Debate a cuatro

Laicidad, laicista, laico, laica, secularización del Sistema Educativo, escuela y universidad pública y laica… …entre otros, son términos, generalmente “malditos” en los debates y mítines de esta Campaña electoral.

Al menos, así se reflejó en el debate (a cuatro) del 13 de junio, que fue seguido por casi diez millones de espectadores, más del 50% de la audiencia potencial. De ahí la importancia de reflexionar sobre ello.

Aunque, hay que constatar, que fue inferior en tres y dos millones de espectadores respectivamente que los tres debates (a dos) de las elecciones del 2008 y 2011. Un “indicador” (se tome como se tome) del “verdadero interés” de los votantes de entonces y de ahora.

Hasta ahora los principales líderes políticos de la campaña electoral para las elecciones del 26J16 transcurre haciendo análisis, más o menos acertados o que nos producen mayor o menor satisfacción, según nuestra afinidad ideológica o partidaria… de la situación actual en temas muy importantes y trascendentales, como la regeneración democrática, la corrupción, los servicios públicos en general, las pensiones y la dependencia, el empleo, el mundo de la empresa y los autónomos y autónomas, la economía en general y el sistema tributario, la Unión Europea, las fronteras y las migraciones, las políticas de igualdad, la pobreza… y, sobre todo, de la cuestión territorial… en un nivel inferior se  analiza la situación de la energía, la ecología, la agricultura, la política de aguas, la Educación (incluida la Universidad), la ciencia y la tecnología o la política cultural y deportiva, el municipalismo, o el papel de las diputaciones y Senado, etc.

También se enuncian posibles medidas para cuestiones que nos pueden satisfacer, en mayor o menor medida, según nuestras afinidades o intereses personales y/o colectivos. Lo que no queda muy claro, en la mayoría de los apartados referidos, es como piensan (unos u otros) aplicar esas medidas, por qué camino o qué estrategias seguir para llegar a esas necesarias soluciones que la mayoría de los candidatos, de todos los colores, proponen y ahí, posiblemente, está el “quid de la cuestión”.

Si hacemos un simple corte, centrándonos sólo en el debate a cuatro del lunes 13, retransmito en España por cinco cadenas, la pública y cuatro privadas en las que intervinieron una media de 25 minutos cada candidato, es decir hablaron en total unos 100 minutos, se detecta que hubo referencias muy breves o simplistas, por ejemplo, sobre el importante tema del municipalismo (sólo se enunció una vez), sobre Educación y Universidad, tan sólo se enunció la palabra “Pacto por la educación” (de forma muy genérica y sólo en dos ocasiones), en cuanto a la Universidad sólo se habló de incrementar becas y abaratar las matrículas (en dos ocasiones), proponer una Enseñanza obligatoria 0-18 años (en una sola ocasión), derogar la LOMCE (se citó una sola vez). Un candidato (emergente) señaló al otro emergente “reprochándole” que quería “sacar la religión confesional de la escuela” y “que quería eliminar los conciertos educativos”  (Curiosamente, ante ello, nadie replicó en el debate -no digo yo que algún/os candidato/s no lo pensara/n- pero hubo un lamentable silencio).

Los cuarteles de imagen electoral de cada candidato sabrán el por qué se habló muy poco o nada de algunas cuestiones, también necesarias de abordar. Aunque no es difícil de adivinar. Se observó, por un lado, un debate de cierto “amarrategui” (en términos futbolísticos) de “supuestos votos” ya “conseguidos”, y por otro lado -en según qué temas- se observó un objetivo de ir “a la caza” de otro tipo de votos menos afines, inicialmente. Por cierto, equilibrio complicado.

Términos que no aparecieron en el debate: laicidad, laicista, laico, laica, secularización del Sistema Educativo, escuela y universidad pública y laica, reforma profunda de la Universidad, eutanasia, muerte digna, delito de blasfemia, financiación de las religiones, IBI, ley de fundaciones y mecenazgo, inmatriculaciones, acuerdos concordatarios con la Santa Sede… ¡Y fueron 100 minutos de debate!. Cuestiones éstas que si no se abordan, una parte de la pretendida regeneración democrática no sería efectiva.

No digo que estos términos o cuestiones no figuren en algunos programas electorales o que en ciertas charlas, mítines y debates no se hable de ello. Si están y se hace, pero en  mi opinión se escuchan demasiado poco. Y, además, en el debate del 13, seguido por diez millones de posibles votantes, fueron términos “malditos”.

Esperemos que a parir del día 27, dejen de ser malditos y se tengan en cuenta por los futuros diputados y diputadas. Ya queda muy poco para comprobarlo.

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