«Defiendo el crucifijo en las escuelas por pluralismo» Joseph Weiler, el abogado que defendió a Italia en el caso Lautsi

COMENTARIO: Este abogado judío mantiene estrechas relaciones con el grupo ultracatólico "Comunión y Liberación", defiende el principio de "acomodación" del Estado a la religión, frente al laicismo. Sus declaraciones, llenas de concepciones culturalistas y pluriconfesiones, permiten conocer las razones del integrismo confesional que defiende la simbología religiosa en el ámbito público.


Si se acercan a la esquina suroeste de Washington Square y llegan hasta el número 37, miren hacia arriba, a la última planta. Verán que de una ventana cuelga un trozo de tela azul. Es el despacho de Joseph Weiler. Y la tela azul es una bufanda del Real Madrid. “El Barça tiene un fútbol mejor, pero uno no cambia la religión de su infancia fácilmente…”. Joseph Weiler (1951) –un “filo-ibérico” declarado- ha visitado Madrid esta semana para participar en varias conferencias. Experto en Derecho comunitario europeo y amante de la cocina mediterránea -eso sí, observante de las normas del kosher– es University Professor en la Universidad de Nueva York (NYU). Hijo de rabino, judío practicante y padre de cinco hijos, es a la vez un inesperado supporter del Papa Benedicto que al mismo tiempo no duda en cantar las cuarenta a sus amigos católicos cuyo comportamiento contradice lo que predican.

El profesor habla pausadamente, alternando una mirada severa –ceño fruncido, cejas pobladas  y expresivas- con golpes de humor lleno de ironía. Al escucharle destaca su humildad, su duda metódica sobre sí mismo y sobre sus opiniones. Por eso me advierte al comienzo de nuestra conversación: “me da miedo esta entrevista: no quiero quedar como un estúpido que es capaz de opinar sobre todos los temas con soltura”.

Profesor Weiler, hace dos años su nombre saltó a la opinión pública después de haber defendido pro bono a la República de Italia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Lautsi. En su intervención ante los jueces defendió el derecho de Italia a mantener los crucifijos en las paredes de las escuelas públicas…

En primer lugar, una aclaración: en aquella ocasión no defendí solo el derecho de Italia a poner crucifijos en las aulas de las escuelas públicas. Defendí a la vez el derecho de Francia -que es una República laica según su constitución- a no poner ningún símbolo religioso en su espacio público. Quizá los lectores deberían ver mi intervención en YouTube, para saber lo que realmente dije…

¿Podría explicarnos cómo convenció al Tribunal, que en primera instancia había condenado a Italia?

Persuadí a los magistrados de que los valores de pluralismo y tolerancia en este caso favorecían la posición Italiana. En Europa existe el modelo francés de laicidad. Pero más de la mitad de la población de Europa vive en Estados cuyos símbolos constitucionales y aún el texto de su norma fundamental incluyen una referencia a Dios e incluso una referencia explícita al cristianismo. Piense en Gran Bretaña: la Reina es la cabeza de una Iglesia nacional, la bandera tiene no una, sino tres cruces (las de Inglaterra, Gales y Escocia), y el himno canta “God save the Queen”. A nadie se le puede obligar a cantar ese himno en la escuela si le crea un problema de conciencia, pero tampoco nadie puede invocar la neutralidad del Estado para obligar a los ingleses a eliminar las referencias a Dios de su himno. Los ejemplos son abundantes: la constitución de Irlanda menciona a la Santísima Trinidad y a Jesucristo; la alemana comienza su preámbulo “consciente de su responsabilidad ante Dios…”.

¿Entonces la laicidad es problemática?

La tradición cultural europea tiene este aspecto que me fascina: su tolerancia, su pluralismo. Cabe Francia y cabe Gran Bretaña. No digo que la laicidad sea rechazable: ¡La emancipación de los judíos en Europa comenzó con la Revolución francesa! La laicidad puede ser una opción noble, cuando no se convierte en una anti-religión disfrazada. De hecho conozco a muchos buenos creyentes que piensan que el Estado debe ser laico.

¿Qué debemos entender en su opinión por neutralidad del Estado?

La laicidad como laicismo no es neutral. Le contestaré con un dilema. Yo ofrezco dos opciones, y que el lector elija la que le parezca más “neutral”. En Francia y en Italia el Estado es neutral, y por eso no financia con dinero público las escuelas vinculadas a las confesiones religiosas. En Holanda y en Inglaterra, el Estado es neutral en materia religiosa y por esa misma razón, financia tanto escuelas confesionales como escuelas laicas… Yo tengo clara mi preferencia.

¿Qué queda entonces de la separación entre Iglesia y Estado?

