Cristianos de base consideran escandalosa la opulencia de los viajes del Papa

La federación de asociaciones de cristianos de base Redes Cristianas ha calificado de "escandalosa" la "opulencia" de los viajes del Papa y ha criticado la "teatralidad" del "modelo de viaje que inauguró Juan Pablo II y que se ha perpetuado hasta nuestros días".

"Nos escandaliza que el Papa necesite aviones privados, calles cortadas y tanta seguridad", ha señalado el teólogo Jaume Botey, durante la presentación de la Carta Abierta a Benedicto XVI que han consensuado las asociaciones españolas que forman parte de Redes Cristianas.

La Carta, que han hecho llegar al Papa y al Arzobispado de Barcelona, pide que la visita del Santo Padre sirva para que la jerarquía de la Iglesia reconozca "los derechos históricos" de Cataluña y Galicia.

"La Conferencia Episcopal Catalana es una vieja reivindicación nunca escuchada por la Jerarquía", ha añadido la Sefa Amell, miembro de la Junta Directiva de Cristianismo en el Siglo XXI, que agrupa a las asociaciones catalanas de Redes Cristianas.

El documento que han presentado hoy también hace referencia al gasto que supondrá la visita y pide al Santo Padre que "en estos momentos de crisis" se mantenga "dentro de unos límites de austeridad económica".

"El Papa debería aprovechar el peso popular que tiene para dar ánimos a los que sufren y no para encontrarse con banqueros y poderosos", ha añadido Botey, que considera que estos viajes "mediáticos" que realiza Benedicto XVI "no son evangélicos".

"El tipo de viajes que inauguró Juan Pablo II llena los estadios y vacía las iglesias", ha asegurado el jurista Josep Maria Guasch, que cree que "el Papa debería colocarse humildemente en su lugar".

"No puede avasallar a la sociedad civil dictaminando criterios para todos cuando el Papa sólo es el representante de una de las muchas religiones que existen", según Botey.

La Carta Abierta a Benedicto XVI también solicita respeto al pluralismo religioso, laicidad real del Estado, respeto a todas las religiones y democratización interna de la Iglesia.

"No nos sentimos representados por una jerarquía eclesiástica que no deja oír la voz de las comunidades de base", ha concluido Amell.

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