De lo público a lo personal y viceversa

   Ahora, cuando la vorágine mercantilista golpea con fuerza, sobre todo en la mente del personal, el valor de lo público, se me vienen presentando ocasiones para mirar el asunto de mil y una maneras. Hoy me propongo abordar esta cuestión tantas veces indebidamente postergada.

   Hablando con un amigo, aquejado como yo por los achaques de la edad, coincidíamos ambos ensalzando la actitud de las médicas de cabecera que nos atienden a cada uno. Resulta que ambas profesionales desoyen las invitaciones que la superioridad les hace para que reduzcan los gastos de exploración o medicinas que prescriben a sus pacientes. Conscientes de que tal conducta no es la tónica dominante, mi amigo relató el inconveniente retraso de su tratamiento por la distinta actitud de algún especialista. Por ello concordábamos en que los recortes, por las consignas mencionadas, vienen deteriorando al hasta ahora bien prestigiado servicio de nuestra sanidad. Otro tanto mencionábamos en servicios como el de educación o la dependencia. En todos ellos , como en el caso mencionado, se vienen introduciendo criterios contables y privatizadores en busca de una improbable rentabilidad, preñada de la casi segura de peor atención.

   En más de una ocasión he terciado o me he contenido-según los casos- ante comentarios favorables a acudir al médico de pago o matricular a la prole en un colegio privado. De tales lances he cosechado razones o pretextos de todo tipo e incluso contradicciones llamativas. Sin embargo, en este asunto como en otros, uno ya está curado de espanto. Así vamos comprendiendo hasta qué punto el personal se para a reflexionar sobre lo que hace, o se deja llevar por lo que se nos martillea desde casi todos los ambientes. Nos resuena aquello de ..yo me gasto el dinero y el pediatra reconoce a mi niña hasta por rayos x, ..cómo va ser lo mismo que mi Jónatan se relacione con sus compañeros de allí que con el gitano de más abajo,.. porque nosotr@s somos clase media y no está bien relacionarse con la chusma,… y es que como son funcionarios y tienen el sueldo seguro no se paran como cuando les pagas,… Son muchos años de mensajes envenenados que invitan a la insolidaridad.., a las desconfianza del igual, a enfrentamientos gratuitos hijos de falsos orgullos…, a generalizaciones capciosas que originan racismo y xenofobias larvados.., al miedo individualista…

   Ante todo ese discurso, en general muchas personas de las que se han dejado llevar por él, reaccionan en una conversación pausada y amigable en la que inevitablemente surgen palpables contradicciones propias y/o ajenas. Traigo aquí algunos ejemplos de tales y diversas charlas.

   Comento con un antiguo alumno, que luego cursó su bachillerato en el IES Oretania, la tendencia a convertir en gueto amplias zonas del Linares de la margen derecha del Periquito Melchor. Él se pone colorado al explicar que matriculó a su hijo en los Salesianos. En parte lo hizo por presiones familiares y en parte porque el entorno social se viene deteriorando. Al sonreírle recordando la apuesta de él y de su familia por mantener la escolaridad cercana a la propia casa, pasó a reconocer abiertamente contradicciones. Sí es cierto que las cosas ahora están peor que cuando él cursaba EGB o bachillerato donde lo hizo, y que no está seguro de que a su hijo en el nuevo centro le vaya mejor que a él le fue. Acabó reconociendo la responsabilidad compartida entre la administración y el vecindario, parte del cual se va, en que los barrios se vayan deteriorando. Él mismo acabó comentando su malestar por la propaganda y proselitismo religioso del citado centro.

   Una compañera en activo me explica la deriva y disminución que viene dándose en Linares de la escuela pública en beneficio de la concertada. Reconociendo sus desvelos como de la mayoría del profesorado público, no pude por menos que recordar lo que comentábamos hace años sobre la parte de docentes que matriculaban a su prole en centros religiosos. Ese detalle, junto a la falta de implicación sincera en cuanto servidor@s públic@s que afortunadamente va disminuyendo entre docentes, personal sanitario y funcionario en general.

   También relacionado con la estabilidad laboral del funcionariado, y en consecuencia con una posible falta de responsabilidad en el trabajo, se puede argüir. Además de la dignidad de cada cual, como el encomiable ejemplo de las doctoras arriba citadas, hay más. La persona que accede a un trabajo estable, por oposición u otro procedimiento sin privilegio, cada día es más consciente y/o debiera ser en todos los casos, que tal acceso no es un patrimonio sino un compromiso a merecer a diario. Ello debe ser así, además de por la ética personal, por la conciencia democrática que ha de velar para que los servicios públicos, en cuanto de garantes de la mejor atención a la ciudadanía, sean prestados por personas renuevan su preparación y disponibilidad. Tal será posible y deseable, en tanto que en los servicios públicos, como en cualquier trabajo a quien lo ejerza se le ofrezca la estabilidad. Ésta, junto a su acreditada preparación, añadirá la mejora de una acertada experiencia. Esta cuestión es perfectamente aplicable, pese al sectario criterio del actual presidente* de la patronal y de las reformas laborales que destrozan estabilidades beneficiosas y lógicas.

   Decíamos en el título y viceversa porque hemos de entender la necesidad de unos servicios públicos como garantía de libertad y dignidad colectiva. Ya como personas que los recibimos o como a quienes toca atenderlos. En uno y otro caso ha de servirnos la lógica y la variable ética que, como en el caso del anterior presidente de los empresarios (hoy en la cárcel), se nos pretende sugerir.

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