Del Despotismo Ilustrado y del Integrismo Católico Español

En los albores de la modernidad nace la Ilustración en el siglo XVIII, en un contexto de oscurantismo, fanatismo religioso, y de absolutismo político. El fenómeno del despotismo ilustrado sucede cuando los filósofos empiezan a ilustrar, a guiar a los despóticos monarcas hacia la razón y el conocimiento. Europa empieza así la culminación del proceso de racionalización y de individualización del hombre iniciado en el Renacimiento.

La Ilustración –junto con los pensadores racionalistas y empiristas anteriores- sentó las bases de la modernidad, de lo que hoy somos, destacando en la política pensadores como Montesquieu, Voltaire, Rousseau, o el mismo Kant.

Kant explica su concepción de la Ilustración en un célebre texto: "La Ilustración es la salida del hombre de su culpable minoría de edad. Minoría de edad es la incapacidad de utilizar el propio entendimiento sin guiarse por otro. Esta minoría de edad es culpable cuando su causa se encuentra en una carencia no del entendimiento, sino de la decisión y del coraje de utilizarlo sin la guía de otro. ¡Sapere Aude! ¡Ten el coraje de utilizar tu propio entendimiento! ¡Este es el tema de la Ilustración!”.

Si bien el espacio de este artículo limita las posibilidades para destacar todos los aspectos relevantes de esta época, por lo menos si destacaré la oposición de Rousseau a la separación de poderes de Montesquieu, al estar convencido de la corruptibilidad de la democracia y de que el sistema al final degeneraría de facto en el establecimiento de la desigualdad y de la injusticia, con respaldo del derecho, y la garantía coactiva o de fuerza para mantenerlas.

Si Rousseau viviese hoy, vería sus observaciones materializadas en el vientre de la democracia española. Por un lado, los tres poderes están solapados; y por otro, las leyes cuando no son tejidas a medida, son burladas institucionalmente para ocultar la corrupción, el tráfico de influencias, y promover la ideología excluyente. Las fuerzas del orden a su vez, se utilizan con el dinero del pueblo y contra el pueblo, bien para proteger la inmunidad del despotismo en la sombra, bien para golpear a los más débiles que lo han perdido todo, o no tienen casi nada; porque los que lo tienen todo, quieren más. 

El despotismo español está “ilustrado” no por pensadores, sino asesorado por los medios propagandísticos de comunicación, los departamentos de marketing, las encuestas de opinión, y otros órganos de manipulación de masas. Así bien, la gran ironía es que nuestro despotismo realmente no es ni siquiera ilustrado, no es intelectual, es un despotismo amoral y ambicioso, basado en las mentiras y en las medias verdades.

Y es en este contexto donde, sin “ilustración”, sin el racionalismo, sin la libertad del pensamiento, volvemos a dar el paso atrás: renace de sus cenizas y con fuerzas renovadas el poder eclesiástico, las fuerzas de la superstición, el irracionalismo, el fanatismo católico-clerical más radical e integrista para emprender una nueva Cruzada contra el infiel. Rouco Varela y Martínez Camino, secuestradores y proxenetas de la moral universal, -que dejando en pública evidencia al mismo Papa Francisco con sus declaraciones sobre la homosexualidad- han desenpolvado al diablo, sacándolo “del armario”, y pretendiendo refundar una nueva, gloriosa e inquisidora fe, con exorcismos a la carta y adoctrinamiento católico escolar para niños ateos y musulmanes.

El despotismo no ilustrado ya se ha acoplado al Estado tras pegarle una patada a Newton (¡y literalmente!, considerando la política de I+D y la fuga de cerebros que acontece en nuestro país).  En tan sólo dos años, hemos desandado más de trescientos. Lo único lamentable que no ha cambiado –como decía Kant- es que seguimos estando en la "culpable minoría de edad”.

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