«Cualquier movimiento progresista le resultará perturbador a la Iglesia católica española»

Entrevista con Alfonso S. Palomares, periodista y autor de «El evangelio de Venus»

La ficción articula el poder de tres mujeres en el libro El evangelio de Venus (Edhasa), cuya segunda edición se lanza ahora, de Alfonso S. Palomares. Este periodista describe, dentro del género de la novela histórica, la influencia de la emperatriz Ageltrude de Spoleto, y Teodora y Marozia, de la familia Túsculo, sobre diferentes papados en los llamados siglos oscuros del Alto Medievo italiano, entre los años 891 y 932. También perfila cómo el poder es efímero.

Palomares, que presidió la Agencia EFE durante diez años, que fue director de relaciones internacionales y asesor editorial del Grupo Zeta y que siempre ha mostrado interés por los temas relacionados con los santos padres, recuerda que “la marginación de la mujer por maldición bíblica ya no se sostiene”. Asimismo, opina que “la Iglesia católica española es muy conservadora”.

En El evangelio de Venus aparecen todo tipo de intrigas y traiciones palaciegas, con una gran cantidad de papas, en una terrorífica Italia de los siglos IX y X.
Fueron 15 papas en 40 años. Fue una época en la que tres mujeres dominaron el papado. Cada una, de una forma diferente. Ageltrude, Teodora y Marozia ponían papas, destituían papas.

Y eran amantes de papas.
Estas mujeres eran todo lo contrario a las de 50 Sombras de Grey, porque ellas eran las activas. Ana, de 50 Sombras de Grey, es totalmente pasiva, entregada, sumisa. Éstas eran rebeldes. Se los llevaban a la cama y encima los hacían papas o arzobispos.

Esos papas eran estrategas geopolíticos con la excusa de representar a Dios en la tierra. Ahora mismo, ¿considera que los santos padres son geopolíticos?
El paisaje es absolutamente diferente. Ahora, el Papa Francisco ha generado una gran esperanza. Pero, antes de este último cónclave, hemos visto Vatileaks [caso en el que Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI, fue arrestado por filtrar a los medios de comunicación documentos personales sobre duros enfrentamientos entre miembros de la Curia], muchos informes; los escándalos sexuales, la pedofilia; y la especulación, el blanqueo de dinero a través del IOR, el Instituto de Obras Religiosas que es el banco del Vaticano, que no estaba sometido a la normativa europea y que era como un paraíso fiscal. Siempre, en la lucha de poder, hay una serie de intrigas que parece que había en esa etapa. Eso sí, no es comparable, porque, en los tiempos de los que escribo en el libro, a los papas que no seguían las coordenadas del poder de estas señoras simplemente se les liquidaba; a través de cuchillos silenciosos, almohadas que asfixiaban o venenos.

¿La traición y el asesinato eran en aquellos momentos el sistema mismo, más que una lacra del sistema?
La violencia eliminatoria formaba parte del sistema. Había rituales de linchamiento.

En el libro describe el juicio al cadáver del Papa Formoso.
En la historia, se han dado hechos y episodios terribles, pero la barbarie singular y el odio y rencor en su grado máximo tuvo lugar cuando desenterraron al Papa Formoso, vistieron al cadáver, tras nueve meses enterrado, de los paramentos pontificales y lo sometieron a juicio. Después, lo desnudaron y le cortaron los dedos de la mano derecha, con los que había bendecido, y tiraron sus restos al Tíber. Creo que no hay un hecho más brutal ni tan terrible en la historia.

¿Ageltrude, Teodora y Marozia eran mujeres singulares?
Dominaba en aquella época la teoría paulina, de San Pablo, que decía que el hombre es la gloria de Dios, que la mujer es la gloria del hombre y que las mujeres en la Iglesia callen. Era la doctrina oficial. Estas tres mujeres eran singulares ya que, por circunstancias muy concretas y un carácter y un coraje tremendos, se apoderaron del poder y del papado. No sólo del papado, sino también del gobierno de Roma. Desde las alcobas, se dirigieron muchas veces países. Sin embargo, éstas no los dirigían desde las alcobas. Se los llevaban a las alcobas para poner al frente a aquellos que querían que dirigieran el papado. Uno de los personajes principales es el Papa Sergio III porque amó físicamente a las tres mujeres.

¿Uno de los desafíos del Papa Francisco es la incorporación de la mujer a la Curia?
Pudiera ser. Tiene que dar pasos en ese sentido. La marginación de la mujer por maldición bíblica ya no se sostiene. Hoy, la mujer, que forma la mitad de la humanidad, no puede estar marginada de una institución como la Iglesia si ésta quiere sobrevivir y fortalecerse.

¿Le dejarán llevar a cabo reformas?
No lo sé. Responder a esto es muy de adivinación, pero él tratará de hacerlas. Uno de los grandes cambios será el descentralizar el poder; que el poder ya no esté sólo en la Curia romana sino que pase a la periferia, a áreas como Sudamérica, África o Asia; que no se gobierne sólo desde el epicentro de Roma, cayendo el poder como una plomada sobre el resto del mundo. El poder estará repartido, aunque coordinado en cierta manera desde Roma. Eso tendrá que hacerse a través de un sínodo o de un concilio.

¿Es un aspecto positivo el que Francisco sea sudamericano?
Claro, porque las cosas se perciben de manera distinta dependiendo del sitio desde donde se vean. Una Iglesia en Roma vista desde Buenos Aires o desde Nairobi no es lo mismo que una Iglesia vista desde Roma o desde Milán. Él tiene una percepción distinta. Tiene detrás a los jesuitas. Seguramente, estos salgan con fuerza al escenario. En cambio, movimientos como los de los Legionarios de Cristo, con Marcial Maciel, un violador y todo lo que se quiera, o el Opus Dei perderán escenario. Incluso, órdenes antiguas, como los Franciscanos, saldrán. Es otro rostro de la Iglesia.

Si Francisco pone orden en Roma, ¿la estructura de poder de la Iglesia católica española también podría verse afectada?
En general, la Iglesia católica española es muy conservadora. Cualquier movimiento progresista le resultará perturbador.

¿La Curia tiene aún “complicados hilos”, como se describe en la novela?
Los caminos que llevan al poder dentro de la Curia vaticana son más sinuosos que los que llevan a la santidad.

¿Cree que Benedicto XVI intentó luchar contra los escándalos sexuales de la Iglesia?
A Benedicto XVI se le vio una voluntad de lucha contra la pedofilia, cosa que Juan Pablo II la obvió bastante. Puso a Maciel de ejemplo de la juventud cuando era un depredador sexual en todos los aspectos.

¿El poder de la Iglesia se apoya en la solidez de sus bienes, ya que la magnificencia del culto divino necesita los tesoros de este mundo pasajero para honrar adecuadamente al Dios Omnipotente?
El discurso del siglo X era que las riquezas eran para honrar a Dios. El Papa Formoso tenía uno cilicios de oro. Se los regalaron y dijo que los aceptaba porque “ya que utilizamos cálices de oro para ofrecer su sangre, los cilicios de oro están muy bien para ofrecer nuestro dolor”. Es la reflexión de la época.

¿Sin riqueza no existe la posibilidad de la caridad?
La vertiente de ser ricos es que podías ser caritativo con los pobres. Entonces, al ser caritativos con los pobres tenías más méritos para ganar el cielo. La caridad formaba parte en la simbología del siglo X del camino hacia el cielo. Ayudaba a llegar al paraíso, porque tú socorrías a los pobres. Automáticamente, venía el agradecimiento, por lo que la caridad en ese siglo era lo contrario a la justicia.

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