Cultura y laicismo

Debate lista

Estimada Estrella, me gustaría reflexionar sobre dos o tres cosas que dices, porque el tema de multiculturalidad y su relación con la laicidad me interesan mucho. Algunas de las ideas que siguen no tienen referencia a tu escrito.
 
La pluralidad cultural no es un fenómeno nuevo, ha existido siempre, y su crecimiento exponencial no se debe sólo a la llegada de personas de otros países; sino que, además, gracias a un mayor grado de libertad, van emergiendo "culturas", formas de ser y de expresarse que estaban aplastadas, por la legalidad franquista, por la (in-)cultura religiosa y por él "establecimiento aceptado como bienpensante"…
 
Pides respeto mutuo con el inmigrante. Ahora bien, me parece que, en realidad, pides que el distinto se integre, que recoja todo lo positivo de los nativos y que éstos "puedan tomar" lo positivo de lo nuevo. Bien por el mestizaje, pero no me parece muy realista la segunda parte; y, por contra, suele ser extremosa la exigencia de la integración en el marco preexistente. Además la calificación de lo que es bueno y positivo la hace el que esta en el machito.
No pensemos sólo en el extranjero. Si nos referimos a los emergentes de los diferentes armarios y les exigimos que se integren a la cultura dominante, probablemente se perpetúe la situación de gheto.
 
Y, en cuanto al respeto, no veo que haya que respetar la identidad de los otros.
Necesitamos el respeto democrático. La Igualdad en la pluralidad, el derecho a la diferencia sin diferencia de derecho. Lo que no se puede es agredir o discriminar a nadie por razón de alguno de estos rasgos; pero en el ámbito de las costumbres, de la moral, de lo ideológico… es necesaria la dialéctica, tanto de diálogo como de confrontación para que se produzcan avances de clarificación y de síntesis o de mestizaje.
Este es el tema de la libertad de expresión y del debate que puede permitir progresar en síntesis o en claridad. La posición contraria es bloquear la libertad de expresión hablando de blasfemia, de herir los sentimientos religiosos o culturales, la sensibilidad bienpensante, o del "mal o buen gusto"…
 
En el caso que pones de la actitud de relación entre el diferente llegado y el diferente (que lo es para el que llega) encontrado. Siempre consideramos que el diferente es el que llega, y el que está, más o menos nativo, tiene como un plus de derecho de identidad. Si el llegado no hacer esfuerzos, o no consigue la exigida integración, considerándolo desde el punto de vista de la estructura de la sociedad, dices que "es una pena porque eso es hacer ghettos, lo cual está muy lejos, tal como lo veo, de la idea de laicidad".
Yo creo que la integración en una cultura no tiene que ver con la laicidad. El ideal de la laicidad no es la uniformidad, es la no discriminación de lo diferente legítimo, el igual derecho de la conciencia (forma de ser y de entender) individual. La sociedad es plural en las conciencias de sus individuos, y, por consiguiente, en otro nivel, en las asociaciones o comunidades que estos formen para facilitar o desarrollar su forma de vida (yo creo que eso también es conciencia).
Laicidad aparte, mi idea de integración social es que esa sociedad diferenciada en sus individuos y en sus comunidades (no necesariamente guetos) se debe unificar, sólo, en el ámbito superior, en el Espacio Público: la concurrencia y la defensa de las leyes acordes a los valores de los Derechos Humanos y en la cooperación al Bien Común.
El tema de las lenguas, que es la nota identitaria más peliaguda, más que las creencias, lo dejamos para otro día si hay una base de entendimiento en lo anterior.
Saludos
Miguel
 
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Muy interesante Miguel. Es un tema complejo en el me quedo como el asno de Buridan, muerto de hambre por no poder decidir cúal que los dos haces de heno idénticos almorzar.

La cuestión es: la identidad social y comunitaria es un aspecto irrenunciable del ser humano. El ser humano es social. Existen los cosmopolitas, aquellos para quienes su "comunidad" es el mundo, pero el común de los mortales nos identificamos con circulos concentricos de "comunidades": la familia, los amigos, nuestro compañeros de ideología/cosmovisión/religión, etc… 

Cuando se habla de guetos, se habla peyorativamente. Pero no es necesariamente así. Un barrio de mayoría, digamos ecuatoriana, no es un guetto. No ha de ser desde el punto socioeconómico un guetto. Es un barrio en el que los ecuatorianos encuentran referencias familiares, comercios provistos con productos que conocen, espectaculos afines a sus gustos, etc. Lo mismo que un barrio con una fuerte minoría/mayoria homosexual. 

