De Cantinflas al Espíritu Santo

Dice el ministro Fernández Díaz que está en contra del matrimonio entre homosexuales porque “no garantiza la pervivencia de la especie”. Cáspita, no sabía yo que la “pervivencia de la especie” estuviera en peligro por falta de capacidad reproductiva. Del “cambio climático” había oído hablar, ciertamente, pero no de eso que sugiere ese señor. En realidad, pensaba que era más bien lo contrario, que teníamos un problema de sobrepoblación: cuando yo estudiaba en el colegio, 3.000 millones de seres humanos habitábamos el planeta, ahora somos más de 7.000 millones. Sí, lo sé, soy madurito, pero, aún sí, 4.000 millones de nuevas almas (y bocas) me parece una cifra portentosa para medio siglo y pico. No diría yo que el ser humano esté en riesgo de extinción por falta de nacimientos.

   Pero, bueno, aceptémosle el argumento al tal Fernández Díaz. ¿Qué tiene que decir en ese caso de los curas y las monjas, del mismísimo Papa? Vale, algún hijo deben producir, pero imagino, quiero imaginar, que no tantos como los seglares. ¿Se pronuncia ese señor, entonces, contra el celibato, el voto de castidad y todo eso? He buscado en Google y no he encontrado que lo haya hecho. Lo confieso: me produce perplejidad.

   Si no fuera porque ni tan siquiera creo en eso, diría que vivimos tiempos milenaristas. Cantifladas como la de Fernández Díaz, o como las que sueltan a diario sus inefables compañeros Cospedal y Floriano, no dejan de ser hasta coherentes en una peña que procede intelectualmente de Pepe Isbert en el papel de alcalde de Villar del Río. Pero ¿qué me dicen de la dimisión del Papa? Si eso no es un augurio del próximo fin de los tiempos, ¿qué puede serlo?

   Me sorprende que la parroquia católica haya aplaudido tanto y con tanta unanimidad a Benedicto XVI. Quizá es que son pelotas hasta cuando el jefe actúa en contra de los fundamentos del negocio.

   ¿Dónde están los teólogos que planteen los aspectos cruciales del caso? Por ejemplo, ¿la infalibilidad del Papa es divisible y/o compartible? ¿Se comunicará simultáneamente el Espíritu Santo con el nuevo Pontífice y con el ex? ¿Habrá alguna ceremonia secreta en la que Benedicto XVI le pasará a su sucesor los códigos de comunicación con la divinidad?

   No sé si ustedes se han hecho la pregunta, pero yo sí: ¿y si al nuevo Santo Padre, puesto que ya se ha abierto la veda, también le da por dimitir? ¿Habría entonces tres Papas? 


   Ah, estos sí que son misterios teológicos y no los bizantinos. Y hasta podríamos añadirle otro: a la hora de iluminar al Cónclave en su decisión, ¿tendrá en cuenta el Espíritu Santo las cualidades de los candidatos para ocupar la cuenta de @pontifex en Twitter?

   No salgo de mi asombro. Supongo que eso es vivir.

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