutina a la flor y nata de los empresarios españoles, dispuestos a mostrar su generosidad con el Papa haciendo aportaciones para tan fundamental y vital acto por un importe de 25 millones de euros.

Y a la cabeza el Presidente de la CEOE, o lo que es lo mismo, el mandamás de los empresarios españoles. A muchos que hayan leído la noticia se les habrán puesto los pelos como escarpias de ver a tan “digno” señor ver cómo financia la visita papal mientras deja en la calle y sin nómina a los trabajadores de Marsans. Con este gesto Díaz Ferrán reboza sus actos con una capa de total desfachatez que debería provocar en aquellos empresarios serios -que sufren mucho para sacar sus empresas adelante, con honestidad, con trabajo y sobre todo, con mucho sentido común-un rechazo hacia este tipo de actuaciones de quien es su máximo representante.

No es un acto de apoyo “religioso” a la Iglesia Católica. Eso me queda claro. Es peor, es la utilización mutua de todos ellos para hacer crecer sus negocios y propiciar un alza de autoestima de quien está de capa caída porque no es capaz de poner orden entre los miembros de su “familia”.

Habrá considerado Benedicto XVI que una buena manera de lavar su imagen contra los casos de pederastia, abusos, etc, es organizar actos de este tipo, cuando no es su patrimonio el que está en juego.

Y siempre este Estado Español nuestro, que no acaba de tatuarse en el hipotálamo eso de que España es un estado laico. Un Estado Laico no puede ni debe financiar estos megalomaníacos actos de la Iglesia. Y menos todavía en tiempos de crisis.

Las exenciones fiscales del 80% del dinero invertido para estas jornadas, consideradas como “evento de interés especial” se antojan abominables en unos tiempos en los que la crisis mundial, europea y española nos tiene sumidos en un problema grave de desempleo.

Se antojaría mucho más lógico que dichas exenciones fueran dirigidas en la creación de empleo, en programas de ayudas a la niñez, a la juventud, a personas desfavorecidas, a la mejora de proyectos de cooperación, a ONG de trabajo reconocido, a tantas asociaciones que sí se preocupan de que ésta sea una sociedad más justa.

No es casualidad que todos estos actos promovidos por los jerifantes de la Iglesia Católica se lleven a cabo en Madrid o Valencia. Son los feudos más “ultracatólicos” con los que cuenta la Iglesia, feudos férreamente vigilados por Rouco Varela y sus adláteres bajo el paraguas de gobiernos que cada vez giran más al ultraderechismo más absoluto.

Y es por ello que estas administraciones, locales y autonómicas, están encantadas de aportar dinero a manos llenas para este tipo de actos, que les hace sentirse bien en ese catolicismo comprado con dinero de otros.

No hablamos de dinero que se invierta en necesitados, en proyectos de cooperación, en construcción de viviendas para los que, por alguna desgracia perdieron todo…No, hablamos de una cifra inconmensurable de dinero para uso y disfrute de una jerarquía que se empeña en lavar su imagen a base de aguas más turbias.

Sobre todo llama la atención la postura incongruente e indigna de los dirigentes católicos. Critican bestialmente leyes como la del aborto, la del matrimonio homosexual, las que promueven la investigación con células madreo aquellas que favorecen una mejor educación sexual entre los jóvenes. Esas son las leyes, que para ellos, pervierten al Estado o a la parte del Estado que las apoyan. Para ello no dudan en manifestaciones dirigidas, politizadas o lo que haga falta. Pero para poner la mano el Estado no debe ser tan malo, porque ni se sonrojan cuando lo hacen…

En fin, que todo este desatino tendrá que terminar algún día en algo que rezume mucha más coherencia de la demostrada hasta ahora.

El que quiera fastos, que los pague, pero no con el dinero de todos.

Leire Díez Castro – Presidenta de Red Laica para la Igualdad y la Diversidad

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