Los problemas se producen cuando los "garantes pureza identitaria", pretenden enfrentar "lo nuestro" a "lo de los otros". Es dificil que una comunidad inmigrante, por el hecho de serlo, genere esa "jerarquia", esos "valedores de la identidad". Pero eso no es así en el caso de "comunidades religiosas". En este caso, en el de las religiones, existen normas muy precisas, muy estrictas de control social. Normas que sirven para diferenciar a los que "cumplen" de los que se "asimilan peligrosamente". 

El dilema es: ¿Cómo conjugar el respeto a la libertad individual, el derecho a la autodeterminación (auto de uno mismo, no de un territorio), el derecho a la busqueda personal e individual de la felicidad, con el derecho a lo no-discriminación? ¿Cómo podemos hacer, para juntarnos con quienes deseemos, y evitar al mismo tiempo la creación de "culturas semiestancas", "impermeables"? Y cuando digo culturas, me refiero a individuos refractarios a esa dialectica de la que hablas. Cada vez me inclino más a discutir el derecho de los padres a adoctrinar a sus hijos como quieran, en cierta medida: pero no me gusta nada esa conclusión. Me rebelo contra ella, de hecho. No me puedo autoconvencer, pues me parece un derecho ABSOLUTO, y sin embargo colisiona con otros derechos de no menor importancia. 

Estoy de acuerdo en que en ese maremagnum de identidades cambiantes y fluctuantes, variadas e incatalogables, el Estado laico navega imperturbable. Pero ¿siempre? ¿en todo momento? Por ejemplo, en EE.UU. esta perfectamente asumido que los servicios públicos tales como policia, bomberos, universidad, profesorado, etc, debe tender a ser un reflejo de la sociedad a la que sirve. Así, en la policia de una ciudad debe haber una representación adecuada de individuos afines a las diferentes "culturas" o "identidades" que conviven en esa ciudad. La idea es que una policia cercana a la sociedad a la que sirve, entenderá y apreciará mejor los problemas de esas "comunidades". Debe haber mujeres claro, negros, chicanos, portorriqueños. Que yo sepa, no se hace selección en función de la religión, pues hay demasiadas, y la separación iglesia-estado esto lo impediría. 

Y mi pregunta es ¿es esto admisible en un Estado laico? ¿Puede ser completamente ciego a las "identidades", en paises complejos, con gente dmuy diversa?

Tengo sobre todo preguntas. Aunque esto esta en el plano filósofico, muy alejado de la realidad contra la que luchamos. 

