Crucifijos y belenes

Una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de Estrasburgo, a requerimiento de un ciudadano italiano, falló a favor de la retirada de los crucifijos en los centros escolares, porque: “el crucifijo en la escuela pública supone una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos, según sus convicciones y de la libertad de religión de los alumnos”. Esta disposición del Tribunal de Estrasburgo, viene a recordar que en España el mandato de aconfesionalidad que emana de la Constitución sigue sin cumplirse, alegando a la tradición, pero también a un temor a la reacción de la Iglesia y de su brazo político, como se ha puesto de manifiesto recientemente.

Las críticas a la propuesta no de ley, para la aceptación de la sentencia de Estrasburgo en España , no se han hecho esperar y para ello se invoca a la tradición y a los valores que se han conseguido en nombre de la cruz, obviando, como es lógico, la opresión que se ha hecho en nombre de esa misma cruz.

La presencia de un crucifijo en un espacio público no transforma comportamientos y dentro de un aula, esos valores de respeto, trabajo, sacrificio, ayuda y colaboración, no se consiguen por el hecho de que la estancia sea presidida, por dicho símbolo colgado en la pared. Si fuese así estaríamos ante algo más que un milagro y las conversiones serían masivas. Para conseguir esos valores, además de la ayuda divina, hace falta mucho trabajo y esfuerzo y ni así se logra en la mayoría de los casos.

Esa tradición a la que se alude, el sí porque sí, ya queda muy lejana. Ya no todos los alumnos, ni los profesores, son cristianos y en las aulas se reúnen diferentes credos, e incluso ateos. Hace años cuando se realizaba un examen, los pupitres se llenaban de estampas religiosas, posiblemente fuesen efectivas, al menos el fracaso escolar era inferior. Hoy eso ha desaparecido por completo y si observamos las libretas de los alumnos, no hay ningún atisbo o referencia religiosa, en cambio veremos como están decoradas con escudos y figuras deportivas; con iconos del cine o la música; con modelos de anatomía envidiable y despojados de gran parte de la vestimenta y con pegatinas de dudoso gusto. Símbolos e imágenes que van siendo sustituidos a medida que los alumnos avanzan en edad; los modelos pierden su silueta escultural y las figuras deportivas van siendo desplazadas por otras. Lo mismo sucede con sus adornos personales y tatuajes, en donde es raro encontrar motivos religiosos. Esta es la realidad. La realidad de la inmediatez, no la tradición a la que nos quieren retrotraer. Cada vez hay menos fieles rezando, pero más obispos protestando.

Y en esto llegó la Navidad. Estas fechas, que ya no las marca el calendario cristiano, sino los anuncios comerciales, en especial los de un gran almacén, parece que este año la crisis las ha retrasado. Da igual, en muchos centros escolares ya se anuncian desde primeros de diciembre con la instalación de belenes, que se multiplican por aulas, pasillos, patios y dependencias comunes. El belén en el aula, a juicio de quien lo pone, y a mejor argumento, también representa la tradición y desde luego motiva a los alumnos, sobre todo a que vivan el ambiente festivo y aparquen sus tareas en pro de la tradición.

Si quieres profundizar un poco y preguntas por los valores que transmite un belén en el aula, descubrirás que son infinitos. Te dirán que potencian la expresión plástica y las manualidades; la expresión musical; la historia y la tradición; las matemáticas, el idioma, la expresión oral, la electromecánica y mucho más. Y es cierto, pues la expresión plástica y manualidades se observa cómo se ha trabajado al ver figuras desfiguradas o con nombretes asignados y añadidos postizos en partes señaladas. En el área musical, se potencia la creación y espontaneidad, de manera continuada, con letras adaptadas que tienen como objetivo la diversión a costa de otros. Las matemáticas se fomentan, sobre todo en la operación de la sustracción, ya que se aprende a restar, entre lo que había y lo que va quedando. El idioma extranjero se fomenta al leer las etiquetas de fabricación de las figuras, made in China, Korea, o Taiwán, que además interrelaciona con la geografía.

El mayor mérito de un belén de aula está en el plano deportivo. Las bolitas rojas y plateadas que adornan las aulas, dan un juego tremendo, ya que tanto se emplean para lanzamientos como para diversos deportes: tiro, lanzamientos, tenis, ping-pong, basket o fútbol y otros de invención sobre la marcha. Claro que para practicar estos deportes, utilizan las cabezas como dianas y el mismo aula como cancha deportiva y cuando hay hasta varios partidos, la cancha de juego se amplia a los pasillos, Si el belén se adorna con plantas o se acompaña con árbol de navidad, pues se interrelaciona con la naturaleza y así se podría buscar aplicación hasta el infinito, desde luego se cuenta con la inestimable colaboración e inventiva de los alumnos para encontrar aplicaciones variadas y sobre todo divertidas, sino no tiene mérito.

Como se podrá deducir, el belén es un recurso didáctico de alto rendimiento. Si no puedes atender o controlar todas las actividades que los alumnos realizan a partir de la instalación del belén y apoyándose en sus recursos, no te quejes, pues entonces serás calificado de intransigente, inadaptado e incluso de amargado que no entiende el espíritu que transmite el belén, y posiblemente de hereje por no respetar tan importante tradición, aunque te intentarán convencer que no se trata de simbolismo religioso.

Crucifijos y belenes, recuerdan la antigua tradición de fumar. Cuando no existía legislación sobre el caso se tenía que soportar a los fumadores y al humo que provocaban. La ley no prohíbe fumar, pero establece unas normas que han desembocado en una convivencia y aceptación El laicismo se trata de eso, de una convivencia, aunque los defensores de la tradición y la cruzada no lo comprendan y sigan proclamando: o lo nuestro o la excomunión.

Jesús Emiliano Rodríguez Calleja es profesor.

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