Dar testimonio público de la opción por la laicidad es un derecho que debería ser ejercido

¿Cuál es el distintivo por la laicidad? ¿Cómo se manifiesta de forma cotidiana? Evidentemente se echa en falta el identificador de tal grupo de ciudadanos.

Y parece necesario, con urgencia, si se quiere hacer acto de presencia de quienes propugnan tolerancia y libertad.

  Los miembros de distintas confesiones ideológico-trascendentes dan testimonio público de su opción personal mediante símbolos externos, evidentes e inequívocos. Tales signos quedan explícitos en su relación diaria con otros individuos de opciones varias y diferentes a la suya . Así tenemos la cruz de los cristianos, las medallas de los católicos-vaticanistas o el punto rojo indostaní. Otras veces es la indumentaria la que transmite el mensaje, cubriendo la cabeza de las mujeres mediante velo o coronando la de los hombres con un casquete o un turbante. Incluso se llega a utilizar el propio aspecto personal mediante barbas o tirabuzones.

 Tal exhibición parece un derecho individual que debe respetarse en cualquier sociedad en régimen de libertades democráticas. El problema del velo en las escuelas sostenidas con dinero público no debería ser un problema. Igual que los escapularios o bonetes. La uniformidad impuesta supone un coste excesivo sobre el capital de las libertades. Algo que sucede cuando la exhibición de cualquiera de estos símbolos se realiza con carácter de exclusividad o como imposición, por ejemplo con un crucifijo presidiendo el aula.

 Tampoco sería aceptable, conforme a la tolerancia que entendemos como valor cívico a mantener, si la exhibición de uno de tales signos se hiciera con el ánimo manifiesto, militante – y en el extremo hasta violento – de mostrar el indigno error de quien porta otro distinto. En una segunda, y no mejor situación, quedan los que no portan símbolo alguno. En el primer caso : mormones frente a vaticanistas, cristianos frente a islamistas En el segundo todos los anteriores frente a agnósticos, ateos, laicistas o materialistas. Siempre el “nosotros frente a los infieles”. Lo anterior, que no debería tener lugar en una sociedad libre y tolerante, es un escenario que se materializa – desafortunadamente – en ocasiones o lugares cada vez más frecuentes o cercanos.

 Además de las anteriores simbologías trascendentes, existen otras adscritas a campañas cívicas, como los lazos blanco, rojo, azul, etc. Estas muestras tienen en común – en tanto que signo externo – su carácter efímero o de “ lazo por un día “. Incluso para cualquiera de ellas, su carácter de “cosa sobrepuesta” o “para esta oportunidad” le distingue de los símbolos de opciones trascendentes, incorporados a la presencia personal cotidiana, como opción permanente o de estilo de vida.

 En este escenario de lo simbólico, ¿ dónde están los que optan por la laicidad ? Simplemente no se les ve. Los que defienden una sociedad tolerante que separe lo divino de lo humano no se manifiestan en su cotidaniedad. Parece que no estuvieran para abogar por la tolerancia y, ante el avance excluyente de determinados símbolos y sus actitudes, decir : “No con mi aprobación”. Como en aquel disco solar que se pinchaba en la ropa :  “ ¿ Nuclerares ? No, gracias ” . ¿ Lo recordamos ?

 ¿ Cuál es el distintivo “ por la laicidad “ ? ¿ Cómo se manifiesta de forma cotidiana ? Evidentemente se echa en falta el identificador de tal grupo de ciudadanos.

 Y parece necesario, con urgencia, si se quiere hacer acto de presencia de quienes propugnan tolerancia y libertad. Es el derecho de la tolerancia a sobrevivir. Si será un aro de acero o tendrá cualquier otra forma ya se verá. Pero hacerlo presente en el día a día es necesario.

 ¿ O será que ya existe y no se ha incorporado a nuestra imagen diaria ?

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