Pienso que es mejor desarrollar el principio de “acomodación”. Por ejemplo, el caso de las agencias de adopción. Siempre que haya otras opciones disponibles, deberíamos respetar que una agencia judía, musulmana o católica eligiera a las parejas adoptantes también usando criterios morales o religiosos. Pero deberían exigir la integridad de la doctrina católica, musulmana o judía. Si se aplicara arbitrariamente –por ejemplo: si solo se excluyeran parejas homosexuales pero no a parejas no casadas- entonces estaríamos ante un caso de discriminación intolerable, de homofobia.

¿Por qué un judío practicante se implica personalmente en un caso que afecta en principio solo a los católicos? ¿Recibió alguna llamada del Vaticano?

Naturalmente no recibí ninguna llamada del Vaticano. Aunque sí creo que están satisfechos con los resultados de mi trabajo. En cualquier caso mi condición de judío practicante no tiene nada que ver con mi papel en ese juicio. No defendí a Italia como judío practicante, sino como un “constitucionalista practicante”. En lo único en que influyó mi identidad judía fue en la decisión de no cobrar.

¿Para demostrar la generosidad de los judíos?

Los judíos en general, a pesar del estereotipo tradicional, son muy generosos. En realidad, me vi ante el siguiente conflicto. Bastantes problemas me causa ya la defensa de algunas de mis ideas, como para que encima me señalen diciendo: “Mirad este judío: ¡por dinero es capaz hasta de defender los crucifijos!” Así conseguí evitarme bastante spam metiéndose conmigo, aunque conseguí ganarme una bronca de mi mujer por renunciar a los ingresos. Ya ve, somos un matrimonio chapado a la antigua y ella es la que lleva las cuentas de la casa.

En alguna ocasión se ha definido a sí mismo como la quintaesencia del “judío errante”. ¿De dónde es en realidad?

Es verdad, me siento en casa en todas partes y en ninguna. Mi padre era un rabino nacido en Polonia y criado en Lituania. Yo nací en Sudáfrica, me crié en Israel, estudié la carrera en Inglaterra, donde conocí a mi mujer. El doctorado lo terminé en Florencia. Desde hace años soy profesor en los Estados Unidos pero efectivamente tengo que atender invitaciones de todas partes del mundo. Esta semana estaré también en Londres, hablando a miembros del Parlamento, y después tengo una gran conferencia en Westminster Abbey (que es un templo anglicano: ya sé que los católicos tendéis a pensar en que sois los únicos cristianos).

Le cuento un chiste católico: un grupo de gente con suerte llega al Cielo y un Ángel les pasea enseñándoles aquello. Se encuentran exactamente lo que esperaban: la gente hablando, cantando, comiendo y bebiendo: paz y amor. Entonces les lleva un poco más allá hasta un muro muy alto y les dice: ahora por favor guarden silencio. Se acercan con cuidado al muro, y escuchan del otro lado los mismos sonidos: gente hablando, cantando, comiendo y bebiendo: paz y amor. Después de alejarse cautelosamente el Ángel les explica: esos eran los católicos, es que para sentirse en el Cielo necesitan creer que están solos.

En sus obras, y en sus intervenciones de estos días en Madrid, cita con frecuencia el magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto XVI…

Pienso que son dos personajes excepcionales de nuestra historia reciente, cuyas enseñanzas se comentan hoy y seguirán siendo estudiadas dentro de doscientos años. Destacaría sobre todo su afirmación del papel de la razón, tanto para la vida personal como social. Pero lo más importante es que aplican la disciplina de la razón a su propia Iglesia, reconociendo que la libertad religiosa es también libertad frente a la religión. Por eso repiten una y otra vez que “La Iglesia propone, nunca impone”.

¿De dónde le viene su cercanía con el catolicismo?

Mi cercanía intelectual se remonta al estudio de la doctrina católica cuando preparaba mi libro “Una Europa cristiana”, y más recientemente a mis estudios sobre el Juicio a Jesús. El libro sobre Europa fue presentado en el meeting de Rímini, organizado por Comunión y Liberación, donde establecí interesantes amistades. Con todo, creo que los católicos deberían leer con más atención la Biblia (¡es un libro interesante!). Y en esto también podrían aprender del Papa –un gran estudioso de la Escritura-: su segundo tomo Jesús de Nazaret es una obra maestra.

¿Y no le parece que la Iglesia ha tenido o tiene demasiado poder?

Personalmente prefiero que la religión asuma el papel del “Profeta a la Puerta” que denuncia al poderoso y le amonesta para llamarle a la Justicia.

Usted es un experto en Derecho comunitario. ¿Qué piensa del premio Nobel de la Paz?

Completamente merecido. Y un buen recordatorio de la dimensión espiritual de Europa, ahora que parece que no nos preocupa más que el euro…

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