David Berger: «La homosexualidad es el lubricante del poder vaticano»

Con la publicación de su libro ‘La santa hipocresía: en la Iglesia católica como teólogo gay’, en noviembre del 2010, el teólogo alemán David Berger logró sacudir los cimientos de la que hasta entonces había sido la institución a la que había consagrado su vida. Berger no es un autor cualquiera. Desde el 2003 al 2010 ejerció como profesor en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino y fue miembro de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ambas ubicadas en el Vaticano. Después de perder la ‘missio canonica’ en el 2011 a petición del arzobispado de Colonia, ejerce como director de la revista gay alemana ‘Männer Aktuell’, en la que este activista de los derechos de los homosexuales continúa denunciando a cada nueva oportunidad la hipocresía del discurso oficial de la Santa Sede.

-En su entrevista para ‘Amores santos’ afirma que al menos el 50% de la alta jerarquía de la Iglesia católica es homosexual. ¿Cuál sería la verdadera relación entre Vaticano y homosexualidad?-La jerarquía eclesiástica necesita la homosexualidad para mantener su poder y el statu quo de la institución. Si bien la Iglesia católica ha creado una imagen del sacerdocio que atrae mágicamente a los homosexuales, por otro lado castiga fuertemente la homosexualidad entre los laicos. Esto provoca que los altos jerarcas siempre tengan empleados con un fuerte cargo de conciencia, lo que los hace fáciles de controlar, si es necesario a través del chantaje. Podría decirse que la homosexualidad es el lubricante que mantiene en marcha el aparato de poder en la Iglesia.

-Si resulta cierto que tantos sacerdotes, obispos y hasta cardenales son homosexuales, ¿por qué no se pone fin al discurso homofóbico en la Iglesia?-Es evidente que existe un lobi gay en el Vaticano. Sin embargo, no quiere ni exige ningún cambio en la Iglesia o en su moral. Simplemente, se limita a ejercer su poder gracias a sus conexiones que, además, le garantizan la mayor discreción posible para sus actividades sexuales. Es más, los prelados homosexuales que han hecho carrera en el Vaticano lo hicieron, seguramente, porque fueron particularmente fieles, devotos y leales a sus mentores. De hecho, la homofobia pronunciada entre los altos jerarcas ha sido tradicionalmente interpretada como un signo de su fidelidad al Papa. En la intimidad suelen reconocer: «Sí, mantenemos relaciones sexuales con otros hombres, pero no somos gais. Nosotros no tenemos nada que ver con esa subcultura gay que se enorgullece de su condición y exige el matrimonio homosexual».

-En el 2010, la publicación de su libro originó una contundente reacción por parte de la Iglesia católica de Alemania, que llegó a pedir su inhabilitación para ejercer la docencia ¿Qué cree que ocurrirá cuando salga a la luz el documental Amores santos?-Las personas comunes se sorprenderán y pensarán: ‘¡Los sacerdotes predican agua y toman vino!’ Sin embargo, es muy posible que el Vaticano no tenga ninguna reacción cuando se difunda el documental aunque le anticipo que todos los sacerdotes lo verán en secreto. Si hipotéticamente alguno de ellos fuese reconocido en el documental, su superior tendría una nueva forma de chantajearlo. Es así de simple, el círculo vicioso del sexo y el chantaje seguirá funcionando.

-¿Cómo interpreta usted el resultado del Sínodo de la Familia? ¿Es Francisco un Pontífice con un discurso ‘gayfriendly’ pero con las mismas viejas ideas?-El sínodo fue un triunfo importante de la facción más conservadora y homofóbica de la Iglesia. Sin embargo, lo importante ahora es ver qué decide hacer Francisco. En teoría, podría adoptar una posición más liberal en la mayoría de los asuntos que se discutieron en el sínodo. Si bien el papa Francisco es el Papa de las sorpresas, hasta ahora sus mensajes siempre se han quedado en la ambigüedad de los actos simbólicos. Si algo ha quedado claro es que un cambio en la postura del Pontífice sobre la homosexualidad tendría como consecuencia una inevitable división de la Iglesia. El papa Francisco es jesuita y, por tanto, un hábil negociador, no creo que vaya a correr ese riesgo.

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