Saludos
Rafael

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Hola, estuve leyendo lo que dicen ustedes, es en verdad un tema complejo, y así como Rafael lo plantea, yo también pienso que es una  de las raíces del problema, ya que se educa a los niños en pensar hacia el diferente como un enemigo. El derecho de los padres a educar según creencias que van pasando a través de las generaciones, se contrapone al derecho de ser educado en libertad de pensamiento, de que cada niño sea visto como una persona, y no como un ladrillito más. 
Pluralidad, integración, se contradicen cuando se ve que cada cultura suele estar basada precisamente en sus dogmas, por lo cual no son en sí, plurales, sino más bien excluyentes una de la otra. 
Por ejemplo, el catolicismo pretende convertir a "todos", y por eso se dice de sí mismo "democrático" (sic), el problema es que si alguien les dice "no", ahí le reprochan "usted no es democrático" (otro sic). Es que a la vez, cada grupo cultural elabora sus propios conceptos (muy peculiares por cierto) de democracia. Lo que suele hacer cada grupo, es fomentar la descalificación de los otros (enemigos) para reforzar la unidad interna, estrategia política, para asegurarse de ello es que está el adoctrinamiento desde 
pequeños. Suficiente muestra es oír las barbaridades que dicen los niños católicos (mayoría) a los que no lo son. (que no van a ir al cielo, que no son solidarios, ni buenos, que nadie debería dirigirles la palabra, que no respetan la patria, etc,). 
Además, adhiero al respeto democrático que expone Miguel. También en lo que expone sobre que la integración debe ser acorde a las leyes y los derechos humanos y al bien común.
Opino que la democracia no puede quedarse sólo en el respeto intergrupos, eso sería una parte, porque el punto de partida según yo entiendo, es el respeto a cada persona. Si esto no fuera así, toda persona que no pertenezca a un grupo de fanáticos de una religión o de algo, puede correr el riesgo de quedar aislada. 
Y es que hay que poner mucha atención, porque "en nombre de las palabras más bellas se cometen las más grandes calamidades". (esta frase me parece haberla visto en algún lado, pero no recuerdo dónde) Integración, pluralidad y democracia no son la excepción. No quisiera ser pesada, pero me veo obligada a comentar que aquí en 
Argentina la palabra "integración" se vuelve cada vez más conflictiva, porque la realidad muestra una especie de integracionismo forzado, en una estrategia donde se transplantan 
sectores de pobreza de una región a otra. Grandes contingentes de miles de personas pobres son inmigrados hacia aquí, muchas veces el más perjudicado es el ciudadano común, el que ya estaba puede ser eventualmente, el intruso.(incluso, de un día para otro, su casa puede pasar a valer la mitad). Y se pide respeto mutuo, algo así como una asimilación espontánea, sin tener en cuenta que se trata de personas, no robots. 
Es que por ejemplo, Argentina está hecha casi toda por inmigrantes y migrantes internos, ya esto era un poco complicado, ahora se suman miles de personas inmigrantes de los países vecinos, lo que se traduce en mayor desocupación, servicios públicos resultan escasos, y los roces culturales-religiosos son fomentados por sectaristas que sacan provecho del asunto. Y como para condimentar aun más las cosas, apareció la moda que vuelve a revalorar todo lo indigena, pero no por sí solo, sino que esto viene acompañado de un gran 
desprecio y revanchismo hacia todo lo europeo. Otra estrategia sectarista, de división social. Pequeño ejemplo, hace un tiempo 
(salió en los diarios) un grupo de estudiantes apaleó a un compañero, simplemente por escuchar a los Rolling Stones, lo cual 
comenzó de pronto a ser mal visto. Muy lamentablemente, abundan ejemplos similares. Mucho se habla en estas regiones de integración, diversidad, pero lo que más se ve crecer por aquí, enormemente, a la velocidad de la luz, es la pobreza y la decadencia. Y junto con ellas, la ignorancia, los fanatismos y los sectarismos discriminatorios. 
Saludos a todos
Leyla (Argentina, Bs. As)

 

 

Los problemas se producen cuando los "garantes pureza identitaria", pretenden enfrentar "lo nuestro" a "lo de los otros". Es dificil que una comunidad inmigrante, por el hecho de serlo, genere esa "jerarquia", esos "valedores de la identidad". Pero eso no es así en el caso de "comunidades religiosas". En este caso, en el de las religiones, existen normas muy precisas, muy estrictas de control social. Normas que sirven para diferenciar a los que "cumplen" de los que se "asimilan peligrosamente". 
 No creo que haya mucha diferencia en si la identidad es cultural o religiosa. Desde que mantengo una postura que me enfrenta a los postulados "oficiales" de la religión percibo que el problema no es el creyente, sino el clero. Los inmigrantes de la creencia somos los laicos. 
El que alguien crea (o le guste) algo sólo plantea el problema del respeto al "diferente". Yo tengo muy claro cuál es el mejor equipo de
fútbol del Universo, pero no considero ciudadanos de segunda a los que prefieren otro, ni me planteo que deba evangelizarlos en la fe 
futbolística verdadera. Ahora bien, cuando aparece un individuo que se hace profesional de la creencia, aparecen los problemas. Porque, como en toda representación, aparecen los conflictos entre lo que conviene al grupo y lo que conviene a la jerarquía. 
Y en las religiones lo vemos muy claro: No conozco ninguna que se rija de forma democrática. Ni siquiera existen cauces para tener en cuenta el sentir de los fieles. Tiene guasa que el único que habla, y además desde el púlpito (plano superior), sea el que decide por todos. 
Esto mismo ocurre en muchos grupos que tienen líderes no representativos. Recordad el caso del tío Casiano. Desde hace tiempo vengo insistiendo (ya se que me pongo pesado) en que debemos reafirmarnos públicamente en negar a la jerarquía católica toda representatividad. ¿En nombre de quién negocian los obispos con el Gobierno? Será en nombre de el papa, que es quien los ha elegido. 
Respecto al tema que comentáis, y con todos mis respetos a quien se quiera sentir lo que sea, que no es sino otra forma de creencia, los  partidos nacionalistas se han convertido en profesionales de la diferencia.
Su razón de ser es la existencia de grupos diferentes, por ello no es extraño que la alienten. Pero repito que no creo que el problema sea el que uno se sienta nacionalista, ateo o del Rayo Vallecano, siempre que respete, sino el profesional del nacionalismo, de la diferencia. 

Leopoldo

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