Con el nuevo Consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía de presidente, el Colegio de Médicos de Córdoba nombró al Arcángel San Rafael Colegiado de Honor

Con motivo del nombramiento de Jesús Aguirre como nuevo consejero de Salud y Familias del gobierno andaluz, que hoy toma posesión, rescatamos una noticia recogida por El País el 12 de junio de 2002, cuando siendo presidente del Colegio de Médicos de Córdoba nombró al Arcángel San Rafael Colegiado de Honor. Un médico que además cuestiona la «sanidad universal y gratuita» para gestionar el servicio público sanitario en Andalucía.


Si el arcángel san Rafael es aficionado a las fiestas, las distinciones y los reconocimientos públicos, mañana tendrá un buen día; el Colegio de Médicos de Córdoba ha decidido nombrarle Colegiado de Honor. Así se premian ‘sus actuaciones en pro de la salud de los cordobeses’, que se remontan ‘a la noche de los tiempos’, y que incluyen, entre otras cosas, ‘el apoyo al colectivo médico en epidemias de fiebre amarilla, de cólera y de tifus’. El santo recibirá una medalla de oro, será el protagonista de un discurso-panegírico que glosará su benéfica labor sanitaria y asistirá a una misa oficiada por el obispo de la diócesis centroafricana de Bangassou. En la ceremonia participarán, según se indica en la invitación, ‘personalidades sanitarias, cofrades, políticas y sociales de Córdoba’.

‘Va a ser un acto muy bonito’, señala Jesús Aguirre, presidente del Colegio de Médicos. Aguirre, que encuentra todo esto perfectamente normal y razonable, no ve motivo alguno para la sorpresa. ‘Rafael significa Medicina de Dios’, explica. Viene del hebreo rapha, concretamente, que quiere decir ‘sanador’. ‘Y ya desde el siglo II antes de Cristo se manifestó el poder de curación del arcángel, cuando hizo posible que el joven Tobías sanase la ceguera de su padre utilizando la bilis del pez’.

‘Desde el siglo XIII’, recuerda el presidente del colegio, ‘siempre se le ha invocado, siempre ha estado muy presente en Córdoba. De hecho, el embrión del Colegio de Médicos está en la Hermandad de los Santos Médicos San Cosme y San Damián, que funcionó desde 1630 hasta 1945, y que tuvo su sede en la iglesia del Custodio. Y también llevó el nombre de San Rafael el primer antecedente de las actuales compañías de seguros, en el siglo XIX, una hermandad de médicos que atendía a los enfermos por 50 céntimos’. ¿Por qué abundan tanto en la ciudad las imágenes del Arcángel?, se pregunta Aguirre. Y se contesta acto seguido: ‘Se alzaban como homenaje al santo, porque ayudaba a los vecinos en caso de epidemia’.

Jesús Aguirre no halla contradicción entre estos planteamientos, prácticamente mágicos, y la práctica de la medicina moderna. ‘¿Por qué el médico tiene que acogerse sólo a lo científico y rehuir lo esotérico? Hasta el siglo XIX la medicina era empírica, se basaba en la experiencia. Quizás ahora nos encontremos en un punto demasiado científico’. Y concluye: ‘Esto es algo pintoresco, que no debe mirarse sólo desde el punto de vista material’.

Muchos doctores de la ciudad (todos colegiados, todos partidarios de mantenerse en el anonimato) manifiestan opiniones diferentes. Les parece una idea cuando menos exótica, ‘poco acorde con el espíritu científico que corresponde a un Colegio de Médicos’. Uno de ellos se cuestionaba, inquieto: ‘¿Pero vamos a volver a invocar a los dioses?’. Otro, pensando en términos más prácticos, decía: ‘Sólo espero que no le hagan pagar al Arcángel las cuotas atrasadas’.

MEDICINA Y MAGIA

Los propósitos que subyacen a este peculiar nombramiento, como explica Jesús Aguirre, presidente del Colegio de Médicos de Córdoba desde hace algo más de un año, pueden resumirse en dos. El primero, ‘unir la medicina de Dios y la de los hombres en beneficio de la salud de los cordobeses’. El segundo, ‘abrirnos a la sociedad de Córdoba, algo que está recogido dentro de la política del Colegio’, recalca Aguirre. ‘Y no se puede olvidar que san Rafael es una referencia fundamental para esta ciudad’. Por cierto que la Ilustre Hermandad del Arcángel San Rafael Custodio de Córdoba acogerá entre los suyos, a partir de mañana, a los miembros de la Junta Directiva del Colegio de Médicos, en una curiosa sinergia cofrade-sanitaria. Quizás este fenómeno, el de la colegiación del santo, pueda comprenderse también como un reconocimiento de una lejana realidad histórica; como una mirada hacia lo que fue la dura tarea de los médicos medievales, que tenían que enfrentarse a males tan desconocidos como inexplicables, que carecían de medios materiales que les permitiesen enfrentarse con éxito a la mayoría de las dolencias y que vivían en un medio marcado por la creencia y la superstición a partes iguales. Una manera simbólica, en fin, de recuperar los orígenes de una profesión muy antigua. Pero hay que tener presente que la medicina entra en el territorio de lo científico-técnico desde tiempos muy remotos. Ya desde el siglo V antes de Cristo se documenta la existencia de la llamada Medicina Hipocrática, que significa un giro de muchos grados en el concepto y en la práctica de la profesión, porque se pasa de entender la enfermedad como algo sobrenatural, regido por fuerzas incontrolables de origen divino, a observarla como algo comprensible, que puede estudiarse y que gobiernan las leyes de la razón. Esto significa que los dioses dejan de ser los protagonistas de la vida de las gentes, y que ya no son los que deciden quién debe ser castigado con el dolor o la muerte; por tanto, el diagnóstico y el pronóstico dejan de verificarse a través de prácticas mágicas y pasan a ser destrezas aprendidas a fuerza de experiencia y de intercambios de información. Y los agentes básicos de la curación ya no son sacerdotes ni hechiceros, elegidos por su especial capacidad de comunicación con la divinidad, sino médicos que saben qué hacer, cómo hacerlo y por qué hacerlo.

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