Cuando los monseñores hablan siempre hay una respuesta

El Señor Rouco Varela, piensa que los problemas de los “indignados” no son las situaciones políticas ni las económicas, sino la sus almas y de sus corazones. Esta declaración viniendo del representante de la iglesia católica española es un insulto y una falta de respeto para toda una juventud que no tienen perspectiva de futuro y que ha perdido la confianza en el funcionamiento democrático de las instituciones políticas del país.

No se puede hacer abstracción de los verdaderos problemas de fondo a los que están enfrentados la juventud: 5 millones de parados, la corrupción y la impunidad de una cierta clase política y económica, la intolerancia de ciertos sectores políticos y religiosos hacia aquellos que no comparten sus opiniones y dogmas, los privilegios de que benefician algunas autoridades políticas y la Iglesia, el obscurantismo al que quieren someternos eclesiásticos y tenores de la derecha, con sus declaraciones condenatorias, ancladas en la nostalgia del pasado sin querer aceptar la evolución de la sociedad y los nuevos retos y realidades. Muchos de estos prelados, encerrados en sus capillas, y que solo nos hablan por los medios informativos, están desconectados de la sociedad e ignorantes del mundo terrenal en el que tienen que vivir sus habitantes. Solo salen de sus moradas en las procesiones, rodeados de una corte de sotanas, para dispensar a los creyentes bendiciones… Estos son los auténticos problemas de fondo de la juventud y no el corazón y el alma.

Desde un lujoso hotel de la capital, el Señor Rouco Varela, trata de asegurarnos que el viaje del Papa será barato, pero no dice para quien, ni tampoco el coste, ni lo que tendrá que pagar el gobierno por este viaje con el dinero del contribuyente. “El Papa viene a rezar”, nos dice el Señor Rouco Varela, pienso que además de rezar, también vendrá a atizar contra el gobierno socialista, por promulgar leyes progresistas que no son de su agrado.

El Señor Rouco Varela, continua hablando de lo barato: “ No hay cosa más barata que rezar”, en esto estamos de acuerdo, rezar no es dar trigo. Es más económico rezar por los que pasan hambre que enviarles alimentos. Lo que en nuestro país es verdaderamente caro para los ciudadanos es el dinero que destina el gobierno para el mantenimiento de la Iglesia católica española.

En Andalucía, el Señor obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, vaticina un cambio de época con la nueva fisionomía política de España. “Los cristianos serán, desde la religión, los que convertirán la ciudad terrenal más habitable”. La derrota de los socialistas en las urnas ha sido necesaria, “para que se produzca un brote de justicia y fraternidad en la ciudad terrestre”.

En la época de las dictaduras, de Franco y Pinochet, por ejemplo, cuando la iglesia católica campaba a sus anchas, y no se veían socialistas, no puede decirse que esos brotes de justicia y fraternidad se produjeran, más bien lo contrario.

Siempre me he preguntado porque la iglesia católica española, en el periodo de la transición, no se consagró a la reconciliación y a la fraternidad de todos los españoles, los de izquierdas y los de derechas, como vulgarmente se les han llamado. La iglesia católica española habría rendido un servicio inmenso al pueblo español, siempre dividido en dos bandos por su historia. Sin embargo, lo que la católica iglesia ha hecho, fué atizar rencores, continuar a dividir a los ciudadanos entre buenos y malos según sus ideas. Y, esta es desgraciadamente la realidad presente.

Si el cambio de época es absolutamente necesario, es al interior mismo de la iglesia católica donde tiene que producirse. Acaso, no se dan cuenta que las defecciones de los católicos son cada día más numerosas, que al interior mismo de la institución, comprendido el Vaticano, voces, que no siempre se oyen, se elevan para denunciar los escándalos encubiertos por una jerarquía dominada por el inmovilismo y la incapacidad a comprender la sociedad presente. El hombre de nuestro siglo no puede vivir solo de fe y de esperanza, para vivir necesita trabajo, justicia social, respeto a su dignidad, a sus orientaciones, y libertad para decidir de son existencia.

El Señor Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián se inquieta del peligro que corre la enseñanza de la religión en las aulas públicas y acusa de ello al “laicismo anticristiano”.

