Demasiados retrocesos

Con el pretexto de la crisis, el PP restringe los derechos civiles y nos devuelve a los tiempos del nacionalcatolicismo.

Esta situación de privilegio histórico y retroceso perpetuo ha continuado con la LOMCE, la nueva ley de Educación

Estos son los vocablos que utilizó el historiador Ramon Carande cuando un periodista le preguntó que resumiese en dos palabras la historia de España. Los mismos que utiliza el profesor Josep Fontana cuando explica la historia de España del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX. Ahora, las políticas del Gobierno del PP nos llevan a un nuevo retroceso en libertades y derechos con la excusa de la crisis. Estamos viviendo un cuadrienio negro a golpe de recortes sociales, privatizaciones, corrupción y pérdida de derechos y libertades.

Con la excusa de fortalecer la seguridad han aprobado la Ley de Seguridad Pública (popularmente llamada ley mordaza), que es un verdadero atentado a las libertades. Restringe los derechos de reunión y manifestación, inculca el miedo a la protesta mediante multas injustificables, limita derechos fundamentales y elimina garantías judiciales. También viola los derechos de las personas inmigrantes que llegan a suelo español al negarles la asistencia letrada. Hacen “devoluciones exprés” sin comprobar si son refugiados o menores y legalizan las ilegales “devoluciones en caliente”. Para encontrar una ley que conculque con tanto ahínco las libertades —incluso más que la nefasta ley Corcuera—, habría que retroceder hasta la dictadura franquista.

Huele a franquismo el trato de privilegio que el Estado le ha dado históricamente a la Iglesia católica: se mantiene con dinero público el culto católico, no tiene que pagar impuestos y se le facilita la recaudación de dinero en la declaración de la renta. En 1998 Aznar amplió los privilegios de la Iglesia que databan de 1946 (en pleno nacionalcatolicismo), permitiendo a la Iglesia católica apoderarse legalmente de edificios religiosos, pisos, ermitas, cementerios, casas rectorales, etcétera, inscribiéndolas en el Registro de la Propiedad sin tener que acreditar la pertenencia. Así, hacerse propietaria de la Mezquita de Córdoba le costó unos 30 euros.

Esta situación de privilegio histórico y retroceso perpetuo ha continuado con la LOMCE, la nueva ley de Educación, haciendo que la asignatura de Religión católica sea evaluable y su nota cuente tanto para la media final como para optar a una beca, tras eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Si quieren darse un baño de anacronismo, irracionalidad y adoctrinamiento lean el nuevo currículum de la asignatura que se ha publicado en el BOE del 24 de febrero.

El amparo legal de este dislate está en el Concordato firmado entre el Gobierno español y el Vaticano en el año 1953, ampliado con un acuerdo internacional firmado en 1979, en el que se otorga la competencia para elaborar el currículo de la asignatura de Religión y Moral Católica a la jerarquía eclesiástica. El Gobierno del PP ha permitido a los obispos españoles elaborar un currículo para llevar su catecismo en las aulas, y estos no han desaprovechado la oportunidad de lo que han hecho durante muchos años: imponer su moral a toda la sociedad.

La nueva asignatura de Religión evaluará al alumnado de bachillerato en función de si “reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos y distingue que no proviene del caos y el azar”. El estudiantado saldrá de clase de Religión convencido de que Dios lo ha creado todo y entusiasmado porque ya no tendrá que estudiar Ciencias, ni Biología, ni Geología. Llegará a la clase de Ciencias y le preguntará a la profesora si como les han dicho en Religión “las cosas, los animales y el ser humano no se dan el ser a sí mismos”. Si es verdad que el “Otro (sic) los hace ser, los llama a la vida y se la mantiene”. La profesora les dirá que eso no es cierto, que ella explica ciencia y no revelación.

A partir de este decreto las y los estudiantes ya no tendrán que preocuparse por desear ser felices. Sólo deben creer: “Dios ha creado al ser humano para que sea feliz en relación con Él. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz”. Así les daremos el golpe definitivo a su formación personal, solo tendrán que “reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí mismo la felicidad”. Ante tantas informaciones contradictorias habrá que reforzar los equipos de psicología para ayudar a los jóvenes. Si con terapia no funciona, la asignatura de Religión tiene esta otra propuesta: “Memoriza y reproduce fórmulas sencillas de petición y agradecimiento. Expresa, oral y gestualmente, de forma sencilla, la gratitud a Dios por su amistad”.

Pienso firmemente, como ciudadano y profesor de Historia e Historia del Arte, que la religión no debe salir del ámbito privado y que la formación en Cultura Religiosa ha de formar parte del currículo de las Ciencias Sociales, explicada como un elemento más del desarrollo de las sociedades. Por desgracia, los ministros Wert y Fernández Díaz están lejos de estas posiciones y cada vez se parecen más a los inquisidores de la historia negra de España. Solo nos queda condenarlos al ostracismo político. Nos hacen retroceder demasiado.

Joan Boada es profesor de Historia

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