Conversas y rechazadas

Los familiares y amigos de las mujeres que deciden abrazar el islam en Catalunya no entienden ese paso La madre de una de estas chicas no quiere ir con ella por la calle cuando lleva el velo

Ser musulmana implica rezar cinco veces al día, cubrirse con un velo y vivir por y para Alá. Ser, además, catalana, conlleva adaptar todo eso a la vida occidental, someterse a miradas escépticas y, frecuentemente, dañar las relaciones con familiares y amigos.
"Mi madre me dice que no quiere que vaya con ella por la calle cuando lleve el velo, que le da vergüenza", explica Maryam. "Eso me duele", confiesa. Tiene 16 años y hace uno y medio que se convirtió al islam. En el instituto conoció a varias chicas marroquís y un día, a la hora del patio, le explicaron en qué consiste el Ramadán: "Vi que no desayunaban y les pregunté porqué lo hacían. Por Dios, respondieron. Entonces pensé que ellas hacían cosas por Dios y yo no hacía nada".
A raíz de ese momento, Maryam empezó a leer páginas web sobre el islam y, si tenía dudas, sus amigas la ayudaban a entenderlo mejor. "Al final decidí que quería ser musulmana. Una amiga marroquí me acompañó a una mezquita y me convertí", recuerda.

Estupefacción
Elena, de 26 años, tiene una amiga de la infancia que hace menos de un año se convirtió al islam. "¿La primera impresión que tuve? Estupefacción. Al principio me sentí algo triste, aunque creo que la tristeza no me vino tanto por la conversión en sí, sino por las consecuencias que conllevaba. Antes íbamos siempre a la playa y hacíamos topless, ella fue la primera en hacerse tatuajes… Me costó mucho encajar una explicación coherente a tantos cambios", dice.
En Catalunya son cada vez más las mujeres que deciden abrazar el islam por voluntad propia, tendencia que se repite en España, donde se calcula que hay unos 20.000 conversos entre hombres y mujeres, como se indicaba en el reportaje Catalanas de Alá, publicado el pasado día 14 en el Cuaderno del Domingo. Pero, a pesar de las cifras, a las personas que rodean a estas mujeres les cuesta aceptar el cambio. "Hay gente que, a pesar de ser muy inteligente, tiene el islam en una caja fuerte, hermética, sin aceptarlo ni entenderlo", sostiene Lidia, peruana afincada en Catalunya desde hace más de un año.
Ella se convirtió al islam en Barcelona, en febrero del 2006, después de que su marido, un francés también converso, le descubriera esta religión. "Mis padres me dijeron: ¿Qué te ha pasado? ¿Te has vuelto loca? Se pensaban que lo hacía por amor, pero si te conviertes por un hombre, no podrías aguantar ni un año. Ni la mejor actriz podría mentir tanto tiempo".
A la madre de Laura, una joven barcelonesa de 26 años que se hizo musulmana hace cuatro meses, la conversión de su hija y, además, que fuese cubierta con el hiyab, la desconcertó. "Inicialmente no me gustó, sobre todo verla con el pañuelo. Era como si me hubieran cambiado a mi hija de un día para otro. No es que lo rechazara, es que me dejó descolocada completamente. Laura es europea y me parece muy extraño que vaya tan tapada", defiende la madre.

Musulmana en secreto
Durante los primeros meses, Maryam guardó en secreto su conversión. Temía la reacción de sus padres, solo tenía 15 años. "Ahora mis padres me respetan, me dejan que practique mi religión, pero no les hace ninguna gracia. En un primer momento me dijeron que el velo me lo pusiera más adelante. Pero, cuando tienes mucha fe, quieres taparte porque sabes que es por tu bien. Un día llegué a casa y les avisé de que tenía que ponerme el pañuelo porque sino me iba a morir de dolor. Me vieron con tantas ganas que me dejaron", rememora.
A Elena, el hecho de que su amiga no salga a la calle sin el hiyab es lo que más le ha impactado. "Puede que forme parte de la libertad individual, algo que todavía no asimilo. Pero socialmente considero que es un retroceso para la mujer occidental. No entiendo una libertad con normas diferentes que dependan del sexo del individuo. No obstante, si ella está bien, adelante", afirma.

Discriminación
Según un estudio del Centro Europeo sobre Racismo y Xenofobia, los musulmanes europeos se enfrentan a una fuerte discriminación. El 58% de los españoles considera que islam y modernidad no son compatibles, cifra que aumenta hasta el 70% en Alemania, donde las conversiones al islam ha aumentado considerablemente en los últimos años. Además, el informe certifica que para un 37% de la población española los musulmanes están mal vistos.
"En general, las familias lo reciben con sorpresa y con cierto rechazo porque lo desconocido siempre provoca temor. A menudo, las conversiones de chicas tienen como origen una pareja musulmana, lo que contribuye al rechazo", dice Dolors Bramon, profesora de estudios árabes islámicos en la Universitat de Barcelona, que pronto publicará Islams en femenino: ser mujer y musulmana.
Además de haber empeorado la relación con sus padres, Maryam fue discriminada por algunos compañeros en el instituto: "Me advertían de que no podía ser musulmana porque era española. Pero yo les contestaba que la religión es de todos". Elena asegura que su amistad con Clara ha pasado a una nueva etapa. La madre de Laura ha aceptado la conversión de su hija, pero todavía sigue sorprendiéndole: "Lo que no entiendo es que tenga que llevar el pañuelo. Pero no la rechazaré se ponga lo que se ponga o haga lo que haga, porque es mi hija. Si ha escogido ese camino y es feliz, adelante".

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