El laicismo tiene sus raíces en el Humanismo de la cultura griega, y más tarde en el Humanismo del Renacimiento. El movimiento humanista, contrariamente a los movimientos teológicos, se centra sobre el hombre, liberándole de la opresión de dogmas y moral de las religiones.

El laicismo no es el enemigo de las creencias, el laicismo lucha por la libertad individual y contra las imposiciones de una doctrina y una moral religiosa a toda una ciudadanía en un estado aconfesional. El laicismo para proteger y conseguir la igualdad de todos los ciudadanos creyentes y no creyentes, pide la separación entre el Estado y la Iglesia. La responsabilidad del Estado, es de proclamar leyes que no excluyan a una parte de la sociedad, de acordar los mismos derechos y la misma justicia a los grupos minoritarios de la sociedad, y de no renunciar a estos principios para satisfacer las creencias teológicas y morales de una cierta clase política y religiosa.

La enseñanza de una religión, en un estado aconfesional o laico, no puede ser materia de la enseñanza pública, todavía menos el financiarla. El laicismo no se opone a la enseñanza de la religión en el ámbito privado: La libertad de religión es constitucional. Todo individuo es libre de elegir sus creencias, teniendo que asumir la responsabilidad individual y no desplazarla a la del Estado. La instrucción en materia religiosa y sus costes queda en manos de las asociaciones religiosas. El poder del Estado es el temporal y no el espiritual, “Dad a Cesar lo que del Cesar y a Dios lo que es de Dios” Si en la actualidad hay defecciones para el estudio de la religión no es a causa del laicismo, las causas profundas están al interior de la institución católica y no fuera.

El laicismo tampoco se opondría a una enseñanza del fenómeno religioso, como es estudiado actualmente en ciertas universidades especializadas en las ciencias de las religiones. La religión es estudiada en su dimensión universal utilizando metodologías científicas y no posiciones dogmáticas. Su estudio empieza con la aparición de los primeros hombres y su relación con las fuerzas cósmicas, y que más tarde se convertirán en sistemas complejos de las creencias que son las religiones. La evolución culminará con la aparición del monoteísmo, raíz común de las religiones hebrea, cristianas y musulmana. Las transformaciones de las creencias y de las concepciones de las religiones en la trayectoria humana no podrían analizarse sin las dimensiones histórica, sociológica y psicológica, de los individuos y de las populaciones, siendo estas las bases de los mecanismos mentales que construyen las creencias y las mentalidades.

“El cardenal y arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, se lamenta que la fe se asocie a la derecha política. La iglesia católica, dice, no es ni de derechas ni izquierdas. No hay razón de dudar de la sinceridad del Señor Carlos Amigo. Sin embargo, en nuestro país, la iglesia siempre ha sido de derechas. Basta solo, con examinar la historia de la iglesia católica española, para constatar su unión con la derecha política. Los verdaderos creyentes siempre fueron los de derechas, los de izquierdas siempre fueron sospechosos.

Para perpetuar esta alianza entre iglesia y derechas, durante la dictadura, se fundó una institución dentro de iglesia, con religiosos de traje y corbata, con la finalidad que sus miembros pudieran penetrar en la economía y en la política española.

Los miembros de esta asociación son los que representan en esta época a la derecha política de nuestro país a la ocasión de manifestaciones para atacar con contundencia al gobierno socialista y por promulgar leyes progresistas y no discriminatorias hacia grupos minoritarios de la sociedad. A estas personas nunca las veremos manifestarse contra los privilegios de una cierta casta, ni contra la justicia social, ni contra la corrupción, ni contra las condiciones precarias de vida de los ciudadanos… Para muchos ciudadanos, en la situación presente, el discurso de la mayoría de los tenores de la derecha y la iglesia tienen la misma tonalidad.

Cuando sacerdotes y prelados de la iglesia católica tomaron posición por la justicia social, abrieron sus puertas a los marginados, acogieron a los necesitados y a los perseguidos sin tener en cuenta de sus creencias, ni de sus opiniones políticas, la católica iglesia los rechazó, cerrando incluso sus iglesias. Los que exprimieron opiniones de apertura a un mundo en mutación, preguntando si la interpretación de la teología y de la moral tienen la consistencia suficiente para afrontar la ciencia y los progresos tecnológicos de nuestra era… Motivos, que fueron suficientes para relevar de sus puestos a estos prelados, o apartarlos simplemente del seno de la iglesia triunfante.

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