Crucifijos y laicismo

Laicidad y libertad de religión, tal parece, son dos posturas que no pueden convivir. Se ha vivido en México. La guerra cristera, en el siglo pasado, es uno de los claros ejemplos de cómo, la iglesia, no tan fácil renuncia a sus privilegios y a dejar la posibilidad de tener injerencia, influencia pues, en la conciencia de los padres de familia, en la sociedad en general.

La educación siempre es motivo de polémica. ¿Quién? ¿Cómo?, debe educar a nuestros hijos. El Estado es quien proporciona la educación gratuita; y es, también, el Estado quien determina el contenido de los cursos educativos. Es, por tanto, el Estado el que dirige el rumbo, el que establece, que es lo que nuestros hijos deben estudiar, aprender.

Una mujer española, liberal, cada vez que llevaba a su hijo a la escuela pública, veía como en la pared frontal, arriba del pizarrón estaba colocado un crucifijo. Se armo de valor y puso el grito en el cielo: demando, exigió, que el crucifijo sea retirado. Este hecho ha provocado, en toda España, que se polemice sobre la educación, la laicidad de la misma y el papel que la iglesia desempeña en el sistema educativo.

Laicidad y libertad de religión, tal parece, son dos posturas que no pueden convivir. Se ha vivido en México. La guerra cristera, en el siglo pasado, es uno de los claros ejemplos de cómo, la iglesia, no tan fácil renuncia a sus privilegios y a dejar la posibilidad de tener injerencia, influencia pues, en la conciencia de los padres de familia, en la sociedad en general.

En México hay escuelas donde, a sus alumnos, se les imparte hasta clases de religión; les ofrecen misa, preparan a los alumnos para que hagan su primera comunión. Son las escuelas, colegios y liceos que tienen, como propietarios, a grupos religiosos. En México, estos grupos, tienen hasta universidades, de tal suerte que su influencia alcanza, en cierta medida, a los núcleos de poder político.

La educación es gratuita, nacional, obligatoria y laica. Por ser de esta naturaleza, los problemas son diversos. Por ejemplo, se han dado casos en escuelas públicas que a niños que son “testigos de Jehová”, por hacer honores a la bandera, son castigados, suspendidos. Claro, a la larga, con la asistencia de los derechos humanos, todo se normaliza.

El estado imparte la educación, es su obligación. Solamente que, se entiende, no puede con el paquete; por eso, particulares tienen permiso para ofrecer niveles educativos; así es como encontramos que hay educación básica, media y superior ofrecida por colegios particulares. Educación que es cara. Y es decisión de los padres, llevar a sus hijos a escuelas públicas o privadas, entendiendo –aceptando pues-, que las privadas tienen relación con enseñanzas religiosas, tal es el caso, por ejemplo de El Colegio Antonio Repiso como de la Universidad Lasalle.

El laicismo en las escuelas públicas tiene su razón de ser: garantizar que se haga efectivo la libertad de cultos. Difícil que esa laicidad sea compartida por las escuelas privadas; y es el derecho de los padres de enviar, a sus hijos, a una u otra escuela. Nadie, en Victoria, desconoce que en determinadas escuelas privadas hay educación religiosa: las páginas de los periódicos publican, en determinadas épocas, imágenes del Señor Obispo impartiendo misa o dando la “confirmación”. Lo evidente no se puede negar.

El laicismo en México es el resultado de una experiencia. La iglesia domino, no solo a México, a gran parte del mundo, estableciendo dogmas educativos que fueron derribados gradualmente por la ciencia y la técnica. Y fue, la iglesia, quien en México se convirtió en poderosa desde que llego con la conquista: se hizo dueña de riquezas, de la conciencia de las gentes, fue parte de la explotación, de ahí que Benito Juárez y la generación de la reforma decretaran la separación del Estado y la Iglesia.

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