Culto de la prensa de un estado que se llama laico

La noticia de la dimisión del Papa ha llenado portadas y hojas completas de la prensa. No hay pregunta que valga: España está muy lejos de no rendir pleitesía a la iglesia católica.

Si bien en su significado antiguo “laico” a lo que se le asocian raíces latinas y griegas, viene a significar aquel fiel que no es miembro del clero, pero que es creyente, es a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) cuando se redescubre el término y se define mejor una figura que cumple las obligaciones cristianas pero no “ejerce el apostolado” o lo que es lo mismo las funciones que conocemos de los clérigos. Por ello, en el derecho Canónico se alude a esta definición aclarando ” entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos.”

Sin embargo, aquella acepción se ha convertido, al menos dentro de los contenidos de la Real Academia Española de la Lengua en una primera acepción que dice: “Que no tiene órdenes clericales” y una segunda que tiende a la confusión y cuenta “Independiente de cualquier organización o confesión religiosa” asociada a “Estado laico. Enseñanza laica”.

Quizás esta última es la que hacer soñar a los lectores de la fabulosa Constitución Española con un desprendimiento del poder eclesiástico y, por ende, la aceptación de la teoría de la evolución y una ciencia sin lastre bíblico ni confabulaciones religiosas, que iban a hacer evolucionar el estado español a un ritmo hasta entonces desconocido.

Sin embargo, una flota mediática rendida a los poderes de la derecha gobernante y con la base católica de antaño, nos hace vivir el día a día del Papa que renegó del Vaticano y puso en tela de juicio la mismísima iglesia, como su se tratara de un reality de temporada. Hoy como nunca ACI, la agencia de prensa del Vaticano, vende cada segundo que le queda de vida al Papa emérito, promocionando desde su página web hasta el nuevo sello de correos que se lanzó el 28 de febrero con la figura de Benedicto XVI en primer plano con los brazos levantados, no se sabe si saludando o despidiéndose.

No critico al Vaticano ni a España, yo tengo claro hace mucho lo que se puede esperar de los españoles, con sus comentarios homófonos que fundamentan en razones religiosas, y la curia vaticana. Ni siquiera a los periodistas que firman la mayoría de esos artículos, pero si a los medios de comunicación que mezclan la noticia del papel higiénico que utiliza “el emérito” con páginas de cultura o ciencia. Es que ya no me creo ni las esquelas…

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