Comunidades integradas

EL VELO de una alumna, de familia de inmigrantes, en Arteixo volverá a ser noticia esta semana. Las posiciones para la polémica se apoyan en la diversidad. La sospecha desde fuera es que el fuego está atizado por las posiciones de partido. Quiere decirse que el reparto en las posiciones encontradas se establece bajo el simplismo de las siglas políticas: por confrontación partidista. Podría concluirse aquí que el reparto de papeles está a la inversa de lo esperado. La laicidad es la bandera para la derecha y el derecho a la expresión pública de la religión argumento de los progresistas. Éstas son las consecuencias, para unos y otros, de las simplezas de confrontar permanentemente en base a siglas de partido, en lugar de debate sobre las ideas sin posiciones preestablecidas por la militancia o la simpatía de partido. Previo al debate de velo sí o velo no en un colegio público, está el de la acogida de la inmigración en un país: la apuesta por su adaptación e integración en los valores y los usos de la sociedad a la que llegan, o el llamado respeto a la pluralidad, que implica que los inmigrantes se incorporen a un nuevo país y permanezcan como grupo independiente con los valores y los comportamientos de sus países de origen. En definitiva, continuar viviendo como extranjeros en otro país, tal como ha denunciado reiteradamente Jean Daniel para el caso de Francia. Los barrios de la periferia parisina son un buen ejemplo de esta política y de sus peligrosas
consecuencias. Como lo pueden ser las segundas y terceras generaciones de los inmigrantes turcos en Alemania. Continúan como extranjeros para ellos mismos y para los demás conciudadanos.¿Qué política de acogida de la inmigración en España hay en la superficie del debate sobre el velo en la escuela pública? El respeto a la diversidad, dirán. Y el camino seguro a la marginación o aislamiento dentro de la sociedad a la que se ha llegado. Que se ha buscado como mejor futuro.

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