Cultura «limpia» frente a cultura libre en Marruecos

Desde su llegada al poder en Marruecos, el PJD pide que el mundo del arte se ‘limpie’ de críticas al poder, desnudos o sexo. Varios artistas de este país abanderan una campaña por la libertad de expresión.

¿Hay una cultura "limpia" y otra sucia? ¿o solamente una cultura libre? En estos términos se plantea el debate que recorre el mundillo artístico marroquí, cuando un grupo de creadores ha empezado a hacer circular un manifiesto por la libertad artística.

No por casualidad, todo empezó al día siguiente de la victoria del islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) en las elecciones del 25 de noviembre. Najib Boulif, uno de los ideólogos del partido, se pronunció en un programa de radio por "las expresiones artísticas y culturales limpias", y acto seguido criticó que alguien llamase arte al desnudo de una actriz.

Tras su llegada al poder, el PJD atemperó su discurso puritano y conservador y sus ministros se afanan por ofrecer una imagen más integradora, aunque el órgano de prensa del partido, Al Tajdid, sigue propagando la idea del "arte limpio" y sus ataques contra lo que llama "oleada de sexo y desnudez".

Un grupo de artistas y periodistas de tendencia laica acaban de lanzar un manifiesto llamado La cultura es libre y así debe seguir en el que proclaman: "Es inadmisible pensar en cualquier restricción a nuestros espacios de libertad. Es inadmisible ceder a cierta intolerancia. No hay ni puede haber cultura limpia ni arte limpio".

El manifiesto, según dijo una de sus impulsoras, la actriz Fatym Layachi, ha sido ya firmado por un centenar de personalidades de la cultura, además de ciudadanos anónimos. "No es un manifiesto contra el PJD, pero estoy preocupada por cosas que veo mi país y tenemos el deber de ser vigilantes", recalcó.

No es un manifiesto contra el PJD, pero estoy preocupada por cosas que veo mi paísSi bien es cierto que ni el PJD ni el islamismo en general son mencionados en el texto, el periódico del partido ya ha atacado al manifiesto contraponiendo la opinión de artistas "decentes" en un artículo a toda página la pasada semana.

Los testimonios elegidos por el diario eran elocuentes: una artista llamada Fátima Ouachay puntualizaba: "Entendemos mal la libertad, seguimos lo que es occidental y extranjero, pero debemos conservar nuestra identidad, cultura y valores", mientras que el dramaturgo Mustafa Taleb llegó a hablar de "una lucha contra las creaciones artísticas híbridas, frívolas y de mal gusto".

Por el momento, guarda silencio el Gobierno. Compuesto por partidos de varios colores ideológicos, los ministros han optado por el perfil bajo, y el titular de Cultura, Mohamed Amín Sbihi (que pertenece a un partido laico y de izquierdas), preguntado, se niega a dar su opinión sobre "la cultura limpia". En cuanto al ministro de Comunicación, el islamista Mustafa El Jalfi, hasta hace muy poco director de Al Tajdid, dijo estar a favor de "el rico debate a nivel social" que ha surgido sobre los contenidos artísticos.

Pero,sin embargo, no quiso a pronunciarse en un sentido u otro y presentó la labor del gobierno como "la preservación de la diversidad cultural y el pluralismo político".

Este mismo ministro ha asumido en las últimas semanas la censura de varios medios extranjeros que no han podido entrar en el país: en un caso por publicar una caricatura del rey Mohamed VI, en otro, por contener imágenes de Dios o el profeta Mahoma, algo prohibido en el Islam.

Para ser exactos, no solo los islamistas están en esta "cruzada" por la decencia: también el diario Al Alam, órgano del partido nacionalista Istiqlal, ha puesto su grano de arena con un artículo muy comentado de su redactor jefe en el que criticaba a las actrices que "se exponen ante las cámaras como mercancía de subasta", lo que para él era "una provocación a los valores marroquíes".

Si bien todo el debate parece concentrado en los centímetros de carne expuestos ante las cámaras o los escenarios, Layachi aclara que hay otros indicadores "preocupantes", como la imposibilidad para ciertos autores de publicar novelas consideradas "atrevidas" en su tratamiento del sexo, la religión o la monarquía.

"Quien no avanza, retrocede, y nuestro país, en este momento, tiene la oportunidad de ir adelante. Así lo deseamos, y así lo exigimos, y lo defenderemos si es necesario, nos cueste lo que nos cueste", señala el manifiesto.

Por el momento, la batalla es puramente verbal y en los términos más educados. El espacio de debate sigue siendo libre y hasta "limpio".

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