Defensa del laicismo

Los viejos debates renacen en la España de hoy. Entre ellos toma fuerza el del laicismo, inclusive con la controversia añadida de si los crucifijos deben o no estar presentes en las aulas de los centros públicos.

Cuestiones que ya parecían superadas por el paso del tiempo y por la consolidación de la democracia, del respeto y de la razón, vuelven a primer plano porque la jerarquía eclesiástica no está por la labor. Prueba de ello son las declaraciones sobre los contenidos de esa nueva materia que será la Educación para la ciudadanía , como hizo el pasado viernes el cardenal Rouco-Varela durante su investidura como doctor honoris causa en la Universidad San Pablo CEU, al exponer sus consideraciones sobre lo que denominó "laicismo ideológico", llamar la atención acerca de los riesgos que se corrían con el "relativismo ético" y concluir con la afirmación de que "el destino de una España unida depende de saber volver a sus raíces cristianas", sorprendente para quienes no defendemos otra idea de España que la contenida en la Constitución.

Por otro lado, Alfa y Omega , subtitulado Semanario Católico de información , dedica su último número al tema La República: una cuestión provocada , que comienza con un fragmento de una obra de Palacio Atard que se inicia con una frase llena de falsedades: "La República, conducida por Azaña , quiso desmantelar a la Iglesia por considerarla uno de los pilares de la España antigua que se proponía destruir". Ese mismo número recoge una entrevista con el sacerdote José Francisco Guijarro , autor de un libro sobre la persecución religiosa durante la guerra civil en Madrid, quien no duda en defender el paralelismo entre la España actual y la de la II República, aunque introduce el matiz de que entonces se hizo todo con más romanticismo, mientras que ahora "hay un rodillo bastante más sistemático, mejor engrasado, probablemente escarmentado en aquel intento que fue la Segunda República", y por supuesto no duda en introducir la cuestión del papel de la masonería en la inspiración laica del régimen republicano. Acerca de aquel laicismo son esclarecedoras las palabras de Alvaro de Albornoz , cuando era ministro de Justicia, en un artículo de 1932: "Laico no se opone a religioso. El adjetivo laico viene del griego laikos , derivación del sustantivo laos , que significa pueblo, nación. Laico se opone a clerical, a clérigo, del griego klerikos , derivado del sustantivo kleros , que significa lote, parte escogida, elegido. Escuela laica quiere, pues, decir escuela de todos, escuela del pueblo, escuela nacional, enfrente, no de la escuela religiosa, sino de la escuela del clero, de la escuela clerical".

Defender el laicismo, en efecto, no consiste en mantener una posición contraria a la religión. No se debe confundir a la opinión pública, como hacen los obispos, con la mentira de que peligra la enseñanza de la religión en los centros públicos, puesto que está garantizada, ahora bien, no se puede pretender que una elección libre condicione a otro grupo de alumnos para que den clase de lo que decida la jerarquía eclesiástica, que quizás eche de menos la situación de privilegio de la dictadura franquista, cuando para la gran mayoría de los obispos España, "una, grande y libre", sí estaba aferrada y anclada en sus raíces cristianas. Por último, habría mucho que decir acerca de la etapa republicana y de las relaciones Iglesia-Estado en esos años, así como de lo ocurrido durante la guerra civil. Sobre esto último, resulta especialmente sugerente un libro, titulado La pequeña grey , que acaba de aparecer en México, cuyo autor es un canónigo de la iglesia cordobesa exiliado en ese país, José Manuel Gallegos Rocafull , con sus reflexiones sobre el papel de la Iglesia y de los obispos durante la guerra. Otro día hablaré de su contenido con más detenimiento.

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