De la manifestación de la virgen

Nadie puede imaginar que de la cascarilla rugosa del arbusto brote la santa, que en el muro se insinué la sagrada imagen, que la oscuridad de la gruta se transformase en un lugar luminoso, que las emociones electorales hiciesen posible tanto. La madre de Cristo reitera su presentación iluminando al primero que ve, no a la multitud ni a todos los aspirantes.

Mancos, cojos, ciegos, tullidos y esperanzados tienen la ilusión en el corazón. Y en realidad el milagro se hace posible, pero hay que repetir que la divina es selectiva y hace el prodigio sólo para unos pocos. Bien se sabe que un manco recupera la mano, un cojo deja de ser renco, un ciego abandonó a su lazarillo y, un candidato fue elegido. Mas la divinidad se revela a la gente pobre pero no a todos, a un indio, pero no a la tribu, a una mujer humilde, mas no a todas, a un niño ingenuo no a los incautos, a una muchacha pobre pero no a todas las virtuosas, a un grupo de pastores, pero no a las ovejas, a una chica que iba a lavar ropa, pero no a las del pilón, a un candidato, pero no a cualesquiera.

Y cuando se hace el milagro el chisme crea el murmullo de la noticia, transmitida por la radio, en imágenes por la televisión, en la creciente ola de internet. Y de las lomas que circundan la ciudad los sin acueducto esperan el agua, los barrios con alcantarillas hediondas quizá puedan respirar un aire distinto, en las calles miserables alguien pregunta si se irán los desplazados, en los trancones interminable sueñan con que el tiempo es oro, los arrumes de basura piden un carro recolector, unos niños esperan la maestra, los sin luz esperan la redención eléctrica y, los enfermos gritan que se cambie la receta de acetaminofén e ibuprofeno. Las emociones pueden provocar resultados inesperados, pues cada vez se vota con el corazón. Y se desborda la multitud por el nuevo alcalde, los seguidores aplauden, vitorean, le dan abrazos al escogido, el cura da gracias por las elecciones en paz, los profesores comentan con sus alumnos, los bomberos no tuvieron que apagar el incendio. Atropellándose por llegar al elegido la muchedumbre se exalta pidiendo el abandono de la educación privada, la terminación del negocio de la salud, la pesadilla de la vivienda cara, y dejar en la estacada el empleo temporal por un trabajo.

Y como el suceso es para pocos, los muchos de los aspirantes se quedan por fuera, no les cubre la luminosidad del prodigio. La mayoría de los candidatos sin persuasión se quedaron viendo el chispero, necesitan un nuevo lenguaje que sea capaz de una nueva emoción, pues el desprestigio de la política y las animadversiones contaminan los escenarios políticos.

Silvio Avendaño

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