Desmemoria del PRI en detrimento del Estado laico

A mediados de julio de 2005, el entonces presidente Vicente Fox, después de haber fracasado en la entrega del edificio del exArzobispado a la Iglesia Católica, le cedió en comodato el Antiguo Oratorio de San Felipe Neri, ubicado en la calle de República de El Salvador, en el Centro Histórico.

Hubo entonces un rechazo de parte de la comunidad cultural, y algunos políticos, que vieron en el acto un retroceso o golpe al Estado laico, como el de la polémica reforma al artículo 24 constitucional aprobada en la Cámara de Diputados y que actualmente que espera su turno en el Senado.

En aquel entonces, la priista Dulce María Sauri Riancho, que se desempeñaba como senadora, presentó un Punto de Acuerdo para recordar al titular del gobierno federal la importancia del Estado laico. Señaló que las lecciones del pasado evitan detener la marcha de la historia y era el momento de defender los símbolos y tradiciones republicanas y liberales, que costaron “tanta sangre”, pues implicaban la defensa de los derechos y libertades del México “que hoy disfrutamos”:

“Estamos en un momento –enfatizó– en que es necesario hacer valer la historia y la ley ante aquellos que haciendo caso omiso de ellas, pretenden colocarnos de nuevo en un ámbito de confrontación que creíamos superado hace 150 años.”
La vida da vueltas y el edificio del Antiguo Oratorio, cedido entonces a la Asociación del Patrimonio Artístico Mexicano, que presidía Norberto Rivera Carrera, volvió a manos del gobierno federal. Ahí se ubican ahora las oficinas del Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y en días pasados su titular Patricia Espinosa Cantellano inauguró el Museo de la Cancillería, con obras propias y del acervo artístico del llamado Pago en Especie a la Secretaría de Hacienda.

En lo que parece no hubo vuelta de hoja fue en el avance de la Iglesia Católica por recuperar sus privilegios. Por eso cabe insistir en lo que la priista mencionó en aquel Punto de Acuerdo, pues valdría que lo recordaran sus correligionarios:

“Es inaceptable que pretendiendo ignorar el contexto, las causas y los efectos de uno de los momentos más álgidos de nuestra historia nacional como lo fue la Guerra de Reforma, y haciendo a un lado el espíritu de laicidad que debe permear en todos sus actos de acuerdo a lo que establece nuestra Ley Fundamental, el gobierno federal haya cedido el control de un inmueble propiedad de la Nación…”

Sauri se refirió entonces al artículo 3º constitucional que establece que “el Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo en lo relativo a la observancia de las leyes, conservación del orden y la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El estado –y lo pone subrayado– no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna. Tampoco a favor o en contra de ninguna Iglesia ni agrupación religiosa.”

En días pasados, al recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el historiador Lorenzo Meyer, investigador de El Colegio de México, fue quien recordó al ahora titular del ejecutivo Felipe Calderón que el Estado mexicano es laico y que es necesario mantener la separación Estado-Iglesia, luego de que éste asistiera el domingo 18 de diciembre a la Basílica de Guadalupe a orar por la paz invitado por el cardenal Rivera:

“Ahí sí que literalmente por el bien de todos, hay que mantener la separación entre Iglesia y Estado, lo cual no contraviene, no impide que cada quien tenga la religión que desee y practique lo que quiera; pero finalmente hay una representación del Estado, y de la Nación en su conjunto, y en aras de esa historia que ya no queremos que se repita, de esa cercanía tan insana que llegó a ser una fusión entre Iglesia y Estado, mejor mantener las distancias. Creo que para todos sería mejor.”

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