Defensa de la impureza

Naturalmente, el lector está al corriente de la reciente matanza que se produjo en Noruega. A lo largo de la historia podemos encontrar otros casos trágicos en lugares diversos, con protagonistas diversos. Ha habido muchas matanzas y magnicidios, y algunas obras de teatro se han inspirado en esos hechos. No repetiré lo que, con suficientes detalles, ya es conocido a través de los medios de información, pero hay un factor en la tragedia de Oslo que me gustaría comentar, y es el grado de riesgo que se esconde en la vocación exaltada de la pureza. Anders Behring Breivik odia a los noruegos «impuros», a los musulmanes y a los moderados de derechas y de izquierdas. Es un fanático de la pureza radical, y cree que su misión es aniquilar a los impuros. Según él, solo tienen derecho a existir los hombres blancos, los cristianos y los de ultraderecha.

Los psiquiatras darán su opinión sobre este asesino, pero más allá de este caso tan bárbaro, la autosatisfacción de la propia pureza me parece muy peligrosa. Mientras esta autosatisfacción solo sea íntima, la cuestión es estrictamente personal. Pero cuando quien se considera puro se siente llamado a hacer apostolado, es posible que aparezca la agresividad. Breivik ha reconocido que su actuación fue realmente atroz, pero era «necesaria».

Quisiera hacer un pequeño homenaje a la impureza. La impureza es mezcla, y la vida es mezcla. Si el aire que respiramos no fuera una mezcla de gases, si fuera oxígeno puro, no podríamos vivir. Que el oxígeno es una sustancia compleja se supo en 1674. La sangre tampoco es pura. La sangre, como todo el mundo sabe, está constituida por el plasma y por elementos celulares, como los glóbulos rojos, los glóbulos blancos, las plaquetas, etcétera. Cada vez que hacemos un análisis vemos la larga lista de componentes. ¿Por qué nos negamos, pues, a reconocer que es bueno que en las ideas y los sentimientos haya diversidad? El asesino noruego estaba convencido de que la diferencia era un mal que debía ser exterminado. La gente lloraba, pero él, dicen, estaba tranquilo, pese a que había llamado y anunciado: «Os mataré a todos».

Hitler defendió trágicamente la pureza de la raza aria, la pureza de la sangre, la pureza de una idea política. Son purezas que han hecho daño y que siempre han acabado fracasando. Observemos el mundo, observémonos a nosotros mismos, y respetemos la dosis de impureza que hace que la vida sea vivible.

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