De don Carnal y doña Cuaresma a don Escándalo y doña Tolerancia

Las plazas y calles de la ciudad son públicas, aunque en ellas se alcen templos religiosos

Si hasta Jesús, que era Dios, actuó como hombre airado cuando expulsó a los mercaderes del templo con un látigo diciendo que habían hecho de una casa de oración «una cueva de ladrones», el obispo de Zamora hizo otro tanto en el pasado Congreso de Semana Santa en la ciudad: con su látigo verbal repartió estopa a casi todo el mundo.

Ya en la preparación, criticó a los cofrades que dicen ser ateos o poco creyentes y sin embargo salen en procesión, a quienes invitó a no participar en la Semana Santa.

Tras la inauguración del Congreso, y como los representantes de la Junta que lo habían financiado en parte destacaron el éxito del evento y de la Semana Santa por su atractivo turístico, el obispo zamorano insistió en su carácter religioso y se opuso abiertamente la concepción como espectáculo turístico y en consecuencia con valor económico para Zamora.

Siguió fustigando –verbalmente como hombre de paz que es- a los zamoranos y visitantes que vieron emocionados el Vía Crucis que se desarrolló en las calles como el espectáculo maravilloso que fue, porque para el obispo es fundamentalmente oración.

Y finalmente se quitó la espinita que parece tener clavada en el corazón por la que él considera ofensas del Ayuntamiento, reiterándolas en la homilía con la que se clausuró el Congreso de Semanas Santas aunque los participantes no entendieran sus palabras, porque no era ni objeto del Congreso ni tampoco de la actualidad.

Los zamoranos quizás sí las entendieron porque la ciudad es pequeña y el Sr. obispo es una autoridad. Aunque veladamente, se refería al conflicto del Corpus Christi porque no se celebró en la Plaza Mayor -que en mi opinión no fue tal- y a la celebración de un festival llamado «Trangress Fest» en la plaza de la Catedral. Dos asuntos, en dos plazas de la ciudad y con dos espectáculos.

Como recordarán, la procesión del Corpus no se celebró por prohibición expresa del Sr. obispo debido a que la Plaza Mayor estaba en parte ocupada por otra celebración importante, la Feria del Libro. Y aunque se le ofreció por parte del Ayuntamiento y de los libreros la mayor colaboración para compartir la Plaza Mayor o para poder llegar a otras plazas cercanas, como en el poema de Bécquer «llegó el orgullo, y apagó su llanto, y la frase en mis labios expiró». O sea, todos sin procesión por no querer compartir la Plaza.

¡Y eso que compartir espacio con los libros no puede considerarse una ofensa! Porque la siguiente filípica fue porque en la plaza de la Catedral se hizo un concierto bastante transgresor a propuesta de músicos de Zamora, no del Ayuntamiento, que no encontró razones para prohibirlo porque ese día no había ninguna otra celebración. El Sr. obispo consideró sin embargo, que por el hecho de que hubiera una catedral con un cimborrio en las proximidades, se ofendía y mancillaba un lugar y unas creencias. Pero es que esa plaza es un espacio público más de la ciudad, donde todo el verano se celebraron varios espectáculos con el objetivo de promocionar el casco histórico porque se está vaciando de gente. Y la razón por la que se hizo allí el Transgres Fest era porque ya estaba puesto el escenario. Algo tan sencillo y sin ofensa posible, porque los edificios no se escandalizan.

Como no se escandaliza nadie de que en estos días se celebre en las calles y plazas de la ciudad, porque son de todos, el Carnaval. Una fiesta que en origen era transgresora y abiertamente contraria a la Cuaresma impuesta por la Iglesia Católica, y sobre todo contra la prohibición de comer carne durante esas fechas, cuando la carne sólo la comían los nobles y los clérigos de alto nivel.

Y de la misma manera que los pasos de Semana Santa ocupan las calles durante esos días y durante todo el año aunque le pueda molestar a algunos zamoranos no católicos, los libreros sacan los libros a la feria aunque haya a quien moleste la lectura, los deportistas y las ONGs hacen carreras por las calles, y los músicos y los artistas de todo tipo tienen derecho a exponer su música y su arte, guste más o menos o se escandalice quien quiera. Desde el Ayuntamiento sólo se puede regular para que sea compatible –por ejemplo, no se hace un concierto a la puerta de un hospital– pero no prohibir salvo que vaya en contra de los derechos humanos.

Una vez evitada la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma, que en tiempos del Arcipreste de Hita y gracias a éste hombre de la Iglesia se fue superando con la fina ironía del «Libro del Buen Amor», habrá que superar también la batalla entre los que se escandalizan por casi todo, a favor de doña tolerancia. Unos por caridad, otros por comprensión y todos con paciencia.

¡Que hoy es tiempo de Carnaval y ya vendrá la Cuaresma!

Laura Rivera

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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