«Credo» en un Estado de Derecho

COMENTARIO: La solución para estos atropellos que se cometen (como se denuncia en este caso: enseñar el "credo católico" a musulmanes; dejar a los alumnos no matriculados en el aula por "olvido"…)  no está en segregar más a los escolares en función de las creencias de sus padres o propias, sino en sacar de la escuelas las religiones, todas las enseñanzas confesionales. Conocerán lo religioso como fenómeno social, histórico, cultural, artístico… en el áarea correspondiente, pero la catequesis será asunto de la mezquita, la sinagoga, la parroquia… La escuela ha de ser laica para enseñar a todas y todos lo común. Aprenderán a convivir como personas y ciudadanos iguales. Las creencias serán asunto de cada cual y no segregarán.


Me cuenta un amigo que acaba de mudarse a Madrid que, al ir a matricular a su hija en un colegio público y ver la opción de escoger que cursase “religión islámica” se le abrieron los ojos como platos de sorpresa y alegría. Poco le duró, eso sí, pues pronto le dijeron que no había esa posibilidad. Al preguntar por la razón, le comunicaron que era el primer padre musulmán que lo solicitaba (¡?).

Dado que se trata de un municipio en el que reside una numerosa comunidad musulmana, principalmente de origen magrebí, resulta inesperado e, incluso, decepcionante que dicho centro, en el que estudian más de diez musulmanes, no haya recibido ese número, que es el mínimo de peticiones que marca el acuerdo firmado entre el Estado Español y la Comisión Islámica de España (CIE) en 1992. De ser así, se trataría de una negligencia grave por parte de los musulmanes de la localidad pues debe tenerse en cuenta que la educación de los hijos en el islam es lo que se denomina en la terminología de las Ciencias Islámicas como “fard ‘ain”, es decir, “obligación individual”, con lo queda claro que falta a su deber como padre quien, teniendo la posibilidad de ello, renuncia a que se le enseñe el islam a los hijos a su cargo. Y se tiene la posibilidad, en la medida en que lo permite, no solo el acuerdo del 92, sino un acuerdo del Consejo de Ministros del año 1996 publicado en el B.O.E. cuyo enlace les adjunto al final de este artículo.

Pero lo más grave  de esta dejación son las causas a las que obedece. La principal de ellas, es la alienación a la que se someten a sí mismos, sin percibirlo, muchos de los musulmanes de España. La mayoría de ellos, continúan, tras dos o tres décadas en nuestro país e, incluso en algunos casos, tras haber nacido y haberse criado aquí, pensando que están “de paso”. Sí, que vinieron desde su país de origen por causas meramente económicas y que, tarde o temprano, regresarán y, por lo tanto, los asuntos de éste su –nuestro- país les son ajenos; que el islam es algo propio de su país matriz, y que al estar en España no pueden estudiarlo ni enseñarlo a sus hijos, pues es cosa ajena a esta sociedad; creyendo que sus vástagos podrán adquirirlo, como si por ósmosis fuera, durante el escaso mes de vacaciones que pasan en el país de sus progenitores. Unas premisas nada positivas, qué duda cabe, si de lo que se trata es de integrarse y de mostrar el islam a una sociedad de acogida no musulmana, obligación ésta de todo musulmán. No es de recibo que exija que se le trate como a uno más aquél que, en sí mismo, no se siente ni se quiere sentir uno más, una parte integrante y activa de la sociedad en la que vive.

De todas formas, solo en Andalucía, Aragón y Ceuta y Melilla (éstas últimas por razones obvias) se está ahora mismo impartiendo la asignatura de religión islámica a quienes lo solicitan, de forma que, aunque mi amigo hubiera sido el décimo –o el milésimo- padre en solicitarlo al colegio de su hija, la Comunidad de Madrid no le hubiera permitido ejercer  su derecho constitucional a educar  sus hijos. Y esto, en un país que se considera un estado de derecho, es de lamentar. Según calcula la CIE, solo el 10% de los alumnos que lo solicitan consiguen recibir clases de religión en igualdad de condiciones con sus compatriotas católicos. Otra cuestión, claro está, es la falta de unificación de criterios entre Comunidades Autónomas, lo que afecta decisivamente al tema aquí tratado puesto que las competencias en educación se encuentran en la actualidad transferidas a los gobiernos autonómicos. Pero ese tema excede los objetivos del presente artículo.

Sin embargo, la odisea de mi amigo no terminó en esto. Ante la imposibilidad de matricular a su hija en clases de religión islámica, optó por la asignatura denominada “alternativa”, que implica que los alumnos –musulmanes, evangélicos o, simplemente, procedentes de familias católicas no practicantes- salgan de la clase de religión para estudiar o practicar otras actividades durante ese periodo de tiempo.  Cuál no fue la sorpresa de mi camarada cuando, a la semana siguiente, su hija llegó a casa con unos apuntes de religión, entre los que destacaba la oración conocida como “El Credo”, que resume las bases principales de las creencias católicas. Cuando se dispuso a investigar la razón, en el colegio lo consideraron un error de la profesora, quien “olvidó” sacar de clase a los alumnos cuyos tutores habían escogido que no estudiaran religión.

No deja de ser una mera anécdota, pero ilustra bien a las claras el escaso interés que existe en nuestra sociedad –y en nuestra administración- por respetar la libertad religiosa inherente a toda democracia que se precie.

Pero que nadie se confunda. Los principales perjudicados por todo esto no son los musulmanes, sino la propia sociedad de acogida. En una época en la que la ignorancia del islam, el progresivo deterioro de eso que se conoce como “cultura islámica” ha llevado a demasiados musulmanes a tomar por islam a cosas que no lo son. Charlatanes, telepredicadores incendiarios de tres al cuarto, grupos que enarbolan soflamas impregnadas de una fraseología aparentemente islámica pero llenas de odio y extremismo, webmasters que publican sus mezquinas opiniones personales desde la más supina ignorancia… Todos ellos son escuchados, seguidos, leídos por ignorantes bienintencionados debido a la ausencia de una enseñanza seria del islam, el de verdad, el islam que desde hace más de catorce siglos lleva paz y estabilidad a millones de seres humanos.

Sigamos enseñando el credo a los musulmanes…

clase religión islámica

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