Darwin contra Dios

EEUU vive una “cruzada” contra la teoría de la evolución por parte de ultraconservadores cristianos

La vida fue «diseñada» por una inteligencia superior, y sólo así se explica la complejidad de las estructuras moleculares y el advenimiento del Homo sapiens como la especie más lograda de la creación… Hasta aquí, la teoría del Diseño inteligente, apadrinada por fundamentalistas cristianos y respaldada por 350 científicos norteamericanos que han firmado una declaración poniendo en tela de juicio a Charles Darwin.

   La ultraderecha religiosa no se conforma ya con plantar cara a la teoría de la evolución en miles de colegios de la América profunda. Ahora han decidido revestir sus creencias con un empaque científico, a través de centros como el Discovery Institute de Seattle o el Instituto para la Investigación de la Creación, en San Diego.

    La cruzada contra Darwin salpica estos días los grandes medios y llama a las puertas de las asambleas locales en Carolina del Sur, Mississippi, Georgia o Montana, con leyes que exigen «un tratamiento equilibrado» entre la evolución y otras teorías alternativas en las clases de Ciencia.

    Los fundamentalistas cristianos cuentan también con la complicidad de decenas de jueces ultraconservadores y de cientos de directores de colegios públicos, que imparten instrucciones a los profesores para no mentar el nombre de Darwin.

   «Nuestros directores les dicen: no tenemos tiempo para enseñarlo todo, así que vamos a evitar las cosas que causan problemas», denuncia Eugenie Scott, directora del Centro Nacional para la Educación de Ciencias. «Los profesores deciden que lo mejor es no enseñar la evolución para no meterse en líos… Otros optan por enseñar el Diseño inteligente, que es una forma de meter a Dios en las clases de ciencias».

La vida molecular

   «La teoría del Diseño inteligente no es una idea religiosa», se defiende el biólogo Michael J. Behe, que acaba de lanzar esta semana su anatema anti Darwin en las páginas de The New York Times. «Nuestra base es puramente científica: la selección natural no explica la complejidad de la vida a nivel molecular».

«Las fuerzas naturales, como las placas tectónicas o la erosión, pueden dar lugar a las Montañas Rocosas», alega Behe. «Pero no son suficientes para explicar, por ejemplo, las estatuas del Monte Rushmore… Con esto quiero decr que las marcas físicas de un diseño están ahí y son visibles en todos los aspectos de la biología, y la teoría de la evolución no nos ofrece una respuesta satisfactoria».

Michael J. Behe, autor de La caja negra de Darwin: el reto bioquímico a la evolución», llevaba más de 10 años defendiendo el Diseño inteligente contra viento y marea, hasta que el fervor religioso de la era Bush dio un impulso inusitado a sus teorías.

   Behe trabaja para el Discovery Institute de Seattle, creado en 1990 por el tecnoevangelista George Gilder (que escribió discursos al presidente Nixon) y financiado entre otros por el ultraconservador Howard F. Ahmanson.

   Pese a su empeño por marcar distancias con los grupos religiosos, la labor del Discovery Institute entronca con la de los otros tanques de pensamiento («think tanks») conservadores como el Instituto para la Investigación de la Creación, que sostiene que Dios creó el mundo hace 12.000 años y que los dinosaurios se extinguieron tras el diluvio universal.

   El director del Institute for Creation Research es precisamente un bioquímico, Duane Gish, que ha reinterpretado todos los hallazgos de la paleontología para encajarlos en el Libro del Génesis.Gish está considerado como uno de los pioneros en las Ciencias de la Creación, la alternativa a la teoría de la evolución que se enseña en los colegios del profundo Sur.

El hombre y el mono

   La batalla entre Darwin y el Diseño inteligente no ha hecho más que empezar, abriéndose paso como está en los estados que hasta ahora escapaban a la cruzada de la derecha cristiana. Al fin y al cabo, tan sólo el 53% de los norteamericanos creen que el hombre procede del mono, según una encuesta de 2001

Aunque la influencia religiosa ha ido a más en los últimos años, el biólogo John Miller sostiene que el país está prácticamente dividido en dos mitades -la que acepta la teoría de la evolución y la que no la acepta- más o menos desde principios del siglo XX.

   Como botón de muestra, la teoría de la evolución es aceptada por el 80% de la población en los países industrializados. En Japón, incluso, el 96% de los habitantes están con Darwin. Hasta en un país tan católico como Polonia, el 75% de la gente comulga con la teoría de la evolución.

   «En un país con tradición oscurantista como España, nadie se atreve a cuestionar la teoría de la evolución», declaró el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, en su paso reciente por el Instituto Cervantes de Nueva York. «Detrás de estos argumentos hay razones ideológicas y religiosas… Cuanto más sabes de biología más admiras la grandeza y el genio de Darwin. La creación es uno de esos temas en los que cualquiera se cree con derecho a opinar; me pregunto por qué la religión no cuestiona las partículas elementales, las dorsales oceánicas o la tectónica de placas».

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