Consta en acta el laicismo del PP

VIVÍ la jornada electoral del 20-N, como interventoradel PSOE, en el Colegio Noviciado Cristo Rey del Albaicín y pude comprobar que perviven aquí aún los peores usos del caciquismo, siglo antepasado: desde el esposo macho que ostensiblemente alardea de votarle a su empingorotada cónyuge; pasando por el patriarca familiar que llega al colegio fardando de sus once sometidas (mujer, hijas y demás) a quienes ensobra y dispone su voto; hasta la abuela alcahueta de barrio, supliendo voluntariosa la precariedad sensorial del aturdido anciano y encarándose, si llega el caso, a la interventora; un increíble anacronismo democrático ante el que sugiero vigilar la limpieza democrática a pie de vecindad, no lo cifremos todo en la ultramoderna cibernética, junto a la necesaria Tercera Modernización Tecnológica de Andalucía pongámonos simultáneamente a extirpar este nuevo mangoneo electoral que anda creciendo sobre el terreno; también llamó la atención la avasalladora presencia del PP en el recinto electoral porque, resultando exagerada e intimidatoria, visualizaba su tendencia encaminándose al "partido único". Además el PP, unía a este exceso presencial la osadía del nombramiento de Cristina Almagro como apoderada: Se trata de la misma persona condenada, meses atrás, por falsificación documental y obligada a dimitir de concejala del PP, diez días después de haber sido elegida en las últimas municipales. Su fraude en la asociación de vecinos del Albaicín, quedó probado y sentenciado con condena, pero ¡allí estaba como apoderada del PP pretendiendo darnos una y otra vez lecciones de democracia!

Pues bien, al frente del recinto donde se emplazaban las dos mesas electorales presidían en la pared una gran fotografía de la Virgen con otra del Niño Jesús, y sucedió que en un determinado momento se acercó a nuestra mesa una joven para decirnos que quería hacer una queja porque "en un país laico y democrático no debía de haber símbolos religiosos en los colegios electorales". Buscaba un inexistente formulario de la presidencia que recogiera su inquietud y rechazó mi ofrecimiento por llevar los papeles una insignia de partido, aceptando finalmente la entusiasta oferta de los interventores del PP, cuyo impreso de quejas y reclamaciones no llevaba anagrama alguno.

Una vez firmada y presentada la queja por el PP planteo pues, acto seguido, la conveniencia de ejecutar la propuesta (que ya en las pasadas elecciones, se había resuelto ocultando las fotografías religiosas con sábanas) pensando lógicamente que sería apoyada por quienes la presentaban. Pero mi perplejidad fue ver que la atención que había mostrado inicialmente el PP hacia la ciudadana se había evaporado, ausentada la joven. El PP se negó entonces en rotundo a llevar a efecto la propuesta suscrita, alegando que la madre superiora había advertido, muy de mañana, que de ocultar las imágenes religiosas, nada de nada; y que se trataba únicamente de recoger la queja sin necesidad de entrar en ella: "Nosotros sólo somos el cauce para que los ciudadanos puedan presentar la reclamación, pero no tenemos por qué compartir las propuestas, ni ejecutarlas, ni entrar en el fondo de la cuestión", zanjaron con rotudidad.

Desde luego la primera alegación, "no quería la madre superiora", resulta inapropiada tratándose del cumplimiento de la Constitución que a todos nos obligan. El artic.16, 3., señala: " Ninguna confesión tendrá carácter estatal". Nuestro Estado es aconfesional, probado sobradamente está en los países democráticos el acierto que supone la secularización o separación entre lo que son asuntos públicos que pertenecen a la esfera política y lo que son convicciones y creencias religiosas, libres, respetadas y pertenecientes a la esfera privada de cada persona. Las injerencias de las iglesias y comunidades religiosas en la vida pública y política de los Estados, no son de recibo, en particular cuando pretenden limitar los derechos y libertades. El Estado debe de garantizar los derechos y libertades de las personas y su libertad de creencias, el derecho a no tener religión o al cambio de religión.

En cuanto a la segunda alegación, por la que el PP se ofrece a recoger quejas de ciudadanos para no llevarlas a efecto, manifiesta claramente una burla a la representación ciudadana y debiéramos ponernos en guardia porque si nuestros representantes políticos no deben de defender lo que quieren sus representados y si sólo son un cauce para enterrar sus propuestas o suplantarlas por las propias, creo que estamos ante una gran deslealtad democrática fundamental. El político que entiende así su función, tan pronto como obtenga la confianza de los votos, los va a utilizar exclusivamente en provecho propio traicionando la voluntad popular confiada.

Y así fue en esa pasada jornada electoral del 20-N cómo los solícitos representantes del PP atendieron aparentemente a aquella ciudadana aunque en realidad lo que hicieron fue dejar su petición convertida en trámite: A a las 23.00 horas se adjuntó, consta en acta, aquel testimonio de aconfesionalidad electoral firmada por los interventores del PP.

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