¿Cree, Sr. Ratzinger, que Jesús hubiera sido amigo de Mussolini, Hitler y Franco?

En los años treinta del siglo pasado, según dijo Benedicto XVI el sábado día 6, durante su vuelo Roma-Santiago de Compostela, los españoles vivían inmersos en “una laicidad, un anticlericalismo y un secularismo fuerte y agresivo”. Algo muy similar -advirtió el Sumo Pontífice- vendría ocurriendo actualmente en nuestro país.

Ello sin embargo no nos debería ni sorprender ni escandalizar. La agresividad de los medios de comunicación confesionales –que son propiedad de la jerarquía católica- resulta abrumadora desde hace una pila de años y ataca sin miramiento a los gobernantes socialistas, a los progresistas y a la izquierda en general.

¿Exquisito intelectual?
Aunque ayer el portavoz del Papa, el jesuita Federico Lombardi, intentara quitarle hierro a las palabras de Ratzinger, nadie podría creerse que se le calentó la boca de pronto. Y menos, como subrayan siempre sus apologistas, siendo Benedicto XVI un exquisito intelectual, lo que a veces oyéndole –recordemos lo que afirmó, por ejemplo, sobre los condones y África- parece más bien una burda exageración. En todo caso, entre los palmeros del Papa se encuentra en primera línea Francisco Vázquez, embajador de España ante el Vaticano.

El embajador Vázquez
“Nada turba el viaje de Papa”, sentenciaba el otro día -altamente satisfecho- este peculiar socialista y, a la par, integrista católico. ¿Qué le parece ahora a usted, Sr. Vázquez, lo que se permitió Ratzinger lanzar a los cuatro vientos? O sea, menudo patinazo el de Vázquez señalando que las relaciones entre la cúpula de la Iglesia católica y el Gobierno Zapatero “son magníficas”. ¿Es magnífica, señor embajador, la frasecita de marras de quien se nos presenta como el representante de Dios en la tierra?

El Santo Oficio
Durante casi un par de décadas, Ratzinger fue el jefe máximo de los inquisidores que trabajan para la Congregación de la Doctrina de la Fe o Congregación del Santo Oficio. En los archivos debe constar probablemente cómo se posicionó la Iglesia en aquellos años treinta con el advenimiento en España de la II República, el golpe militar del general Franco y sus secuaces, la guerra civil y la instauración de un régimen impregnado de nacionalcatolicismo.

Pactos de Letrán
¿Cómo cancerbero de la doctrina oficial católica le pareció a usted, señor Ratzinger, adecuado que en 1929 Pío IX firmara los pactos de Letrán, o Concordato, con el presidente del Gobierno italiano de la época, Benito Mussolini? Esos acuerdos convirtieron el Vaticano en un Estado y al Estado fascista italiano en garante de que la Iglesia católica fuera la Iglesia oficial. Pío XI, agradecido, ensalzó la figura de Mussolini y hasta pidió que los católicos lo respaldaran políticamente.

Cardenal Pacelli
En 1933, el entonces cardenal Pacelli –que luego fue Papa con el nombre de Pío XII- firmó un Concordato, denominado “imperial”- con Adolf Hitler. Pacelli manifestó que estaba muy contento que Hitler, que fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Pío XI, gobernara Alemania, “porque era un hombre que se oponía rotundamente al comunismo”. Tres años después, Hitler y Mussolini fueron aliados de Franco en el golpe de Estado y durante la guerra civil.

Postrado ante Su Santidad
Otros firmes aliados de Franco fueron todos los jerarcas –apenas sin fisuras, salvo dos cardenales- de la Iglesia católica española y, por supuesto, con el visto bueno, más o menos implícito o explícito, de Pío XI y de Pío XII. Pidió también Franco un Concordato. Se lo concedio Pío XII el año 1953. La carta que envió el dictador terminaba así: “Seguro de su comprensión y benevolencia, postrado ante Su Santidad, besa humildemente vuestra sandalia el más sumiso de vuestros hijos”.

Pactos ominosos
Todas estas cosas sucedieron en los años treinta, en España y en años posteriores hasta 1977-78. Usted, Benedicto XVI condena el laicismo “agresivo” que sufría España. Usted condena el laicismo, que es sinónimo de libertad, sin que ello suponga -por lo que nos alegramos- la desaparición de la religión católica y de ninguna otra, pero silencia los pactos ominosos de la Iglesia católica con tres asesinos totalitarios y, naturalmente, muy agresivos.

“Por la gracia de Dios”
Uno de ellos era “Caudillo de España por la gracia de Dios” y ustedes lo paseaban en los templos bajo palio. ¿No le cae la cara de vergüenza, Joseph Ratzinger venir a España a recriminarnos la laicidad, mientras que usted es el único jefe de Estado en Europa no elegido democráticamente? ¿Cuándo la Iglesia pedirá perdón por sus graves escarceos con Mussolini, Hitler y Franco? ¿Usted cree que Jesus de Nazaret hubiera sido amigo de esos tres genocidas?

Enric Sopena es director de El Plural

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