Debilitan la laicidad

Enunciaré los factores que, considero, debilitan la laicidad del Estado mexicano. Primero, estructurales; segundo, de conocimiento; tercero, de intencionalidad. Los factores estructurales son aquellos sistemas que pretenden seguir imponiéndose o que quieren imponer su visión de las cosas, en detrimento de los derechos de todos. Aquí entra la falta de regulación del artículo 40 constitucional para fortalecer la laicidad del Estado mexicano. Dicho de otro modo, un sistema jurídico-legal que no termina por conceptualizar en las leyes la laicidad, la debilita. Aquí entraría el factor cultural y la interpretación que se hace de la historia para justificar el anclaje cultural que permita a los grupos hegemónicos, no defender sus derechos, sino aspirar a la recuperación de privilegios perdidos.

Luego están los factores de conocimiento; por encima de sus propias convicciones, qué es la laicidad y cómo ciertas actuaciones, en lugar de fortalecer esta característica del Estado, la debilitan. Hace apenas unos días, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que él no veía mal que las iglesias tuvieran concesiones de radio y televisión. Evidentemente, su declaración es una de tipo personal; sin embargo, al ser jefe de Estado, sus opiniones deben circunscribirse dentro del marco legal existente para evitar que la ignorancia de una persona se asuma como dogma constitucional de todos.

Pero son los factores que he denominado “de intencionalidad” los que más debilitan la laicidad del Estado porque llega un momento en el que se ligan con los dos anteriores, potencializando su alcance. La intención de algunos “actores” religiosos, políticos y de gobierno no es el fortalecimiento del Estado laico, sino su destrucción. Veamos cómo funcionan estos actores y factores en conjunto. Algunas iglesias evangélicas han tenido acercamiento con el presidente. Se infiere de lo publicado y de las declaraciones del líder de los evangélicos y del mismo presidente que hay una especie de “acuerdo” para reformar la legislación reglamentaria del artículo 130 constitucional. La intención no es fortalecer la laicidad del Estado pero sí manipular el derecho a la libertad religiosa, debido a que para el pastor, Arturo Farela, todos estos años han sido de un “laicismo malentendido”, limitando el derecho de las iglesias a difundir sus ideas. Aquí, la falta de conocimiento sobre el concepto de laicidad se impregna y enquista en la intencionalidad que tiene este grupo de evangélicos por acceder a concesiones de radio y televisión, teniendo como resultado una perversión social y legal del derecho mismo a la libertad religiosa. Al tergiversar el concepto y ubicarlo en el contexto de gobierno actual, AMLO y los evangélicos liderados por Farela parecen ser uno mismo y no dos personas que representan a dos esferas distintas. Veremos qué sucede en esta semana que viene, crucial para la laicidad de México.

Sara S. Pozos Bravo

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