Dar al César lo que es del César

No hay más tinieblas que la ignorancia, que conduce a los gobernantes en creencias religiosas, como ya lo dijo Karl Marx, “la religión es el opio del pueblo”.

Si Benito Juárez viviera, ya se hubiera muerto, ante las declaraciones manifestadas décadas después por su sucesor en la silla presidencial.

Durante un evento en Sonora, Andrés Manuel comparó la labor de su gobierno con el cristianismo: “El propósito, repito, es que tengan mejores condiciones de vida y de trabajo los más necesitados, esto es humanismo, esto es justicia y es cristianismo. Me van a criticar, pero lo voy a decir. Miren: ¿por qué sacrificaron a Jesús Cristo? ¿Por qué lo espiaban y lo seguían? por defender a los humildes, por defender a los pobres, esa es la historia”.

Camina sobre el agua de lo que va a ser la refinería de Dos Bocas, que no es por nada que se le dio el apodo de “mesías Tropical”, el discurso político de Andrés Manuel se ha estado acercando al discurso religioso desde hace varios años.

En México existen más de seis mil asociaciones religiosas registradas, esto bajo el cobijo del artículo 24 Constitucional que incorpora el principio de libertad religiosa, y la estricta separación del estado y la religiosidad se ve en el Artículo 130. Que a la letra dice: “El principio histórico de la separación del estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el presente artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley.”

A groso modo, un Estado laico es aquel que es neutral en materia de religión por lo que no ejerce apoyo ni oposición explícita o implícita a ninguna organización o confesión religiosa.

El Papa emérito Benedicto XVI afirmó que: “Para los cristianos, ha sido claro que la religión y la fe no están en la esfera de la política sino en otra esfera de la realidad humana… la política, el estado, no es una religión, sino una realidad profana con una misión específica”.

Cuenta la anécdota, que varía según quien la cuente, que un joven de nombre Andrés Manuel un día se lanzó a nadar en un río tabasqueño, y al atravesar lo jaló la corriente de una fosa para abajo, al ver que no cedía el agua le pidió al Creador que lo salvara si tenía alguna misión para él, logrando por fin salir. Ya seco y en tierra fue al templo y le pidieron nunca olvidar aquel momento, ya que tenía una misión que cumplir. Se lo tomó muy en serio y anda por toda la República del tingo al tango, llevando la palabra de Dios.

Como ciudadano mexicano Andrés Manuel tiene el derecho de profesar la religión que desee, en este caso cristianismo y esto en el ámbito privado y personal, pero públicamente como Presidente de la República, tiene el deber de acatar los lineamentos constitucionales y las leyes que de ella emanen, por lo que deberá tener presente el pensamiento de Jesús cuando se refiere a “dar al César los que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, que no es otra cosa que una manera de expresar la necesidad de equilibrio respecto a los civiles, al Estado y a la religión. Según las sagradas escrituras esta respuesta de Jesús provocó gran admiración y respeto; tan impresionados quedaron sus adversarios, que desistieron de intentar probarlo con cuestiones de palabras y argumentos en su tiempo.

Luis Lozada León

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